De la doctrina de la verdad

2 pensamientos sobre “De la doctrina de la verdad

  1. La Verdad, el Camino y la Vida es Jesús y María. A Ellos hay que pedirles la Gracia de la Conversión en nosotros y en nuestros seres queridos y en los demás. Para con la Gracia adquirir Fe a Dios, Amor a Dios, acción de buenas obras, concentración y certeza de lo que se dice al citar las oraciones, no para hacerlas como un «loro» vacías sin sentido. La Palabra del Señor leída y sobre todo escuchada en la Homilía en la Eucaristía nos da vida, nos acerca a Dios, por medio de la Comunión y Penitencia, y a la Madre de todos la Virgen María, nos hace comprender que esas Sagradas Escrituras no son pasado nunca, sino que se reflejan continuamente con cada cosa que vivimos en el presente de cualquier tiempo, haciéndonos ver si queremos abrir los ojos. Yo pido la Luz del Señor para todos, la conversión para siempre para seguir a Jesús, redimirnos constantemente, cuantas veces haga falta, para merecernos ir a la Gloria Eterna, haciendo el bien desde ya, todo los que nos pidió siempre nuestro Padre de los Mandamientos y de los Sacramentos. Buscarle a Él hermanos, y Él os rescatará y os libraréis de todo Mal y de toda desidia que nos pierde y nos aleja de Dios.Decid hermanos que sí, como lo dijo María nuestra Madre, es estar en el verdadero Camino. Disponeros a poner cada cosa que hagáis en las manos de Dios y en la Virgen para no equivocaros más, para ser hijos del bien solamente. El Señor y la Virgencica nos bendiga y nos libre y nos proteja de todo Mal. Alabados sean el Señor y la Virgen María, gracias Dios mío. Por tu Divina Misericordia, Señor Ten Piedad perdona nuestros pecados y llévanos contigo de tu Bendita Mano allí donde vayamos, por si caemos o si nos perdemos o si todo nos da igual y no reccionamos que Tú no nos dejes y nos rescates a Tu Sagrado Corazón.

  2. Señor… Dame la gracia de poder decir como Samuel «Habla Señor, que tu siervo escucha…». No hagas mis oídos sordos a Tu voz.
    No dejes que me deslumbren las «riquezas» de este mundo y haz que mi atención se centre solo en Tí; solo así podré alcanzar la humildad necesaria para que Tú y yo seamos uno. Que sea mi conciencia la que hable y yo siga fielmente sus palabras… Amén.

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