1) Para saber
«Pero no había por qué avergonzarse de las lágrimas, pues las lágrimas daban testimonio de que un hombre tenía el mayor de los corajes: el coraje de sufrir.» (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).
Es natural que deseemos bienes como la salud, la juventud, la belleza… Pero a veces se olvida que cuando falta alguno, no es necesariamente algo malo. Las carencias, los límites que tiene el ser humano, tales como la incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento o mortalidad, nos dan la oportunidad de madurar y establecer relaciones verdaderas, dice el Papa León XIV. Es más, la persona no florece a pesar de sus límites, sino a menudo es a través de ellos. Ciertamente se han de poner los medios para eliminar el sufrimiento u otra carencia, pero es sabio reconocer que somos limitados. Una persona madura sabe vivir la ambivalencia entre la grandeza y la finitud humana, de lo contrario se cae en crisis ante la incapacidad de eliminar los límites. La fe cristiana, dice el Papa, nos da una visión real de lo que somos: criaturas finitas y limitadas sujetas al dolor y a la muerte, pero a la vez con una grandeza que nos viene de ser creadas y amadas por Dios.
2) Para pensar
El verdadero mal a evitar a toda costa es el mal moral, el pecado, que arruina a la persona y a la sociedad llegando a extremos de deshumanidad. Sin embargo, afirma el Papa León, aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una pequeña luz sigue brillando en la humanidad y es capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversión y reconciliación. Un testimonio nos lo da Viktor Frankl, citado en la Encíclica. Nacido en Austria, fue neurólogo, psiquiatra y filósofo, fundador de la logoterapia. Durante la Segunda Guerra Mundial sobrevivió a cuatro campos de concentración nazi. De esa experiencia escribió su libro best seller: El hombre en busca de sentido. Ahí escribió que en los momentos de horror «hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios». Mostrándonos que siempre hay lugar para el bien.
3) Para vivir
Hoy en día se encuentra la obsesión de eliminar o rechazar a quien padece un defecto, en vez de saberlo integrar a nuestra realidad. Por ello dice Frankl que “en cierto modo, el sufrimiento deja de ser sufrimiento en el momento en que encuentra un significado, como el significado de un sacrificio”.
Hace pocos días me contaba una persona, Guadalupe, que con otras personas van periódicamente a hospitales a llevarles consuelo y comida a los parientes necesitados de los enfermos. Observamos cómo un sufrimiento ajeno da lugar a la compasión y preocupación, a la generosidad, suscitando abrirse a la experiencia espiritual y a Dios. Encontramos una nueva sabiduría: se palpa el afecto de las personas y se experimenta la presencia del Señor. Por ello, renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significaría ser humanos. (articulosdog@gmail.com).
4 de septiembre de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.
1) Para saber
Se ha dicho que la gran frontera del siglo XXI ya no está en el espacio exterior, sino dentro de nuestra propia biología. Este planteamiento cuestiona los límites permitidos a la ciencia respecto a la persona humana. Por ello el Papa León XIV enfatiza que el tema central de su encíclica es custodiar lo humano.
Existen libros, películas o series futuristas, como “Lucy” o “Sin límites”, en que el protagonista toma una droga que le potencia su cerebro y es transformado en un superhombre. Esto que era simple ficción, ya está presente en el trasfondo ideológico de algunos centros de investigación tecnológica e influyen en la sociedad a través de los medios y redes sociales.
Es lógico el entusiasmo que suscitan los avances tecnológicos. La Iglesia favorece el desarrollo de la ciencia y la técnica, pero siempre y cuando no se desvincule del desarrollo moral y social, pues terminarían por volverse contra el propio hombre. Señala el Papa León XIV que es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica. Importa que las tecnologías no traten al ser humano como una simple materia para ser perfeccionada o superada. La historia muestra que cuando a la persona, olvidándose de su dignidad, se le trata en términos de eficacia los menos útiles, los más vulnerables, son eliminados en nombre del progreso, son “sacrificios necesarios”.
2) Para pensar
Un hecho controvertido de un transhumanismo pragmático sucedió en la década pasada en una empresa que hacía implantes de prótesis de retina biónica. Durante varios años, muchas personas pagaron una fuerte cantidad para implantarse un chip en el ojo que traducía video de una cámara a señales nerviosas, devolviéndoles cierta visión básica. Pero en 2019 la empresa tuvo problemas financieros y quebró. De la noche a la mañana, más de 350 personas quedaron con un hardware obsoleto implantado en sus ojos. Cuando los procesadores se rompían o los cables se desgastaban, no había repuestos, ni soporte técnico ni actualizaciones de software. Algunos pacientes sufrieron complicaciones dolorosas o infecciones, y varios volvieron a una segunda ceguera cuando el sistema dejó de funcionar.
A veces se habla maravillas de las posibilidades de la técnica, pero se omite advertir los peligros y riesgos que implican.
3) Para vivir
En general, el transhumanismo imagina que el ser humano ha de ser potenciado por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, para incrementar su rendimiento y sus capacidades. El posthumanismo, a su vez, los más radicales plantean una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, creyendo que el “hombre hibridado” entrará en una nueva etapa evolutiva. En ambas se propone superar al ser humano, teniendo como centro a la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. Lo malo, dice León, no es el uso de la técnica sino la visión errónea que se tiene del hombre y tratarlo sólo como una materia, olvidándose de su espíritu. (articulosdog@gmail.com).
28 de agosto de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

