Padre José Martínez Colín

El Papa en Francia | La sed más profunda

1) Para saber

“No hay fracaso del que Dios no pueda levantarnos”, le contestó el Papa León XIV a un joven en el encuentro con más de 80,000 en el Estadio de Francia, que se construyó para la Copa Mundial de Fútbol de 1998, donde Francia fue campeón por primera vez. Una grata sorpresa para muchos fue la gran acogida que Francia le dio al Papa. Se vivieron momentos entrañables con múltiples demostraciones de alegría, respeto y afecto. En el estadio escenificaron, con atuendos característicos, a cada santo francés. ¡Eran más de 1700 santos y beatos! Destacó santa Juana de Arco que entró cabalgando un corcel; a su vez Santa Teresita del Niño Jesús manejaba una bicicleta, seguida por su padre San Luis Martín conduciendo un carro antiguo acompañado de su esposa Santa Celia, quienes fueron canonizados juntos. Ahí mismo se veneró una reliquia de la túnica que Cristo llevó durante su pasión. El Papa estaba visiblemente alegre y conmovido por la fe de tantos jóvenes.

2) Para pensar

Un evento aún mucho mayor fue la Misa que el Papa León celebró en la plaza de la Concordia, la más grande de París con más de ocho hectáreas. Ante más de 700.000 personas, el Pontífice invitó a que nuestra fe “se desborde” para llevar esperanza a quienes viven el desánimo y la sequía espiritual. Recordó que en lo más profundo de cada corazón hay un deseo de Dios, una sed de Dios, de paz, de felicidad. Es una sed de sentido, de verdad y de plenitud.Para saciarla Jesucristo nos sale al encuentro y se nos revela como la verdadera fuente de agua viva. Jesús responde a ese profundo deseo de relación, de comunión con Dios, en quien reside la plenitud de la vida.

3) Para vivir

Al experimentar que aquí en la tierra nada logra satisfacernos plenamente, es posible que busquemos nuevos placeres, o poseer cosas nuevas, o queramos “divertirnos” a toda costa para no sentir ese malestar interior. El Papa nos invita a examinar nuestro corazón: “¿Cuál es nuestra sed más profunda? ¿Qué buscamos realmente en la vida? Porque todos anhelamos la felicidad, el amor y la plenitud. Pero, ¿en qué fuente buscamos saciar nuestra sed? ¿Nos conformamos con los bienes materiales, con las satisfacciones inmediatas, con los pequeños ídolos que prometen la luna y las estrellas, pero dejan vacío nuestro corazón?” Sí, Jesucristo, el Buen Pastor, nos conduce, como el pastor guía a sus ovejas, hacia la fuente de la felicidad y la paz. Él conoce a cada una y cada uno de nosotros por nuestro nombre. Él dio su vida por nosotros y sigue entregándola a través de los sacramentos, pero ¿realmente hemos encontrado a Cristo personalmente? Él lleva sobre sus hombros a las ovejas cansadas. Podemos saciar nuestra sed en la fuente que es el Corazón de Jesús traspasado, quien nos revela el amor incondicional de Dios por nosotros. Para Él, ninguno de nosotros es un número de serie, sino una persona única e insustituible. Sólo Dios puede llenar ese vacío interior.

Y esa fe en Jesucristo no es para guardarla, sino que hay que dejar que se desborde para saciar a los demás. Al saciarnos de la fuente que es el Corazón de Cristo, nos convertimos nosotros mismos en pozos, manantiales y ríos para los demás. (articulosdog@gmail.com).

2 de octubre de 2026

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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.

Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

1) Para saber

Se ha dicho que la gran frontera del siglo XXI ya no está en el espacio exterior, sino dentro de nuestra propia biología. Este planteamiento cuestiona los límites permitidos a la ciencia respecto a la persona humana. Por ello el Papa León XIV enfatiza que el tema central de su encíclica es custodiar lo humano.

Existen libros, películas o series futuristas, como “Lucy” o “Sin límites”, en que el protagonista toma una droga que le potencia su cerebro y es transformado en un superhombre. Esto que era simple ficción, ya está presente en el trasfondo ideológico de algunos centros de investigación tecnológica e influyen en la sociedad a través de los medios y redes sociales.

Es lógico el entusiasmo que suscitan los avances tecnológicos. La Iglesia favorece el desarrollo de la ciencia y la técnica, pero siempre y cuando no se desvincule del desarrollo moral y social, pues terminarían por volverse contra el propio hombre. Señala el Papa León XIV que es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica. Importa que las tecnologías no traten al ser humano como una simple materia para ser perfeccionada o superada. La historia muestra que cuando a la persona, olvidándose de su dignidad, se le trata en términos de eficacia los menos útiles, los más vulnerables, son eliminados en nombre del progreso, son “sacrificios necesarios”.

2) Para pensar

Un hecho controvertido de un transhumanismo pragmático sucedió en la década pasada en una empresa que hacía implantes de prótesis de retina biónica. Durante varios años, muchas personas pagaron una fuerte cantidad para implantarse un chip en el ojo que traducía video de una cámara a señales nerviosas, devolviéndoles cierta visión básica. Pero en 2019 la empresa tuvo problemas financieros y quebró. De la noche a la mañana, más de 350 personas quedaron con un hardware obsoleto implantado en sus ojos. Cuando los procesadores se rompían o los cables se desgastaban, no había repuestos, ni soporte técnico ni actualizaciones de software. Algunos pacientes sufrieron complicaciones dolorosas o infecciones, y varios volvieron a una segunda ceguera cuando el sistema dejó de funcionar.

A veces se habla maravillas de las posibilidades de la técnica, pero se omite advertir los peligros y riesgos que implican.

3) Para vivir

En general, el transhumanismo imagina que el ser humano ha de ser potenciado por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, para incrementar su rendimiento y sus capacidades. El posthumanismo, a su vez, los más radicales plantean una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, creyendo que el “hombre hibridado” entrará en una nueva etapa evolutiva. En ambas se propone superar al ser humano, teniendo como centro a la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. Lo malo, dice León, no es el uso de la técnica sino la visión errónea que se tiene del hombre y tratarlo sólo como una materia, olvidándose de su espíritu. (articulosdog@gmail.com).

 

 

28 de agosto de 2026

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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.

Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.

Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

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