Te acepto y te amo, pero no puedo aceptar tu pecado

Te acepto y te amo, pero no puedo aceptar tu pecado

«Tú diles, en cambio: “Juro por mi vida —oráculo del Señor— que yo no deseo la muerte del malvado, sino que se convierta de su mala conducta y viva. ¡Conviértanse, conviértanse de su conducta perversa! ¿Por qué quieren morir, casa de Israel?”» Ezequiel 33,11

Dios nos ama inmensamente. No se complace en el castigo ni en nuestra condenación; por el contrario, desea darnos la oportunidad de cambiar, de volver a Él y renacer libres del pecado para alcanzar la salvación eterna.

Su amor es infinito, pero también mantiene una postura firme frente al pecado, porque el pecado destruye a la persona, hiere su alma y la separa de Dios. Él no rechaza al pecador; rechaza aquello que lo aparta de Su amor.

«Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»Juan 8,11

Jesús nos enseña a amar a la persona, pero a rechazar el pecado. Esto implica reconocer el valor y la dignidad de cada ser humano, aun cuando sus acciones estén equivocadas o alejadas de la voluntad de Dios. Especialmente cuando se trata de nuestros seres amados, nuestro mayor anhelo debe ser la salvación de sus almas y verlos siempre unidos al Señor.

Dios nos ama incondicionalmente, pero no aprueba aquello que daña a Sus hijos, hiere el alma o va en contra de Sus mandamientos. Su misericordia es tan grande que no nos abandona en medio de nuestros errores, sino que constantemente nos llama al arrepentimiento, ofreciéndonos gracia, compasión y la posibilidad de volver a empezar.

Quienes buscamos vivir en gracia de Dios estamos llamados a amar con verdad. Esto significa actuar con afecto, respeto, empatía y misericordia hacia las personas, pero también mantener claridad frente a aquello que conduce al pecado y puede alejarlas de la vida eterna. Amar no significa aprobar todo; amar también implica corregir con caridad, orar y acompañar sin renunciar a la verdad.

Volver a Dios con un corazón arrepentido es la clave para apartarnos del mal camino. La conversión nos ayuda a volver la mirada hacia Él y reencontrar el sentido de la vida. Sí, existe el libre albedrío, y Dios respeta nuestra libertad, pero también apela constantemente a nuestra conciencia, invitándonos a elegir entre el bien y el mal.

«¿Por qué quieren morir?» pregunta el Señor, recordándonos que la salvación también requiere una respuesta personal y una decisión libre de volver a Él.

Oración

Señor, así como Tu amor es puro y busca nuestro bien supremo, enséñanos a amar como Tú amas: con misericordia, pero también con verdad. Que nunca confundamos el amor con la indiferencia frente al pecado.

Ayúdanos a inspirar, a través de nuestro ejemplo y de Tu amor incondicional, a quienes amamos para que se acerquen a Ti, no por miedo al castigo, sino por gratitud, por amor y por el deseo sincero de vivir en Tu gracia.

Danos sabiduría para acompañar sin juzgar, fortaleza para permanecer firmes en la verdad y esperanza para nunca dejar de creer en la conversión de quienes amamos. Amén.

Luce Bustillo-Schott

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio