S. ESTEBAN I (254-257) Era un noble romano, destinado a una de las siete diaconías. Fue obispo de Roma en una época tranquila del imperio de Valeriano. Pudo entonces, dedicarse a los problemas internos de la Iglesia.

 

La cuestión más espinosa era la de la preeminencia de la sede de Roma sobre todas las demás. Un argumento sobre el cual no tuvo vida fácil. De hecho tuvo desavenencias con Cipriano, obispo de Cartago, y con muchas otras Iglesias de África y de Asia, que no quisieron aceptar su decisión sobre el bautismo, que había que administrarlo a los herejes o disidentes que decidían volver al seno de la Iglesia. Cipriano sostenía que la herejía cancelaba el bautismo, que por lo tanto había que volver a administrarlo a quienes, después del error, volvían a la Iglesia. Sin embargo Esteban, acogiéndose a la tradición, afirmaba que no había necesidad de un nuevo bautismo: era suficiente imponer a los herejes una penitencia. La controversia se resolvió muchos años después, cuando tanto Esteban como Cipriano ya habían muerto. Prevaleció la voz de Roma.

 

En el año 257 Valeriano desató una gran persecución contra los cristianos acusándoles de querer robar bienes al estado. En el punto de mira estuvieron obispos, sacerdotes y diáconos. A muchos de ellos les mataron. Probablemente también Esteban fue sometido a martirio y fue enterrado en la cripta de los papas en S. Calixto. 

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