Una pregunta complicada que todos nos hemos hecho alguna vez, pero si todas las religiones nos conducen a Dios, entonces, ¿cuál es la verdadera?
En la actualidad, y ante tanta «oferta espiritual», resulta confuso para las personas elegir una religión que les conduzca a Dios. Y más si creen que todas las religiones tienen el mismo efecto, como cuando se compra un medicamento: misma fórmula, mismo efecto, pero con distinto nombre.
La religión para el ser humano
Para comenzar, en la Enciclopedia católica encontramos que «Religión», en términos generales, significa «la sujeción voluntaria de uno mismo a Dios», es decir, con plena libertad decidimos unirnos a Él.
Asimismo, la Enciclopedia hace hincapié en que «en todas las formas de religión está implícita la convicción de que el misterioso, el Ser (o seres) sobrenatural tiene el control sobre las vidas y destinos de los hombres».
Es decir, desde que el hombre apareció en la tierra supo que había Alguien más grande que él y que era el autor y el controlador de todo lo creado porque él no era capaz de producirlo. Por eso sintió la necesidad de unirse a ese Ser superior y rendirle culto.
La revelación divina
Hasta aquí nos damos cuenta de que toda la humanidad tiene la misma inquietud, sin importar el espacio geográfico en el que se encuentre. La sed de Dios es común a todos los seres humanos.
Cabe recordar que cuando Dios hizo al hombre lo dotó con libre albedrío para que lo eligiera sin presión de ninguna clase, solo movido por amor. Aún ante el fallido resultado, Dios ha querido respetar la decisión de los seres humanos que han optado por deidades que lo sustituían.
Sin embargo, Dios quiso revelarse al pueblo judío y después completó la revelación con su propio Hijo. El católico bien formado sabe que a nuestro Señor Jesucristo le costó tres años de su vida fundar una Iglesia y dejar un colegio apostólico para que cumplieran su mandato de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio.
Y vaya que hace dos mil años había ya muchas religiones a las que se enfrentaron los apóstoles y sus discípulos, enviados a dar la Buena Nueva, que se hubiera extinguido si no hubiera sido auténticamente instaurada por Dios. ¿Acaso no fueron perseguidos y asesinados los cristianos durante los tres primeros siglos de la nuestra era?
Entonces, ¿qué pasa con los no cristianos?
Las otras religiones
Para responder, el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica describe:
«El vínculo entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas proviene, ante todo, del origen y el fin comunes de todo el género humano. La Iglesia católica reconoce que cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones viene de Dios, es reflejo de su verdad, puede preparar para la acogida del Evangelio y conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo» (no. 170).
Hay un gran respeto para quienes no profesan la fe católica, pero el compromiso queda para los católicos, porque es nuestro deber ayudar a los no creyentes a encontrarse con Cristo, por eso debemos formarnos y vivir coherentemente con lo que profesamos.
En conclusión, aunque en todas las religiones haya algo bueno, solo la Iglesia católica tiene «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Por eso, quienes somos católicos tenemos la certeza de que vamos por el camino seguro y no tenemos que buscar en ninguna otra parte. Créelo y compruébalo por ti mismo.
Por Mónica Muñoz
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