El Día de la Niñez deja una reflexión incómoda: ¿qué pasó con los sueños que teníamos en la infancia y en qué momento quedaron atrás?
Hoy, 30 de abril, en México celebramos el Día del Niño. Pero más allá de los dulces, los juegos o la nostalgia, hay una pregunta incómoda que pocos adultos nos hacemos: ¿Qué pasó con el niño que querías ser? Porque si algo teníamos claro en la infancia era esto: Íbamos a ser alguien extraordinario.
No dudábamos.
No negociábamos.
No pedíamos permiso.
Queríamos volar, salvar al mundo, hacer algo grande con nuestra vida. Nos identificábamos con personajes que tenían una misión, un propósito, una razón para existir. En nuestra imaginación no había límites. Había sentido.
¿En qué momento dejamos de creer? Con el paso del tiempo, la vida comenzó a enseñarnos otras reglas. Nos dijeron que había que ser realistas. Que no todo se puede. Que hay que asegurar, adaptarse, sobrevivir. Y poco a poco, sin darnos cuenta, cambiamos el sueño por la estabilidad. Dejamos de pensar en lo extraordinario… y empezamos a conformarnos con lo posible.
Pero lo más delicado no es que hayamos cambiado de planes. Lo más delicado es que dejamos de escucharnos. No querías poderes… querías propósito.
Cuando eras niño, no querías ser un superhéroe solo por sus habilidades. Querías ser como ellos porque tenían una misión.
Ayudar.
Proteger.
Hacer el bien.
En el fondo, no querías volar… querías que tu vida tuviera sentido. Y eso no cambia con la edad. Lo que cambia es que lo olvidamos. Al parecer hay un vacío que nadie sabe explicar. Muchos adultos hoy viven “bien”… pero no viven plenos.
Cumplen.
Resuelven.
Funcionan.
Pero sienten algo difícil de nombrar: un vacío. Ese vacío no viene de lo que falta afuera, viene de lo que se abandonó adentro. Como decía Viktor Frankl:
“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”
El problema es que muchos han dejado de tener ese “porqué”. Lo extraordinario no desapareció… se transformó. Ser adulto no significa renunciar a lo extraordinario. Significa redefinirlo. Hoy lo extraordinario no es salvar al mundo en una historia. Es sostener una familia cuando todo se complica. Es levantarte cuando nadie ve tu esfuerzo. Es hacer lo correcto, incluso cuando cuesta. Lo extraordinario ya no es visible… pero es más real que nunca.
Esto no es nostalgia. Es responsabilidad personal. Por eso te quiero compartircinco formas de reconectar con ese niño que soñaba en grande:
1. Recuerda lo que soñabas sin filtros
Hazte esta pregunta: ¿qué quería ser cuando nadie me decía que no? Escríbelo. Sin juicio. Ahí hay pistas de lo que aún vive en ti.
2. Identifica en qué momento dejaste de creer
Todos tuvimos un punto de quiebre. Una crítica. Un fracaso. Un miedo. Entenderlo no es para quedarte ahí, es para dejar de cargarlo sin conciencia.
3. Redefine lo extraordinario en tu etapa actual
No eres el mismo… pero tu esencia sigue ahí. ¿Cómo se ve hoy una vida con sentido para ti? Tal vez no es cambiar el mundo entero… pero sí transformar tu entorno.
4. Haz algo valiente todos los días
No necesitas grandes cambios. Solo pequeñas decisiones: Decir lo que piensas. Intentarlo otra vez. No rendirte tan rápido.
5. Deja de pedir permiso para vivir con propósito
El niño que soñabas ser no pedía aprobación. Actuaba. Y esa sigue siendo una de las claves más importantes: atreverte a ser quien eres.
Tal vez no te convertiste en el superhéroe que imaginabas. Pero eso no significa que no puedas vivir una vida extraordinaria. Porque lo extraordinario nunca fue el disfraz… fue la decisión de vivir con sentido. Hoy, en el Día del Niño, no solo se trata de celebrar a los más pequeños. Se trata de recordar que dentro de ti todavía vive alguien que creía que podía hacer algo grande. Y quizá… lo único que necesita es que vuelvas a creerle.
¡Cree en ti!
Soy Sergio Cazadero y te quiero compartir, cómo hacer para crecer.
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04/05/2026


Sergio Cazadero
Maestro en Comunicación Institucional por la Universidad Panamericana (UP), Master en Asesoramiento Educativo Familiar por la Universidad Complutense, España, Maestro en Ciencias de la Educación Familiar por el Instituto de Enlaces Educativos (IEE), y Licenciado en Educación Familiar por la misma institución. Cuenta con diversas certificaciones internacionales como el Método Gottman de Terapia de Pareja Nivel 1, en Disciplina Positiva por el PDA (Positive Discipline Association), en Coaching Ontológico para la gestión de talento por la Universidad Panamericana, y Experto en el uso de las TIC´s en la educación por la Universidad de Navarra, España.
Es socio fundador y director de “Educaf, Profesionales en Educación Familiar A.C” y “Destino Canadá, A.C” ambas dedicadas a impulsar programas educativos y brindar una formación integral y profesional a todos sus participantes. En el ámbito académico ha fungido como docente durante más de 30 años, impartiendo clases desde nivel básico hasta nivel maestría, además se ha desempeñado como Director de Comunicación Institucional y Relaciones Públicas en el sector privado por más de 10 años. Es conferencista a nivel nacional e internacional, miembro del claustro de expertos en distintas instituciones como el High Potential Development Center de la Universidad Panamericana, el Pontificio Instituto Juan Pablo II de la Universidad Anáhuac, entre otras. Es presidente del Comité Editorial Red Familia, columnista en El Heraldo de México y el portal Encuentra.com, así como especialista invitado en el programa de radio Excelencia Personal.
Actualmente se desempeña como consultor independiente y es creador del método “Cómo hacer para crecer” que ha impactado a más de 145,000 personas, tan solo en el año 2020. Esta felizmente casado desde hace 30 años, es padre de seis hijos y abuelo de tres nietos.
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