Santoral 13 de mayo | Nuestra Señora de Fátima, San Andrés F., San Servasio, Santa Rolanda, Santa Magdalena y Santa Inés

Nuestra Señora de Fátima

Es la «gran Aparición de la Virgen María del siglo XX».  Hasta 1917 apenas si la pequeña villa de Fátima (Portugal) era conocida fuera de su nación ni aun dentro de ella.

Cerca de Fátima se encuentra la aldea de Aljustrel, en donde nacieron los tres niños: Lucía, Francisco y Jacinta; éstos dos últimos eran hermanos y primos de la primera.

Lucía era la menor de cinco hermanos y la mayor de los tres videntes de la Virgen de Fátima y la que más directamente trató con la Virgen María, quizá por ser la mayor.  Muertos ya sus dos primitos, ingresó con las Religiosas Doroteas en Pontevedra (España) y más tarde, con deseos de vivir más retirada del mundo, abrazó la vida de religiosa carmelita contemplativa.  Hoy vive en Coimbra.

Los tres videntes eran sencillos, humildes y de familias muy cristianas.  Recibieron una formación bastante severa y desde muy niños se vieron obligados a trabajar para poder comer.  Francisco era jovial, simpático y muy agraciado.  Le gustaba la música, las flores y, sobre todo, las estrellas.  Normalmente él veía a la Virgen, pero no le hablaba ni la oía.  Corto sería su destierro en esta vida.  El 4 de abril de l919, a los dos años de las celestes apariciones, volaba al cielo.  Jacinta también era muy fina y agraciada.  La banjamina de diez hermanos.  Desde muy pequeñita fue muy piadosa y sufría cuando le contaban los padecimientos de Jesús en su Pasión.  A los diez años de edad volaba al cielo este ángel de carne humana que, como su hermanito, el 13 de Mayo del 2000, el Santo Padre JPII los declaró beatos en su visita a Fátima, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados. 

A los tres videntes, el 13 de mayo de l917, en medio de una tormenta y mientras cuidaban el rebaño, después de haber rezado el Santo Rosario, se les apareció la Virgen María vestida de blanco y les pidió que volvieran seis veces más y que el mes de octubre les revelaría quién era y lo que quería.  Les anunció que tendrían que sufrir mucho, pero que no se desalentaran que Ella les ayudaría.  Les pidió rezaran muchos rosarios, pero mejor de lo que lo hacían hasta entonces.  Las apariciones se repitieron el 13 de cada mes.  En todas ellas sucedía algo parecido: mientras rezaban el Sto. Rosario, acompañados cada día de más seguidores que palpaban lo sobrenatural, se les aparecía aquella joven, resplandeciente de luz, vestida de blanco, con el rosario entre las manos y les invitaba a rezar con Ella.  Después les comunicaba algunas cosas que han llegado hasta nosotros, donde se manifiesta el deseo ardiente de la Virgen de que seamos almas de oración y que procuremos hacer sacrificios para unirlos a la Pasión de su Hijo.

De todas partes del mundo desde entonces, y cada día va en aumento, acuden gran cantidad de fieles a la pequeña villa de Fátima,  a rezar a la Virgen María, a recibir los Sacramentos y mejor vivir la vida cristiana.  La Virgen de Fátima irradia desde allí sus gracias y bendiciones sobre toda la humanidad.  Su Corazón Inmaculado y el Escapulario del Carmen han sido los instrumentos que ha elegido para manifestarnos su amor.

San Andrés Fournet (1752-1834)

Nació cerca de Poitiers, Francia.  En su primera juventud vivió entregado a los placeres.  Estudió en la universidad de Poitiers sin gran compromiso por su parte.  Abandonó los estudios y se alisto en el ejército.  Su vida, sin embargo, cambió radicalmente en contacto con un tío suyo que era párroco.  Se ordenó sacerdote y ejerció el ministerio parroquial.  Rehusó prestar justamente a la constitución civil del clero que fue promulgada en los primeros tiempos de la revolución francesa.  En 1792 tuvo que refugiarse en España donde vivió hasta que le fue posible retornar a Francia.  Ejerció el ministerio sacerdotal en la clandestinidad.  Tras el concordato napoleónico y, junto con Santa Isabel Bichier des Ages, fundó la Congregación de las Hijas de la Cruz, para la educación de los niños y asistencia a pobres y enfermos.  Fue canonizado en 1933.  

San Servasio  (+384)

Se dice que nació en Armenia, descendiente de judíos emigrados, parientes de la Virgen Santísima.  Lo que se sabe con certeza es que era obispo de Tongres, Bélgica, en la época en que san Atanasio se encontraba exiliado en Tréveris, y que su episcopado duró cerca de medio siglo.

El arrianismo florecía entonces; muchos obispos ya no creían en la divinidad de Cristo.  San Servasio combatió con dureza a los arrianos, sobre todo en los concilios de Colonia, Sárdica y Rímini. 

Era tal el prestigio de Servasio que el usurpador Magnecio contó con él para que le ayudara a ser emperador de Occidente, en lugar de Constante a quien había asesinado.  Lo envió a Constantinopla a defender su causa a la residencia de Constancio II, emperador de Oriente.  Pero éste, hermano de Constante no quiso saber nada.  Emprendió la lucha contra el príncipe franco, lo derrotó en Mursa, Bulgaria, y Magnecio, abandonado por sus tropas, se suicidó.  Desde entonces, Constancio se convirtió en el único dueño del Imperio, como lo había sido su padre Constantino.

Pero ya  se  anunciaban los hunos por aquel entonces.  Juzgando con razón que no tardarían en llegar a Tongres, Servasio se refugió en Maastricht, que estaba lejos del camino del invasor.  De paso se llevó consigo a sus cristianos y su biblioteca.  Murió poco después.

Santa Rolanda o Renelde (siglo IX)

Hija de Desiderio, rey de los Lombardos, Rolanda reunía todas las virtudes, además de belleza. Desde su infancia rezaba a santa Úrsula y deseaba ser religiosa.  Dada en matrimonio por su padre al rey de Escocia, fingió acompañar a los señores escoceses que la llevaban hacia su futuro esposo, y se fue a Colonia donde esperaba a ingresar en el monasterio de Santa Úrsula.  Por desgracia, enfermó en Villers-Poterie, donde murió en casa del campesino que la había recogido.  En 1103, el obispo de Lieja dedicó una iglesia a santa Rolanda en Villes-Poterie y se siguen celebrando procesiones en su honor en esa localidad.

Santa Magdalena Albrici (+1465)

Nació en Como, Italia.  Ingresó en la vida religiosa en el monasterio agustiniano de Brunate, y desempeñó el cargo de abadesa.  El monasterio floreció bajo su dirección.  Fundó otro en la ciudad de Como, dedicado a la Santísima Trinidad.  San Pío X confirmó su culto en 1907.

Santa Inés de Poitiers (+588) 

Fue educada en el monasterio de Santa Cruz en Poitiers, Francia.  Nombrada abadesa, introdujo la regla de San Césareo de Arlés.  Atrajo a la vida religiosa a más de doscientas monjas.

*  Pediré hoy a la Virgen de Fátima  su ayuda para no olvidarme de orar y hacer muchos pequeños sacrificios por la conversión de los pecadores.

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