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El significado del Reino de Dios en las parábolas evangélicas


17 junio 2008
Sección: Reino de Dios

Cristo nos habla del Reino de Dios en parábolas para que lo podamos comprender mejor.

1. Los textos evangélicos documentan la enseñanza de Jesús sobre el reino de Dios en relación con la Iglesia. Documentan, también, de qué modo lo predicaban los Apóstoles, y cómo la Iglesia primitiva lo concebía y creía en él. En esos textos se vislumbra el misterio de la Iglesia como reino de Dios. Escribe el Concilio Vaticano II: "El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor Jesús dio comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido ( ). Este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo" (Lumen Gentium, 5). A todo lo que dijimos en las catequesis anteriores acerca de este tema, especialmente en la última, agregamos hoy otra reflexión sobre la enseñanza que Jesús imparte sobre el reino de Dios haciendo uso de parábolas, sobre todo de las que se sirvió para darnos a entender su significado y su valor esencial.

 

2. Dice Jesús: "El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo" (Mt 22, 2). La parábola del banquete nupcial presenta el reino de Dios como una iniciativa real .y, por tanto, soberana de Dios mismo. Incluye también el tema del amor y, con mayor propiedad, del amor nupcial: el hijo, para el que el padre prepara el banquete de bodas, es el esposo. Aunque en esta parábola no se habla de la esposa por su nombre, las circunstancias permiten suponer su presencia y su identidad. Esto resultará más claro en otros textos del Nuevo Testamento, que identifican a la Iglesia con la Esposa (Jn 3, 29; Ap 21, 9; 2 Cor 11, 2; Ef 5, 23.27. 29).

 

3. Por el contrario, la parábola contiene de modo explícito la indicación acerca del Esposo, Cristo, que lleva a cumplimiento la Alianza nueva del Padre con la humanidad. Ésta es una alianza de amor, y el reino mismo de Dios se presenta como una comunión (comunidad de amor), que el Hijo realiza por voluntad del Padre. El "banquete" es la expresión de esta comunión. En el marco de la economía de la salvación descrita por el Evangelio, es fácil descubrir en este banquete nupcial una referencia a la Eucaristía: el sacramento de la Alianza nueva y eterna, el sacramento de las bodas de Cristo con la humanidad en la Iglesia.

 

4. A pesar de que en la parábola no se nombra a la Iglesia como Esposa, en su contexto se encuentran elementos que recuerdan lo que el Evangelio dice sobre la Iglesia como reino de Dios. Por ejemplo, la universalidad de la invitación divina: "Entonces [el rey] dice a sus siervos ( ): "a cuantos encontréis, invitadlos a la boda" (Mt 22, 9). Entre los invitados al banquete nupcial del Hijo faltan los que fueron elegidos en primer lugar: esos debían ser huéspedes, según la tradición de la Antigua Alianza. Rechazan asistir al banquete de la Nueva Alianza, aduciendo diversos pretextos. Entonces Jesús pone en boca del rey, dueño de la casa: "Muchos son llamados, mas pocos escogidos" (Mt 22, 14). En su lugar, la invitación se dirige a muchos otros, que llenan la sala del banquete. Este episodio nos hace pensar en otras palabras que Jesús había pronunciado en tono de admonición: "Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de fuera" (Mt 8, 11.12). Aquí se observa claramente cómo la invitación se vuelve universal: Dios tiene intención de sellar una alianza nueva en su Hijo, alianza que ya no será sólo con el pueblo elegido, sino con la humanidad entera.

