Padre José Martínez Colín

Magnifica Humanitas (4) | La dignidad de la persona

1) Para saber

“La dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos” (Aristóteles). En el capítulo dos de su Encíclica Magnifica humanitas, el Papa León XIV aborda los fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Señala como punto central el papel del hombre en toda la creación debido a su gran dignidad.

Pero al hablar de dignidad, afirma el Papa, no siempre se refiere a lo mismo: está la dignidad moral que es debida a las obras; está la dignidad social, que es el respeto que la sociedad reconoce… Estas pueden crecer o disminuir. Pero hay una más profunda, la dignidad ontológica que se refiere al ser de la persona y, por ello, de todo ser humano. Es debida por haber sido querida, creada y amada por Dios. Esta dignidad no disminuye ni se pierde: ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado al ser.

2) Para pensar

Un famoso expositor comenzó su conferencia en una sala ante unas 300 personas, enseñando un verdadero billete de 100 dólares y preguntando: “Voy a regalar este billete de 100 dólares, ¿quién de ustedes lo quiere ?” Inmediatamente todos levantaron la mano. Luego les dijo: “Antes, déjenme hacer esto…”. Entonces, él arrugó totalmente el billete y volvió a preguntar: “¿Quién lo quiere todavía?” Todas las manos se levantaron. El expositor continuó: “¿Y si hiciera esto?” Dejó caer el billete al piso y comenzó a pisarlo y a refregarlo. Después, tomó el billete, ya hecho un asco de pisado, sucio y arrugado: “¿Siguen queriéndolo aunque esté sucio”? Todas las manos, sin faltar una, volvieron a levantarse.

El expositor miró a la audiencia sonriendo y les dijo: “Tienen razón. No importa lo que yo haga con el billete, porque no pierde su valor. Ahora bien, esta situación suele pasarnos… Muchas veces, somos aplastados, pisoteados, se burlan de nosotros, y sentimos que no tenemos importancia, que no valemos nada. Pero no es verdad. Lo que nos hayan hecho o hayamos hecho nosotros no importa. Jamás perderemos nuestro valor. Estemos sucios o limpios, gordos o flacos, feos o guapos, ricos o pobres, altos o bajos, ¡nada de eso realmente importa!… El valor de nuestras vidas no se da por lo que aparentamos ser, sino ¡por lo que somos! Siempre podemos contar con el amor de Dios que nos espera.”

3) Para vivir

La dignidad profunda de cada persona se debe a su origen, que es Dios, y a su fin, que es entrar en comunión amorosa con Dios y con los demás en Él. Así pues, la dignidad humana no depende de las capacidades que se posee, o de las riquezas, o del rol que desempeña, ni de lo que haga o no haga, sino que es un don dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla, por eso constituimos una “magnífica humanidad”. La persona humana permanece siempre como «el camino primero y fundamental de la Iglesia», subrayó el Papa León.

La vocación de cada persona es entrar en comunión que es de amor, y por eso, afirma el Papa, la persona «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo». Entrega total que vemos realizada en Cristo, que así nos esclarece lo que hemos de ser cada uno: alguien entregado por amor.(articulosdog@gmail.com)

3 de julio de 2026

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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.

Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

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