1) Para saber
El hombre “no puede encontrar su propia plenitud sino en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Concilio Vaticano II). Esta afirmación nos recuerda que la persona sólo se realiza en el amor. De aquí la importancia y el cuidado en las relaciones personales. El Papa León XIV lo subraya en su Encíclica: es indudable la útil y valiosa ayuda que puede proporcionar la inteligencia artificial (IA), como palabras de consejo, de consuelo o alentadoras. Pero no se puede perder de vista que aunque hay comunicación no se puede caer en el engaño de pensar que es una verdadera relación personal: “Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia”. La relación entre personas suscita el amor, que es el modo en que nos perfeccionamos.
La imitación artificial de un relación puede ser peligrosa al suponerse igual que una relación personal: tanto por hacer pensar que es con una persona real, como por hacer perder que se pierda el deseo de buscar realmente a otro. Puede causar un deterioro en las relaciones personales, prefiriendo comunicarse con una máquina que me dirá lo quiero, y no con alguien que me diga lo que me conviene aunque no me guste.
2) Para pensar
Sucedió que un trabajador con jornadas laborales largas, no tenía tiempo para socializar. Comenzó a usar la IA para conversar a diario sobre consultas de trabajo, pero luego pasó a compartir sus opiniones, frustraciones y metas personales. Paulatinamente, empezó a atribuirle sentimientos a sus respuestas, llegando a llamarla su «amiga». La situación se tornó problemática cuando el usuario atravesó una crisis laboral severa. En lugar de acudir a sus amigos o familiares, buscó consuelo y consejo exclusivamente en la IA, tratándola como a un ser humano capaz de comprender su dolor. Pero hubo una actualización del sistema, en donde se filtraban las aparentes emociones. Sucedió que al recibir ahora una respuesta fría y automatizada aclarando que «solo soy un modelo de lenguaje y no tengo sentimientos», el usuario experimentó una profunda sensación de rechazo y abandono emocional. Su confusión por haber volcado afecto en algo inanimado terminó por intensificar su aislamiento social y dificultando su capacidad para establecer vínculos afectivos reales.
Es lo señalado por el Papa del peligro de confundir una comunicación con la máquina con una relación personal.
3) Para vivir
Una civilización será mejor, no por los avances técnicos, sino en la medida que las personas sean mejores, en que se facilite el cuidado de unos a otros. El Papa indicó que puede ser en pequeños detalles: Leer cuentos a un niño, acompañar a una persona anciana o hacer acogedor un espacio, son gestos que se viven en un ambiente familiar, con una relación personal, no sustituible con un robot. Son obras en donde se reconoce el rostro del otro viéndolo no como una función (como sería con un robot), sino como una persona, que merece nuestra atención y cuidado, digna de ser amada y de entrar en comunión con ella.
Dice el Papa que no se trata de oponerse a la IA, pues puede ser una valiosa ayuda, sino de no olvidar que es algo inanimado, y su fin es servir a la vida y a la persona humana. (articulosdog@gmail.com)
4 de septiembre de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.
1) Para saber
Se ha dicho que la gran frontera del siglo XXI ya no está en el espacio exterior, sino dentro de nuestra propia biología. Este planteamiento cuestiona los límites permitidos a la ciencia respecto a la persona humana. Por ello el Papa León XIV enfatiza que el tema central de su encíclica es custodiar lo humano.
Existen libros, películas o series futuristas, como “Lucy” o “Sin límites”, en que el protagonista toma una droga que le potencia su cerebro y es transformado en un superhombre. Esto que era simple ficción, ya está presente en el trasfondo ideológico de algunos centros de investigación tecnológica e influyen en la sociedad a través de los medios y redes sociales.
Es lógico el entusiasmo que suscitan los avances tecnológicos. La Iglesia favorece el desarrollo de la ciencia y la técnica, pero siempre y cuando no se desvincule del desarrollo moral y social, pues terminarían por volverse contra el propio hombre. Señala el Papa León XIV que es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica. Importa que las tecnologías no traten al ser humano como una simple materia para ser perfeccionada o superada. La historia muestra que cuando a la persona, olvidándose de su dignidad, se le trata en términos de eficacia los menos útiles, los más vulnerables, son eliminados en nombre del progreso, son “sacrificios necesarios”.
2) Para pensar
Un hecho controvertido de un transhumanismo pragmático sucedió en la década pasada en una empresa que hacía implantes de prótesis de retina biónica. Durante varios años, muchas personas pagaron una fuerte cantidad para implantarse un chip en el ojo que traducía video de una cámara a señales nerviosas, devolviéndoles cierta visión básica. Pero en 2019 la empresa tuvo problemas financieros y quebró. De la noche a la mañana, más de 350 personas quedaron con un hardware obsoleto implantado en sus ojos. Cuando los procesadores se rompían o los cables se desgastaban, no había repuestos, ni soporte técnico ni actualizaciones de software. Algunos pacientes sufrieron complicaciones dolorosas o infecciones, y varios volvieron a una segunda ceguera cuando el sistema dejó de funcionar.
A veces se habla maravillas de las posibilidades de la técnica, pero se omite advertir los peligros y riesgos que implican.
3) Para vivir
En general, el transhumanismo imagina que el ser humano ha de ser potenciado por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, para incrementar su rendimiento y sus capacidades. El posthumanismo, a su vez, los más radicales plantean una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, creyendo que el “hombre hibridado” entrará en una nueva etapa evolutiva. En ambas se propone superar al ser humano, teniendo como centro a la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. Lo malo, dice León, no es el uso de la técnica sino la visión errónea que se tiene del hombre y tratarlo sólo como una materia, olvidándose de su espíritu. (articulosdog@gmail.com).
28 de agosto de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