 

5. El desenlace de esta parábola indica que la participación definitiva en el banquete nupcial está supeditada a ciertas condiciones esenciales. No basta haber entrado en la Iglesia para estar seguro de la salvación eterna: "Amigo, ¿como has entrado aquí sin traje de bodas?" (Mt 22, 12), pregunta el rey a uno de los invitados. La parábola, que en este punto parece pasar del problema del rechazo histórico de la elección por parte del pueblo de Israel al comportamiento individual de todo aquel que es llamado, y al juicio que se pronunciará sobre él, no especifica el significado de ese "traje" Pero se puede decir que la explicación se encuentra en el conjunto de la enseñanza de Cristo. El Evangelio, en particular el sermón de la montaña, habla del mandamiento del amor, que es el principio de la vida divina y de la perfección según el modelo del Padre: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5, 48). Se trata del "mandamiento nuevo" que, como enseña Cristo, consiste en esto: "Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13, 34). Por ello, parece posible colegir que el "traje de bodas", como condición para participar en el banquete, es precisamente ese amor. Esa apreciación es confirmada por otra gran parábola, de carácter escatológico: la parábola del juicio final. Sólo quienes ponen en práctica el mandamiento del amor en las obras de misericordia espiritual y corporal para con el prójimo, pueden tomar parte en el banquete del reino de Dios: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros des de la creación del mundo" (Mt 25, 34).

 

6. Otra parábola nos ayuda a comprender que nunca es demasiado tarde para entrar en la Iglesia. Dios puede dirigir su invitación al hombre hasta el último momento de su vida. Nos referimos a la conocida parábola de los obreros de la viña: "El reino de los cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña" (Mt 20,1). Salió, luego, a diferentes horas del día, hasta la última. A todos dio un jornal, pero a algunos, además de lo estrictamente pactado, quiso manifestarles todo su amor generoso.

 

Estas palabras nos traen a la memoria el episodio conmovedor que narra el evangelista Lucas sobre el "buen ladrón" crucificado al lado de Cristo en el Gólgota. A él la invitación se le presentó como una manifestación de la iniciativa misericordiosa de Dios: cuando, a punto de expirar, exclamó: "Jesús, acuérdate de mi cuando vengas con tu Reino", oyó de boca del Redentor. Esposo, condenado a morir en la cruz: "Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 42.43).

 

7. Citemos otra parábola de Jesús: "El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel" (Mt 13, 44). De modo parecido, también el mercader que andaba buscando perlas finas, "al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra" (Mt 13, 45). Esta parábola enseña una gran verdad a los llamados: para ser dignos de la invitación al banquete real del Esposo es necesario comprender el valor supremo de lo que se nos ofrece. De aquí nace también la disponibilidad a sacrificarlo todo por el reino de los cielos, que vale más que cualquier otra cosa. Ningún valor de los bienes terrenos se puede parangonar con él. Es posible dejarlo todo, sin perder nada, con tal de tomar parte en el banquete de Cristo-Esposo.

 

Se trata de la condición esencial de desprendimiento y pobreza que Cristo nos señala, junto con las restantes, cuando llama bienaventurados a "los pobres de espíritu", a "los mansos" y a "los perseguidos por causa de la justicia", porque "de ellos es el reino de los cielos" (Cfr. Mt 5, 3. 10); y cuando presenta a un niño como "el mayor en el reino de los cielos": "Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos" (Mt 18, 2.4).

 

8. Podemos concluir, con el Concilio Vaticano II, que en las palabras y en las obras de Cristo, especialmente en su enseñanza a través de las parábolas, "este reino ha brillado ante los hombres" (Lumen Gentium, 5). Predicando la llegada de ese reino, Cristo fundó su Iglesia y manifestó su íntimo misterio divino (Cfr. Lumen Gentium, 5).
Comentarios
20 Comentarios en “El significado del Reino de Dios en las parábolas evangélicas”
  1. jose carlos Dijo:

    muy bien explicado el texto

  2. mayra Dijo:

    jesus te kiero muxo

  3. Carlos alberto magallanes Dijo:

    hola, mi nombre es carlos esta muy bueno el articulo pero me ha dejado con el interrogante todavia de que que es el reino de Dios. le agradeceria si tiene otra respuesta que me la hiciera llegar a mi correo. yo creo que tiene que haber mas.

