S. FABIAN (236-250) Nació en Roma. No hubo acuerdo sobre quién elegir después de Antero. Se cuenta que, durante la discusión, una paloma se posó sobre la cabeza de Fabián que pasaba por ahí de casualidad. El hecho fue interpretado como señal divina y Fabiano fue inmediatamente elegido.

 

Se reveló un administrador muy competente y en seguida se dedicó a la organización de la diócesis de Roma, llevando a cabo prácticamente el proyecto del papa Evaristo: dividió la ciudad en siete distritos, a cuyo mando puso otros tantos diáconos con el cometido de organizar la beneficencia y administrar y repartir las limosnas a los pobres.

 

Durante el imperio de Decio hubo una persecución tan feroz, que indujo a muchos cristianos a abandonar Roma y las grandes ciudades para refugiarse en los desiertos de Arabia y de Tebaida, a vivir una vida solitaria y de penitencia. Estos ermitaños o anacoretas fueron famosos por su santidad, ya su alrededor se formaron pequeños grupos de seguidores, de los que surgieron los primeros monasterios de la antigüedad (Pablo el ermitaño, Hilarión, Pacomio…).

 

Al contrario de estos santos, muchos cristianos abandonaron la fe por miedo a morir: fue el triste fenómeno de los "lapsi", los caídos, los apostatas. Fabián no abandonó Roma, donde sufrió el martirio. Su cuerpo se encuentra hoy en la iglesia romana de S. Práxedes. 

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