Santoral 24 de noviembre | San Andrés Dung-Lac, Santas Flora y María y otros

San Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros mártires

Durante el siglo XVI y los siguientes, el pueblo del Vietnam escuchó el mensaje evangélico, predicado, en primer lugar, por misioneros pertenecientes a diferentes Ordenes religiosas. El pueblo vietnamita recibe la predicación de los misioneros con gran piedad y alegría. Pero no tardó en sobrevenir la persecución. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX muchos vietnamitas fueron martirizados, entre los cuales se cuentan obispos, presbíteros, religiosos y religiosas, catequistas de uno y otro sexo y hombres y mujeres laicos de distintas condiciones sociales.

Santas Flora y María (+851)

Flora era una joven  de Córdoba, España, que  oyó a Jesús decirle: “Hay muchas moradas en la casa de mi Padre; ven a nuestra casa, y serás bien recibida”.  Flora fue a entregarse al juez mahometano.  Cuando entró en la iglesia de Santa Aciscla para hacer una última plegaria, se encontró con María, una joven monja de su edad cuyo hermano acababa de ser martirizado.  Ambas se presentaron ante el tribunal, y el juez, habiendo intentado en vano hacer-las apostatar, las condenó a ser decapitadas.

Santa Inés Cao Guiying, San Joaquín Hao Kaizhi y SAN LORENZO Vai Xiaoman (+1856)

Viuda, catequista y obrero, respectivamente, que sufrieron el martirio por su fe en Su-Lin-Hien, China.  Fueron canonizados por Juan Pablo II el 1 de octubre del año 2000.

Santos Pedro Doumoulin, Pedro Vö Bang Khoa y Vicente Nguyern Thê Diêm 

Pedro, obispo  y los presbíteros Pedro y Vicente, fueron martirizados  en Vietnam entre 1856 y 1862 por confesar su fe católica.  Fueron canonizados en 1988 por Juan Pablo II.

San Pedro Wu Guosheng 81814) 

Catequista mártir, canonizado el 1 de octubre de 2000.

San Tadeo Liu Ruiting  (1823)

Presbítero mártir chino, canonizado el 1 de octubre de 2000.

Beata María Ana Sala (1829-1891)

En su beatificación, dijo de ella el papa Juan Pablo II:  “Ha llegado a beata por el cumplimiento fiel de su deber y su trabajo cotidiano”.  Esta religiosa, durante muchos años se dedicó con gran amor y celo a la formación de jóvenes, a pesar de una dolorosa en-fermedad que padecía.

* Encomienda hoy las misiones en Asia:   que haya suficientes misioneros y que reciban con alegría todos los pueblos el mensaje de Cristo.

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