  4. bryan Dijo:

    esta bien como jesus nos quiere enseñar

  5. LUZ MARIA Dijo:

    Carlos ALberto, Magallanes: en términos sencillos el Reino de Dios es el Gobierno de Dios, entonces es hacer su voluntad. El gobierna

  6. catalina Dijo:

    Agradezco su generosidad deponer al servicio de todo hombre , creyente o no, la sabiduria escondida de Dios , escrita en palabras …

  7. catalina Dijo:

    Agradezco su generosidad deponer al servicio de todo hombre , creyente o no, la sabiduria escondida de Dios , escrita en palabras …

  8. catalina Dijo:

    Agradezco su generosidad deponer al servicio de todo hombre , creyente o no, la sabiduria escondida de Dios , escrita en palabras …

  9. carla Dijo:

    dios es muy bueno lo kero y amo muzho

  10. SANDY ACOSTA Dijo:

    te quelo jesuspor nosotros moriste

  11. estivenson Dijo:

    los de la iglesia pentecostal unanncian la verdad el fin del mundo se aserca

  12. Pedro Romero Reyes Dijo:

    Excelente comentario. Me gsutaría que las reflexiones me las hagan llegar a mi correo con aplicaciones a la catequesis familiar comunitaria en Santa Rosa, Ecuador. Dios los bendiga. Eternamente agradecido. Pedro

  13. Pedro Romero Reyes Dijo:

    Excelente comentario, me gustaria que las reflexiones me las hagan llegar a mi correo, con aplicaciones a la catequesis familia comunitaria. Dios los Bendiga. Atte. Pedro Romero

  14. Margarita Caraballo Dijo:

    que lindo es entender el significado del reino de Dios, muchos de nosotros creemos que el reino de Dios no esta aqui, que esta en lo mas alto, pero, cuando se lee ahi esta lo que quiere decir el Reino de Dios

  15. queli Dijo:

    no pudn acr un rsumn
    gracias

  16. carlos Dijo:

    yo creo que dios esta con todos nosotros

  17. Juan Jehová Zamora Alejandre Dijo:

    El reino de los cielos es un estado de la mente donde cesa toda infelicidad; trasciende más alla de toda explicacion; porque unicamente reina la justicia, el amor, la paciencia, la castidad, el desapego a todas las cosas terrenas, donde cesa toda avaricia, aversion, ofuscacion, etc. Jesús, a traves de sus parabolas va poniendo o dando a conocer las condiciones necesarias para alcanzar o entrar al reino de los cielos, un reino que reside en uno mismo (en la mente). Jesús es un gran ungido; un iluminado, de hecho la palabra Cristo se deriva del griego y significa ungido. Como ungido, como iluminado, como maestro o como con cualquier otro vocablo te quieras referir a Jesús; el es el hijo de Dios e independientemente de que haya venido de parte de Dios Padre para redimirnos y salvarnos, independientemente de eso; también vino a enseñarnos a alcanzar la perfección. Cuando alcanzas la perfección, ya estas totalmente en el reino de los cielos. Para ello, entre otros puntos; tienes que observar genuinamente los mandamientos y las bienaventuranzas.

  18. seminarista angel Dijo:

    gracias es lo que buscaba

  19. NERY DAVID GONZALEZ Dijo:

    Es interesante, que algo que para muchos es insignificante, sea el lazo que nos une a Dios y que nos abre las puertas del cielo; es decir, el amor. Dios es amor y toma la iniciativa de amarnos, a todos por igual, buenos y malos; pero debemos responder a ese amor; amando a Dios y a nuestro prójimo.

  20. laura adame Dijo:

    El Reino de Dios es dejarnos gobernar por Dios y sus mandamientos, debemos de ser como niños, no tener odio, rencor, ser inocentes de mente y corazón. puros, limpios.. Ya que cuando crecemos y nos volvemos adultos, no podemos perdonar de corazón, no olvidamos fácilmente al que nos ofende, nos daña, y un niño se pelea con otro niño y en unas horas ya andan otra vez juntos. Así debemos ser nosotros también, no tomar las cosas personales, no ser aprensivos. Debemos amarnos y respetarnos, si nos dejaramos reinar por Dios no habría guerra, hambre, carencias. DEJATE AMAR POR DIOS.




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