Santoral 11 de mayo | Santa Juana de Arco, San Mamerto, Santa Estrella, San Mayolo, San Francisco de Jerónimo…

Santa Juana de Arco, mártir (1412-1431) 

Esta santa francesa, que a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión, era una campesina que nunca aprendió a leer ni a escribir. Desde los 14 años empezó a oír  voces que la llamaban, y se le aparecieron San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita que le decían “Tu debes salvar a la nación y al rey”. Después de mil penalidades para que la creyeran, logró ir a conquistar Orleans al mando de un ejército de diez mil soldados. Siguieron otras victorias, y logró que se coronara rey al temeroso Carlos VII.

Luego vinieron las envidias y la ingratitud, y fue Juana entregada por los borgoñeses a los ingleses que la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel.  Siguió un juicio cuyo tribunal estaba compuesto por sus enemigos y fue condenada a la hoguera, como bruja, donde murió mirando un crucifijo y pronunciando el nombre de Jesús. 

Años después, su familia logró que se abriera otro juicio, ahora si con la supervisión del Papa Calixto II y fue declarada injusta la sentencia.  El rey de Francia la declaró inocente y El Papa Benedicto XV la proclamó santa.

San Mamerto (+477)

Nació en Lyon, Francia, y fue sacerdote medio siglo antes del bautismo del rey Clodoveo.  Es decir, toda su carrera eclesiástica se desarrolló en plena invasión de los bárbaros.  Fue obispo de Vienne desde el año 463, en medio de los burgundios, que se habían instalado en el valle del Ródano.  Éstos, como sus primos los visigodos de Toulouse y de España, eran arrianos.  Es maravilloso que, en tales condiciones, este prelado galorromano de perfecta ortodoxia hubiera gozado de un episcopado tan tranquilo.  Sin duda se debió al prestigio de su ciencia y de su santidad.  No parece, en cambio, que llevase a muchos burgundios a la verdadera fe.  Fue su rey Segismundo y sus sucesores quienes más tarde los obligaron a convertirse. 

San Mamerto se hizo célebre por haber instituido numerosas rogativas.  Había entonces en la región de Vienne frecuentes terremotos, misteriosos incendios, inundaciones y sequías, por no hablar de los animales salvajes que amenazaban a los animales domésticos, y a veces a los mismos dueños.  El obispo de Vienne tuvo la idea de hacer durante tres días, a través de los campos, una procesión para pedir al cielo el fin de estas calamidades.  Su proyecto pareció tan bueno que  muy pronto aumentaron las procesiones y rogativas en toda la Galia, confiando en que el papa León II, las hiciera obligatorias en la Iglesia Universal.  Quedaron establecidas en los tres días precedentes a la Ascensión.

Nuestro santo tenía un hermano más joven, Mamerto Claudiano, que fue su principal colaborador.  San Sidonio Apolinar, contemporáneo y amigo, lo consideraba como “el mayor genio de su siglo”.  Nos queda de él su tratado “De la naturaleza y el alma”,  y el hermoso “Pange lingua lauream” que se canta desde hace catorce siglos por Cuaresma

Santa Estrella (siglo III)

Se venera en Saintes, Francia, por haber sufrido el martirio en el siglo II.  Federico Mistral y los poetas de la lengua de Oc la escogieron como patrona de la escuela literaria provenzal en 1854.

San Mayolo (siglo X)

Fue obispo de Cluny en Francia durante cerca de treinta años.  Reformó numerosas abadías de su congregación y su influencia se extendió a la Iglesia universal.  Era amigo del rey Hugo Capeto y de los emperadores Otón I y Otón II.  Se escondió cuando este último quiso ceñirle la tiara, a la muerte de Benedicto VI a quien habían matado.  Mayolo murió viajan-do hacia Souvigny a los ochenta años.

San Francisco de Jerónimo (1642-1716)

Nació en Grottaglie, Italia,.  Consiguió su doctorado en derecho civil y canónico al igual que en teología.  En 1670 ingresó en la Compañía de Jesús.  Se dedicó a las misiones popu-lares en la región de Nápoles, así como a los ejercicios espirituales.  Fue canonizado por Gregorio XVI en 1839.

San Ignacio de Làconi (1701-1781) 

Religioso laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos.  Nació en Làconi, Cerdeña, Italia, y en 1721 entró en el convento de los capuchinos de Cagliari.  Desplegó su apostolado entre los pobres y pecadores.  Fue canonizado por Pío XII en 1951.

San Mateo Le Van Gam (+1874)

Mártir en Saigón, Cochinchina.  Con su pequeña embarcación introducía misioneros europeos; sufrió por ello pena de cárcel durante un año y, finalmente, fue degollado por orden del emperador Thieu Tri.

Beato Gregorio Celli (+1343)

Nació en Verucchio, Italia.  Ingresó en la Orden de los Ermitaños de San Agustín en el monasterio de su lugar de origen;  al fin no fue aceptado por sus hermanos, para los que constituía una acusación frente a la vida relajada que llevaban.  Se refugió en Fonte Colombo y allí llevó vida eremítica hasta su muerte.

Beato Domingo Iturrate  (1901-1984)

Presbítero de la Orden Trinitaria en Algorta, España.  Aunque murió muy joven, a los 26 años, se había comprometido, con la anuencia de su director espiritual a “hacer lo que conociere ser más perfecto”.  Según él, lo importante no es “hacer muchas cosas, sino hacer bien todo lo que es del agrado de Dios”, y él siempre trataba de hacerlo. 

En la ceremonia de su Beatificación, el 30 de octubre de 1984, Juan Pablo II destacaba las siguientes características de este joven sacerdote:  

– Su vivencia trinitaria y eucarística.  Todo lo orientaba hacia la Trinidad y todo lo contemplaba desde este inefable misterio. “Era verdadera locura, dice un testigo, lo que fray Domingo sintió por la Eucaristía”. 

– Era profundamente mariano:  “Soy de Jesús y María; por consiguiente, hagan de mí lo que más les agrade”.

Beatos Juan Rochester y Jacobo Walworth (+1537)

Presbíteros y monjes de la Cartuja de Londres, que fueron condenados a muerte por Enrique VIII, a causa de su fidelidad a la Iglesia Romana.

*  Pediré hoy a santa Juana de Arco que me ayude a tener fe para creer que si el Señor me pide algo, me dará la gracia para poder llevarlo a cabo.

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