Cuatro cosas que causan paz

Jesucristo:

1. Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad.

El Alma:

2. Haz, Señor, lo que dices, que me alegra mucho de oírlo.

Jesucristo:

3. Procura, hijo, hacer antes la voluntad de otro que la tuya. Escoge siempre tener menos que más. Busca siempre el lugar más bajo, y está sujeto a todos. Desea siempre, y ruega que se cumpla en ti enteramente la divina voluntad. Así entrarás en los términos de la paz y descanso.

El Alma:

4. Señor, este tu breve sermón mucha perfección contiene en sí. Corto es en palabras, pero lleno de sentido y de copioso fruto. Que si lo pudiese yo fielmente guardar, no había entrar en mí la turbación tan fácilmente. Porque cuantas veces me siento inquieto y agravado, hallo haberme apartado de esta doctrina. Mas Tú que todo lo puedes, y buscas siempre el provecho del alma, dame gracia más abundante para que pueda cumplir tu doctrina, y hacer lo que importa para mi salvación. Oración contra los malos pensamientos.

5. Señor, Dios mío, no te alejes de mí: Dios mío, cuida de ayudarme, pues se han levantado contra mí varios pensamientos y grandes temores que afligen mi alma. ¿Cómo saldré sin daño? ¿Cómo los desecharé?

6. Yo, dices, iré delante de ti, y humillaré los soberbios de la tierra. Abriré las puertas de la cárcel, y te revelaré los secretos de las cosas escondidas.

7. Haz, Señor, como lo dices, y huyan de tu presencia todos los malos pensamientos. Esta es mi esperanza y única consolación, acudir a Ti en toda tribulación, confiar en Ti, invocarte de veras, y esperar constantemente que me consueles. Oración pidiendo la luz del entendimiento.

8. Alúmbrame, buen Jesús, con la claridad de tu lumbre interior, y quita de la morada de mi corazón toda tiniebla. Refrena mis muchas distracciones, y quebranta las tentaciones que me hacen violencia. Pelea fuertemente por mí, y ahuyenta las malas bestias que son los apetitos halagüeños, para que venga la paz con tu virtud, y resuene la abundancia de tu alabanza en el santo palacio; esto es, en la conciencia limpia. Manda a los vientos y tempestades. Di al mar: sosiégate; y al cierzo: No soples; y habrá gran bonanza.

9. Envía tu luz y tu verdad para que resplandezcan sobre la tierra, porque soy tierra vana y vacía hasta que Tú me alumbres. Derrama de lo alto tu gracia; riega mi corazón con el rocío celestial; concédeme las aguas de la devoción para sazonar la superficie de la tierra; porque produzca fruto bueno y perfecto. Levanta el ánimo oprimido por el peso de los pecados, y emplea todo mi deseo en las cosas del cielo: porque después de gustada suavidad de la felicidad celestial, me sea enfadoso pensar en lo terrestre.

10. Apártame y líbrame de la transitoria consolación de las criaturas; porque ninguna cosa criada basta para aquietar y consolar cumplidamente mi apetito. Uneme a Ti con el vínculo inseparable del amor; porque Tú solo bastas al que te ama, y sin Ti todas las cosas son despreciables.

Tomás de Kempis

4 pensamientos sobre “Cuatro cosas que causan paz

  1. Señor… Infunde en mí el espíritu de humildad, que sea él quien me guíe para servirte a través de servir a los demás
    Que sea Tu presencia en mi quien derrote al enemigo que está en las tentaciones y los malos pensamientos; Tú y solo Tú eres el único que podrá derrotarlo con éxito, pues mi voluntad y debilidad son extremas para evitar las tentaciones de este mundo.
    Te lo pido Señor al igual que los peregrinos de Emaús: » …quédate con nosotros y parte para nosotros el pan.» Amen

  2. Dame Señor el don de SER HUMILDE al servicio de mis hermanos, que por mi actitud llegue a ellos tu paz por mi conducto, que Tú reines en mi corazón hoy y siempre y sea yo un reflejo de Tu presencia en mí, Amén…

  3. Estáte, Señor, conmigo
    siempre, sin jamás partirte,
    y, cuando decidas irte,
    llévame, Señor, contigo;
    porque el pensar que te irás
    me causa un terrible miedo
    de si yo sin ti me quedo,
    de si tú sin mí te vas.

    Llévame en tu compañía,
    donde tú vayas, Jesús,
    porque bien sé que eres tú
    la vida del alma mía;
    si tú vida no me das,
    yo sé que vivir no puedo,
    ni si yo sin ti me quedo,
    ni si tú sin mí te vas.

    Por eso, más que a la muerte,
    temo, Señor, tu partida
    y quiero perder la vida
    mil veces más que perderte;
    pues la inmortal que tú das
    sé que alcanzarla no puedo
    cuando yo sin ti me quedo,
    cuando tú sin mí te vas.

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