Santoral 3 de agosto | San Pedro Julián Eymard, Santa Lidia y Santa Juana de Chantal

San Pedro Julián Eymard (1811-1868) 

Contemporáneo y amigo del Cura de Ars, fue cura rural en el principio de su ministerio, pero parecía que no encontraba su lugar adecuado, pues después de un tiempo entró con los maristas en Lyon, con la esperanza de llegar a ser misionero en tierras lejanas.  Sin embargo, el Señor  tenía otros planes para él, por lo que no llegó nunca a salir del país.  En 1856 fundó una orden Eucarística, el Instituto de los sacerdotes del Santísimo Sacramento, que difunde la práctica de la adoración perpetua.  En vez de la actividad exterior convirtiendo infieles, San Pedro Julián buscó el núcleo mismo de la fe:  la presencia real de Jesucristo en las especies sacramentales.  Se puede decir de él que después de una larga búsqueda, eligió la mejor parte.

Santa Lidia (siglo I)

Era una prosélita, esto es, una pagana convertida al judaísmo.  Procedía del Asía helénica y vivía del comercio en la puerta del mar Egeo, la ciudad de Filipos.  Se hizo cristiana en el año 55 cuando San Pablo evangelizaba en esa región, junto con toda su familia. (Hechos de los apóstoles 16, 11-15) Bien podemos pensar que el cristianismo empezó en Europa con la correspondencia a la vocación de una madre de familia.  Lidia empezó a cumplir su misión de cristianizar desde dentro al mundo entero, empezando por su hogar.   

Santa Juana de Chantal (1572-1641)

Nació en Dijon, Francia, hija del Presidente del Parlamento de esa región.  Al cumplir veinte años, Juana se casó con el barón de Chantal, aguerrido militar.  Su matrimonio transcurrió felizmente por nueve años y tuvieron un hijo y tres hijas.  Al término de ese tiempo, murió su marido en un accidente de cacería. 

Juana pidió a Dios la gracia de encontrar a un buen director espiritual, y en sueños vio a un sacerdote alto y venerable que ella no había visto nunca antes.  Al asistir a unos ejercicios de Cuaresma predicados por San Francisco de Sales, Juana se dio cuenta que era el sacerdote que ella había visto en sueños. Le pidió fuera su director espiritual, y allí empezó una amistad mutua que había de ayudar fuertemente en lo espiritual a ambos. 

Juana deseaba hacerse religiosa, pero San Francisco le aconsejó terminar de educar bien a sus hijos primero, y así lo hizo.  También se dedicaba mucho a cuidar a su suegro viejo y de mal carácter, atender bien su casa y servidumbre, y ayudar a los pobres y enfermos.

Cuando crecieron sus hijos y a pesar de la oposición de su familia, Santa Juana se hizo religiosa y empezó su labor con la congregación que quería fundar San Francisco de Sales. Esta comunidad tuvo un reglamento bondadoso y humano “ni demasiado duro para las débiles, ni demasiado suave para las fuertes”. 

Cuando murió San Francisco de Sales, quedó Santa Juana al frente de una comunidad  recién fundada.  Su director fue entonces San Vicente de Paul, quien dijo de ella que había sufrido terribles pruebas, tentaciones abominables y una sequedad espiritual que la hacía sufrir mucho, y que la consideraba como una de las almas más santas que haya habido sobre la tierra. Al morir, había fundado Santa Juana 65 conventos. 

* El día de hoy, antes de empezar tus actividades diarias, haz un rato de oración frente al Santísimo Sacramento y habrás escogido como San Pedro Julián, “la mejor parte”.

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