De la vida monástica

1. Conviene que aprendas, a quebrantarte en muchas cosas, si quieres tener paz y concordia con otros.

No es poco morar en los monasterios y congregaciones, y allí conversar sin quejas, y perseverar fielmente hasta la muerte.

Bienaventurado es el que vive allí bien y acaba dichosamente. Si quieres estar bien y aprovechar, mírate como desterrado y peregrino sobre la tierra. Conviene hacerte simple por Cristo, si quieres seguir la v ida religiosa.

2. El hábito y la corona poco hacen; mas la mudanza de las costumbres y la entera mortificación de las pasiones hacen al hombre verdadero religioso.

El que busca algo fuera de Dios y la salvación de su alma, no hallará sino tribulación y dolor. No puede estar mucho tiempo en paz el que no procura ser el menor y el más sujeto de todos.

3. Viniste a servir, no a mandar; persuádete que fuiste llamado para trabajar y padecer, no para holgar y parlar. Pues aquí se prueban los hombres, como el oro en el crisol (Sap 3, 6).

Aquí no puede estar alguno, si no quiere de todo corazón humillarse por Dios.

1 pensamiento sobre “De la vida monástica

  1. Tratemos, en la medida de lo posible, llevar el recogimiento del monasterio en nuestro hogar, trabajo y actividades mundanas, teniendo siempre a Dios como muestra luz y guía, recordando siempre las palabras de Jesús que nos dice: » Mi paz os dejo, Mi paz os doy; no teman…»

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