Escogido para el Evangelio II
«El Evangelio es fuerza de Dios» (Rom. 1,16) San Pablo no concibe la predicación como un conjunto de razonamientos que intentan convencer demostrando. En consecuencia desecha todo lo que sea acudir a las «palabras sabias» (1 Cor. 1,17), al «prestigio de la palabra o de la sabiduría» (1 Cor. 2,1), a «los persuasivos discursos de
