Tiene sentido que las mujeres sean sumisas a sus esposos

¿Tiene sentido que las mujeres sean sumisas a sus esposos?

La carta de san Pablo a los Efesios, en donde se refiere a que las mujeres deben someterse a sus esposos, es una lectura difícil de entender en la actualidad

En la época de la igualdad entre hombres y mujeres, leer a san Pablo puede resultar anacrónico. ¿Cómo se puede interpretar la recomendación del Apóstol acerca de que las mujeres deban ser sumisas a sus esposos? Tal afirmación raya en el escándalo, sin embargo, no contiene ningún mensaje machista.

La correcta interpretación

Para comprender correctamente el sentido de la frase, debemos recurrir a la raíz latina de la palabra «sumisa», que proviene de submittere. Este término implica acciones como permitir que algo crezca, poner bajo, rebajar o someter.

Pero no se trata de una acción peyorativa. Por el contrario. Lo que san Pablo enseña viene desde el versículo 21:

«Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo» (Ef 5, 21).

Ojo: el apóstol le habla a todos, hombres y mujeres. Y luego continúa:

«Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido» (Ef 5, 24).

Mujeres: llévenlos al cielo

Ahora bien, el padre Rubén Darío García, sacerdote colombiano que tiene un canal de oración en YouTube explica que, al decir que las mujeres sean “sumisas” significa que la esposa se «ponga debajo» del esposo y lo lleve al cielo.

«Sumisa aquí no quiere decir subyugada, aplastada, vilipendiada. ¡No!, al contrario, hermanos, esa no es la palabra «sumisa» que aparece en la Escritura».

El sacerdote ahonda en el sentido de submissus -de ahí viene la palabra Misa, es decir «enviados»-, así, la mujer lleva, envía a su esposo al cielo.

Por eso, concluye: «mujeres, sean sumisa a sus esposos. Lleven al cielo a sus esposos».

Y san Pablo reitera que no es solamente misión de las mujeres: los maridos deben amar a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia:

«Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla» (Ef 5, 25-26).

Por eso, san Pablo dice que » Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia» (Ef 5, 32). Y al final, la conclusión es para ambos:

«En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido» (Ef 5, 33).

Así está hecho el matrimonio: para que ambos, marido y mujer juntos se apoyen y trabajen para llegar al cielo.

Por Mónica Muñoz
es.aleteia.org

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