Como bien señala la madre María de Jesús de Agreda, a este dolor llamó Su Majestad cáliz. Y en esa angustia sin fondo pedía el Salvador a su Padre que, siendo ya inexcusable la muerte, ninguno, si era posible, se perdiese.Y eso es lo que, con lágrimas y sudor de sangre, Cristo suplica al Padre insistentemente, en una como altercación y contienda entre la humanidad santísima de Cristo y la divinidad.Es la posible reprobación final de pecadores lo que angustia al Señor, y le lleva a una tristeza de muerte.
Como bien señala la madre María de Jesús de Agreda, a este dolor llamó Su Majestad cáliz. Y en esa angustia sin fondo pedía el Salvador a su Padre que, siendo ya inexcusable la muerte, ninguno, si era posible, se perdiese.Y eso es lo que, con lágrimas y sudor de sangre, Cristo suplica al Padre insistentemente, en una como altercación y contienda entre la humanidad santísima de Cristo y la divinidad.Es la posible reprobación final de pecadores lo que angustia al Señor, y le lleva a una tristeza de muerte.