Todas las cosas se deben referir a Dios

Jesucristo:

1. Hijo, yo debo ser tu supremo y último fin, se deseas de verdad ser bienaventurado.

Con este propósito se purificará tu deseo, que vilmente se abate muchas veces a sí mismo, y a las criaturas.

Porque si en algo te buscas a ti mismo, luego desfalleces, y te quedas árido.

Atribúyelo, pues, todo principalmente a Mí, que soy el que todo lo he dado.

Así, considera cada cosa como venida del Soberano Bien, y por esto todas las cosas se deben reducir a Mí como a su origen.

2. De Mí sacan agua como de fuente viva el pequeño y el rico; y los que me sirven de buena voluntad y libremente, recibirán gracia por gracia.

Pero el que se quiere ensalzar fuera de Mí o deleitarse en algún bien particular, no será confirmado en el verdadero gozo, ni dilatado en su corazón, sino que estará impedido y angustiado de muchas maneras.

Por eso no te apropies a ti alguna cosa buena, ni atribuyas a algún hombre la virtud, sino refiérelo todo a Dios, sin el cual nada tiene el hombre.

Yo lo di todo, Yo quiero que se me vuelca todo; y con todo rigor exijo que se me den gracias por ello.

3. Esta es la verdad con que se destruye la vanagloria.

Y si la gracia celestial y la caridad verdadera entraren en el alma, no habrá envidia alguna ni quebranto de corazón, ni te ocupará el amor propio.

La caridad divina lo vence todo, y dilata todas las fuerzas del alma.

Si bien lo entiendes, en Mí solo te has de alegrar, y en Mí solo has de esperar; porque ninguno es bueno sino sólo Dios, el cual es de alabar sobre todas las cosas, y debe ser bendito en todas ellas.

2 pensamientos sobre “Todas las cosas se deben referir a Dios

  1. A Tí Dios Padre Todopoderoso, todo honor y toda gloria por los Siglos de los Siglos. Amén.
    Abandonémos en manos de Dios y no en las de los hombres, pues así como es grande Su misericordia, así de grande es Su amor hacia nosotros…

  2. Somos hechura de Dios; Dios nos hizo a su imagen y semejanza y por lo tanto, nos hizo perfectos, a la vez que nos dió libre albedrío para tomar nuestras propias decisiones.
    Esta libertad hace que frecuentemente nos vayamos apartando de Sus caminos insensiblemente y empezemos a distanciarnos de Él confiando de manera soberbia en nuestras propias fuerzas al vivir una vida mundana.

    Recuperemos nuestros orígenes procurando escuchar Su palabra en nuestro corazón y así alcanzar La Paz y el Amor que su presencia nos brinda. Gloria a Dios hoy y siempre…

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