Los primeros discípulos

Jesús acaba de vivir cuarenta intensos días de oración y ayuno en el desierto.

Allí fue llevado por el Espíritu, y allí superó tentaciones diabólicas. Su aspecto físico manifiesta la dureza del ayuno y de la prueba, pero también la alegría de la victoria. Cansancio y serenidad son los rasgos de su semblante. La flaqueza de su cuerpo, consecuencia del ayuno, se compensa con la mirada llena de la alegría de saber que pronto la redención alcanzará con plenitud a los hombres.

Es muy posible que varios de los apóstoles ya conociesen a Jesús de vista, aunque no hablasen con Él, y también hubiesen oído la gran voz desde el cielo que decía: "Este es mi Hijo, el predilecto; en El me complazco", así como hubieron visto “bajar, como una paloma, el Espíritu de Dios, y posarse sobre él". Juan y Andrés habían escuchado de su maestro, Juan el Bautista, la siguiente declaración sobre Jesús:

"Vi al espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se posó sobre él. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que ha de bautizar en el Espíritu Santo. Y yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios"(Jn).

Por esto la conmoción entre los seguidores del Bautista en el momento del bautismo del Señor fue enorme, y miran a Jesús con una atención plena.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

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0 pensamientos sobre “Los primeros discípulos

  1. Con este artículo comprendo más a nuestro Señor Jesús en su parte humana y si el pudo vencer las tentaciones más fuertes por amor, yo debo corresponderle en mi pequeñez igual. Gracias por hacer la Palabra más sencilla.

  2. Con este artículo comprendo más a nuestro Señor Jesús en su parte humana y si el pudo vencer las tentaciones más fuertes por amor, yo debo corresponderle en mi pequeñez igual. Gracias por hacer la Palabra más sencilla.

  3. Con este artículo comprendo más a nuestro Señor Jesús en su parte humana y si el pudo vencer las tentaciones más fuertes por amor, yo debo corresponderle en mi pequeñez igual. Gracias por hacer la Palabra más sencilla.

  4. Que grandeza de aconeimiento: el de acercar lo divino a lo humano para humanisarlo, y el de elevar lo humano a lo divino para divinisarlo.

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