1) Para saber
“Ayúdense unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz” (León XIV). La finalidad de la humanidad es permanecer unida en Cristo, y para eso está la Iglesia.
Siendo la Iglesia una realidad profunda y rica en contenido, es preciso describirla considerando sus diversas dimensiones para comprenderla mejor. Ahora el Papa León XIV reflexionó sobre la Iglesia como Pueblo de Dios. Antes de Cristo, Dios eligió a un hombre, Abraham, para formar un pueblo y establecer con ellos una Alianza. Todo ello, dice el Concilio «sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo (LG, 9). Es Cristo el que reúne en sí mismo y de manera definitiva a este pueblo formando la Iglesia. Lo que une a sus miembros, no es una lengua, o una cultura, es la fe y adhesión en Jesucristo, animados por el Espíritu Santo. Como el Concilio la describe, la Iglesia es «una congregación de quienes, creyendo, ven en Jesús al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz» (LG, 9). Su vocación es la de ser luz para las naciones, como un faro que atrae a toda la humanidad a la unidad y a la paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos.
2) Para pensar
La llamada Revolución Cultural en China fue un movimiento entre 1966 y 1976 iniciado por Mao Zedong para preservar el comunismo. Hubo una persecución sistemática contra la Iglesia Católica: cárcel, trabajos forzados, tortura y martirio tanto del clero como de laicos. A todo católico se le acusaba de contrarrevolucionario. Algunos eran enterrados vivos. Las iglesias fueron destruidas o usadas como almacenes. Para 1967 casi no quedaba ninguna parroquia en todo China.
En esos años, un niño chino acudió al catecismo de la misión, ignorando que el sacerdote ya había sido detenido. Unos agentes comunistas le salieron al paso y le preguntaron a dónde iba. “A la catequesis”, les respondió. Ellos le dijeron: “Ya no hay catequesis”. El niño respondió: “Entonces voy a ver al sacerdote”. Y ellos: “Ya no hay sacerdote”. El niño no se dio por vencido: “Entonces voy a la Iglesia”. Los comunistas le refutaron: “Ya no hay Iglesia”. Y el niño chino muy seguro les respondió sabiamente: “Yo estoy bautizado… Yo soy la Iglesia”.
Aquel niño había aprendido bien la catequesis. Todo bautizado es parte del Pueblo de Dios, es Iglesia.
3) Para vivir
Más que cualquier tarea o función, lo que cuenta realmente en la Iglesia es estar injertados en Cristo, ser por gracia hijos de Dios, y así vivir como hermanos entre nosotros. Resulta ser un gran signo de esperanza, sobre todo en nuestros días con tantos conflictos y guerras, pues la ley que anima las relaciones en la Iglesia es el amor. Por ello la Iglesia está abierta a todos y es para todos; hay y debe haber sitio para todos: «Por lo cual, este pueblo, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios» (LG, 13). Al ser un amor universal, muestra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las diversas culturas y, al mismo tiempo, ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas (cf. LG, 13). (articulosdog@gmail.com)
15 de mayo de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

