Santoral 20 de marzo | Santa Fotina la Samaritana, San Heriberto, San Martín Dumiense y Beato Marcel Callo

Santa Fotina la Samaritana (siglo I) 

Esta pecadora se convirtió en el pozo de Jacob, cerca de Sicar (Sama, ria). Jesús se había dirigido al lugar para descansar de las fatigas del viaje cuando se la encontró. San Juan ha conservado las palabras que obraron su conversión (Jn 4, 4-42). Son las mismas palabras que siguen todas las almas que el Padre ha conducido hasta su Hijo: «Si supieras el don de Dios…».

Después del encuentro con Jesús, al parecer marchó hasta África acompañada de su hijo José con la intención de predicar el Evangelio. Sobrevino la terrible persecución de Nerón (64-68) y los dos fueron detenidos en Cartago. José murió decapitado y Fotina arrojada a prisión, donde acabó su vida anciana y olvidada. En cuanto a Víctor, su otro hijo, era un antiguo oficial romano que había recibido la misión de exterminar a los cristianos en la Galia. Pasado algún tiempo, se descubrió que en vez de exterminarlos, lo que hacía era multiplicarlos gracias a las numerosas conversiones que conseguía entre los paganos. Fue condenado a muerte, junto a algunos neófitos suyos (Sebastián, Focio, Anatolio, Focida). El nombre ruso de Fotina es Svetlana.

San Heriberto (+687)

Vivió como anacoreta en la isla del lago de Dervenwater, Cumberland, Inglaterra.  Fue discípulo y gran amigo del famoso san Cutberto.  Todos los años pasaban juntos unos días en una isla del mismo lago, Fare.  Allí tenía Cutberto su residencia.  En cierta ocasión,  éste le dijo a su amigo:  “Querido Heriberto, si quieres pedirme cualquier cosa, hazlo, porque no nos volveremos a ver aquí abajo.  Dios me ha revelado que moriré pronto”.  Heriberto se echó a llorar:  “Te lo suplico, llévame contigo al cielo, sin no te veo más, seré el más desgraciado de los hombres”.  Cutberto se puso de rodillas y oró durante largo rato.  Después se levantó y le dijo:  “No llores más querido Heriberto, será como tú quieres.  Dios nos ha escuchado”.  Murieron, en efecto, algunas semanas más tarde, al parecer el mismo día y a la misma hora.

San Martín Dumiense (515-580)

Como aquel otro Martín más famoso, el de Tours, nació en la actual Hungría y fue monje en Palestina, donde debió familiarizarse con la espiritualidad de los padres del desierto, sobre la que posteriormente compuso una especie de resumen a modo de enseñanza..  Era un hombre muy docto y conocía bien el griego y el latín, y dominaba los autores paganos como Cicerón y Séneca.

Movido por el impulso del Espíritu Santo, emprendió un largo viaje.  Estuvo primero en Roma, luego visitó la Galia y terminó en Galicia, España, donde consiguió la conversión del rey Teodomiro que era arriano.

Fundo en el año 550 el monasterio de Dumio, cerca de Braga, Portugal y llegó a ser arzobispo de esa ciudad.  Su epitafio resume su vida y su obra: “Restauró la religión y las cosas sagradas.”

Beato Marcel Callo, laico (1921-1945)

Nació en Rennes, Francia el segundo de nueve hijos de una familia pobre.  Marcel era lo que llaman los franceses un “auténtico bretón” terco y enérgico.  

Necesito años para dominar su temperamento, y le ayudo mucho la responsabilidad que tuvo dentro de la Juventud Obrera Católica.  De día Marcel trabajaba en una editorial y nunca guardó secreto junto a su convicción católica. “ Marcel tuvo solo una cara”, afirmó uno de sus amigos.

En 1940, Francia fue ocupada por las tropas alemanas.  Marcel y sus compañeros de la JOC se dedicaron su tiempo libre al “centro de recepción” del ferrocarril de Rennes a donde llegaban miles de refugiados.  Allí buscó hacer contacto con sus paisanos que serían llevados a Alemania para efectuar trabajos forzados.  Les prestaban sus brazaletes de la Cruz Roja y así lograron salvar a muchos de ser enviados. Sin embargo, por tanto ayudarlos, le tocó su turnó a Marcel y terminó en un campamento de Turingia.  Allí fundó un club de teatro, un club deportivo y organizó meditaciones.  Para afianzar su lealtad a Cristo, Marcel llevaba un riguroso programa de vida espiritual. Fue el líder indiscutible de los mil adolescentes del campamento a los que salvó de la desesperación. En 1944, la Gestapo arrestó a Marcel por “ser demasiado católico. Fue enviado a un campo en Austria que era un verdadero infierno y en el cual no logró sobrevivir.  El día de su muerte, 19 de marzo de 1945, tenía la edad de 23 años. 

Fue beatificado en Roma el 4 de octubre de 1987 con la presencia de algunos miembros de su familia.  

* Reza hoy especialmente por la conversión de los pecadores.

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