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Seas o no jefe, aquí tienes claves para enfocar tu tiempo y tu esfuerzo de la mejor manera

Sobre la conciliación. Son varios los factores que intervienen en el binomio vida profesional / vida familiar:

  • las circunstancias personales de cada uno;
  • si estás orgulloso de la organización donde trabajas;
  • si percibes que estás aportando tu know how a tu empresa (las personas suelen desarrollar todas sus capacidades en aquello que les gusta);
  • y, sobre todo, si tienes armonía en tu entorno familiar.

Hay personas que trasladan, sin solución de continuidad, los problemas del trabajo a la familia y viceversa, y esto es en lo que creo que hay que tener mucho cuidado porque desgasta mucho y no aporta nada.

Las circunstancias personales de cada cual inciden en cada caso particular. No es lo mismo estar casado que soltero; vivir solo que en pareja; tener hijos que no tenerlos; que trabajen los dos fuera de casa o que lo haga uno solo. A lo que alguien añadiría: ser hombre o mujer….

Mas no pretendo en este artículo ahondar en las causas que se interponen en una conciliación saludable. Tener, por ejemplo, responsabilidades familiares  con un trabajo precario y mal retribuido es una cuestión distinta al enfoque que aquí presento, y que requeriría un tratamiento monográfico del tema.

Lo importante, desde mi punto de vista, es mantener una actitud vigilante para separar lo profesional de lo personal (aunque a veces no se consiga), y así cortas con el trabajo y te “trasladas” a tu ámbito personal y familiar sin llevar ocupada tu memoria “ram”.

Sobre la dedicación

Durante nuestra vida profesional solemos pasar por varias organizaciones y seguro que en todas trabajamos mucho. En unas lo hacemos más a gusto que en otras, porque cuando nos hallamos con empresas dinámicas y con equipos integrados, el tiempo parece que no existe. Pienso que el trabajo es una actitud personal de compromiso con uno mismo. Nos debemos a quien nos paga, pero la dedicación es de cada uno y a cada uno le corresponde administrarla con total libertad.

Cada persona debe saber cómo y cuándo tiene que emplearse más a fondo en su empresa, incluida la posibilidad, si fuera necesario, de extender la jornada sin que nadie te indique nada; sólo porque tú lo has decidido así.  Hay que trabajar duro y bien, pero pensando: “Lo hago así porque así lo he decidido yo”.

Imprimir al trabajo rigor, seriedad y dinamismo es bueno en sí mismo. La rapidez es necesaria. Pero conviene tener en cuenta que del gota a gota hasta el diluvio se pasa por rocío, chirimiri, lluvia fina, moderada, fuerte, granizo y torrencial. Adáptate a tu equipo. No pretendas que esté diluviando de forma continua pues puede ser que tu organización se empape y no precisamente de entusiasmo en luchar contra el temporal, lo que seguro no te beneficiará en nada.

A modo de conclusión

Entiendo que nos pagan por ejercer una responsabilidad. Por ello, debemos administrar el tiempo para conseguir alcanzar las metas, en lo que cuenta la capacidad de trabajo y la autoridad que cada uno llevamos aparejada en la realización de nuestro trabajo, seamos jefes o no jefes.

Ten disciplina en poner límite a tu dedicación: respétate a ti mismo. Si estás   acostumbrado a trabajar a un ritmo fuerte debe ser suficiente para aportar a tu entidad tus conocimientos de forma constante, reflexivamente y sin pausa. Que compañeros y colaboradores vean en ti un profesional apreciado por la calidad de su trabajo y la normalidad en su dedicación. Lo importante no es llegar el primero sino juntos y a tiempo.

Actuando de esta manera estaremos en el camino adecuado para enfocar de modo correcto la convergencia entre la conciliación familiar con la dedicación al trabajo.

Por José Martín Valliriáin
es.aleteia.org

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