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Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

(1538-1606) Nació en León, España. Por sus grandes dotes, siendo todavía laico, fue nombrado Arzobispo de Lima. Luego de recibir el sacerdocio y ser ordenado obispo, tomó posesión de su enorme diócesis, con dominio sobre Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina. En viajes incansables, casi siempre a pie, visitó tres veces su Arquidiócesis. Construyó escuelas y hospitales. Fundó el primer seminario conciliar de América del Sur. Sobresalía en piedad, espíritu de sacrificio, amabilidad y preocupación por los más necesitados. Es, sin duda, una de las personas que más ha contribuido a la propagación de la Iglesia en la América Latina, al grado que el Papa Benedicto XIV lo comparó a San Carlos Borromeo, el famoso Arzobispo de Milán. Su gran celo es ejemplo para que nosotros vayamos a cualquier parte a buscar a los que no están cerca de Dios.

Beata Sibila (1287-1367)

Murió en Pavía, su villa natal.  Era una terciaria dominica que quedó ciega a los doce años y se recluyó a los quince.  Vivió emparedada en una pequeña celda adosada a la iglesia de los dominicos de Pavía.  Su refugio tenía dos únicas ventanas:  por una, que estaba frente al altar, recibía la comunión; por la otra, que daba a la plaza, aconsejaba a todos los que se confiaban a ella y explicaba el catecismo a los niños.  No tuvo nunca necesidad de nada, pues el Espíritu Santo la ilustraba.  Pero por caridad escuchaba a los todos sin interrumpirlos ni dormirse. 

*  Que el cansancio no te impida tu examen de conciencia del día.

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