1) Para saber
“Si no puedo hacer grandes cosas, puedo hacer pequeñas cosas de una gran manera”. Martin Luther King Jr., quien dijo esa frase ha sido recordado por el Papa León XIV como muestra de que a pesar de que el hombre ha optado a veces por el mal, ha habido personas que al tomarse en serio la dignidad de todos, han cambiado el curso de la historia. También recordó en su Encíclica el ejemplo de Nelson Mandela para poner fin a la discriminación racial en Sudáfrica. O el de mujeres valientes y generosas que con su esfuerzo contribuyeron a hacer más humana la historia, como Santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Curie o Maria Montessori. Y menciona una santa tal vez no tan conocida: Santa Laura Montoya.
2) Para pensar
Santa Laura de Jesús Montoya, o mejor conocida como Madre Laura (1874-1949), es la primera santa canonizada en Colombia. De niña aprendió de su madre hasta dónde puede llegar el amor a través del perdón. Sucede que cuando tenía dos años de edad asesinaron a su papá. Pasaron unos años y Laurita veía que su mamá rezaba mucho. Un día le preguntó por quién rezaba tanto. La respuesta la impactó: “Rezo por el asesino de tu padre”. Fue una enseñanza inolvidable que la marcó. Decidió servir a Dios en los demás como educadora, sin importar lo que eran o hubieran hecho. El presidente la condecoró con la Cruz de Boyacá, que es la máxima condecoración civil que el Gobierno de Colombia otorga a ciudadanos destacados por su servicio a la patria o a la humanidad.
En el año 2013, al ser canonizarla, el Papa Francisco afirmó que santa Laura nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida. Ella nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, acogiendo a todos sin prejuicios con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y compartiendo lo más valioso que tenemos: Cristo y su Evangelio.
3) Para vivir
Hay personajes conocidos mundialmente, incluso algunos han dado la vida como los mártires santos san Maximiliano María Kolbe y san Óscar Romero que el Papa recuerda. Ellos han encarnado, en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre. Pero también están los llamados por el Papa: “mártires de lo cotidiano”, que no son conocidos, pero si curan, educan, acompañan y consuelan discretamente, tales como los padres de familia, los enfermeros, los médicos, los voluntarios y las personas que están junto a los ancianos o a los excluidos. Su testimonio muestra que el bien no progresa de manera automática, sino que requiere perseverancia, memoria y una conversión. Gracias a ellos se mantiene viva la esperanza y se logra que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón. Por eso la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos, siempre que no reniegue de la capacidad de relación y de amor.
San Josemaría Escrivá nos recuerda en Camino: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes” (n. 755). (articulosdog@gmail.com).
25 de septiembre de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.
1) Para saber
Se ha dicho que la gran frontera del siglo XXI ya no está en el espacio exterior, sino dentro de nuestra propia biología. Este planteamiento cuestiona los límites permitidos a la ciencia respecto a la persona humana. Por ello el Papa León XIV enfatiza que el tema central de su encíclica es custodiar lo humano.
Existen libros, películas o series futuristas, como “Lucy” o “Sin límites”, en que el protagonista toma una droga que le potencia su cerebro y es transformado en un superhombre. Esto que era simple ficción, ya está presente en el trasfondo ideológico de algunos centros de investigación tecnológica e influyen en la sociedad a través de los medios y redes sociales.
Es lógico el entusiasmo que suscitan los avances tecnológicos. La Iglesia favorece el desarrollo de la ciencia y la técnica, pero siempre y cuando no se desvincule del desarrollo moral y social, pues terminarían por volverse contra el propio hombre. Señala el Papa León XIV que es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica. Importa que las tecnologías no traten al ser humano como una simple materia para ser perfeccionada o superada. La historia muestra que cuando a la persona, olvidándose de su dignidad, se le trata en términos de eficacia los menos útiles, los más vulnerables, son eliminados en nombre del progreso, son “sacrificios necesarios”.
2) Para pensar
Un hecho controvertido de un transhumanismo pragmático sucedió en la década pasada en una empresa que hacía implantes de prótesis de retina biónica. Durante varios años, muchas personas pagaron una fuerte cantidad para implantarse un chip en el ojo que traducía video de una cámara a señales nerviosas, devolviéndoles cierta visión básica. Pero en 2019 la empresa tuvo problemas financieros y quebró. De la noche a la mañana, más de 350 personas quedaron con un hardware obsoleto implantado en sus ojos. Cuando los procesadores se rompían o los cables se desgastaban, no había repuestos, ni soporte técnico ni actualizaciones de software. Algunos pacientes sufrieron complicaciones dolorosas o infecciones, y varios volvieron a una segunda ceguera cuando el sistema dejó de funcionar.
A veces se habla maravillas de las posibilidades de la técnica, pero se omite advertir los peligros y riesgos que implican.
3) Para vivir
En general, el transhumanismo imagina que el ser humano ha de ser potenciado por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, para incrementar su rendimiento y sus capacidades. El posthumanismo, a su vez, los más radicales plantean una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, creyendo que el “hombre hibridado” entrará en una nueva etapa evolutiva. En ambas se propone superar al ser humano, teniendo como centro a la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. Lo malo, dice León, no es el uso de la técnica sino la visión errónea que se tiene del hombre y tratarlo sólo como una materia, olvidándose de su espíritu. (articulosdog@gmail.com).
28 de agosto de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

