Padre José Martínez Colín

Magnifica Humanitas (5) | Para una sociedad justa

1) Para saber

«No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país.» (John F. Kennedy).

En la ocasión pasada se consideró lo valioso de la dignidad de la persona que es inalienable, es decir, que no se puede transferir o quitar legalmente. Y puesto que el hombre es un ser social, es necesario que dicha dignidad sea custodiada. El Papa León señala como primer gran principio de la Doctrina social el bien común, que es ese empeño por reconocer, custodiar y proteger la dignidad de cada uno en la sociedad. Decía Benedicto XVI que la promoción del bien común es un valor no negociable.

A su vez, el Concilio Vaticano II afirma que el bien común consiste en «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección». Nadie está exento de procurarlo en la medida de sus posibilidades y se consigue cuando cada uno se responsabiliza de los demás, logrando así una sociedad justa. Por ello es que el todo es más que la suma de sus partes, dice el Papa.

2) Para pensar

Contaba el Papa Juan Pablo I un cuento para ejemplificar que el Cielo se obtiene poniendo cada uno sus dones al servicio de los demás por amor a Dios.

Érase que un irlandés, alegre, bromista y fiestero, muere repentinamente y comparece ante el tribunal divino. Estaba muy preocupado, pues su vida era más bien deficitaria. Como había una gran cola para entrar, se puso a observar. Vio que el Señor, que juzgaba quién entraba o no, tras haber consultado un gran fichero, le decía al primero: “Veo que tuve hambre y me diste de comer. ¡Muy bien! ¡Entra en el Paraíso!» Con el siguiente fue similar: «Tuve sed y me diste de beber. ¡Entra en el Paraíso!” Y al tercero: «Estuve preso y me visitaste». Así sucesivamente. El irlandés hacía examen y no hallaba méritos: ni había dado de comer, ni de beber, no había visitado ni a presos ni a enfermos. Se puso nervioso y temblaba cuando llegó su turno. Vio a Jesús examinar el fichero. En eso, Cristo levantó la vista y le dijo: «Pues no hay mucho escrito. Sin embargo, también tú hiciste algo: estaba triste, en un bar, decaído en una reunión, postrado y tú viniste y contaste unos chistes que me hicieron reír y me devolvieron el ánimo. ¡Entra al Cielo!»

El bien a los demás se puede hacer de muchas maneras, y ninguna es pequeña ante los ojos de Dios.

3) Para vivir

No es suficiente con procurar el propio progreso para contribuir al bien de todos, debe también haber una preocupación real por los demás. Sería como pensar que una familia está muy bien cuando cada miembro ve sólo por sí mismo, desinteresándose de los demás. Ahí faltaría armonía, unidad y amor, lo cual llevaría inevitablemente a que en ese conjunto de egoísmos haya discordias y separación.

Para un cristiano, salir del pequeño mundo de sus propios intereses y comprometerse por el bien común, es un valor no negociable, como lo es la promoción de la vida. El bien común es fruto de la «interdependencia».

La búsqueda del bien común es lo que da vida a un pueblo. Y aunque hay diferencias ideológicas y variedad de intereses, eso no significa que sea imposible un proceso de diálogo que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos. (articulosdog@gmail.com)

10 de julio de 2026

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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.

Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

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