1) Para saber
“En sus llagas hemos sido curados” (Is 53, 5). Este texto del profeta Isaías es una profecía sobre la Pasión de Jesús. Si bien, esas llagas las sufrió en su Pasión y Muerte, nuestro Señor Jesucristo ha querido conservar las de sus manos, pies y costado en su cuerpo glorioso resucitado. En su aparición a los Apóstoles les muestra esas llagas, ya gloriosas, para que comprueben que realmente es Él mismo, quien había muerto ofreciéndoles la paz. El Papa León XIV comenta que Jesús no vuelve a la vida a la manera de un triunfo estruendoso o una revancha contra sus enemigos. Y no lo es porque es un testimonio maravilloso de amor: manifiesta con mansedumbre la alegría de un amor más grande que cualquier herida y más fuerte que cualquier traición. Su único deseo es volver a estar en comunión con nosotros. Nos ofrece a todos la alegría de la paz que brota de su Corazón.
El Papa se pregunta por qué exhibir sus llagas ante quienes lo habían abandonado. Y responde: El motivo es profundo: Por esas llagas sufridas Jesús nos ha reconciliado plenamente, no nos guarda ningún rencor. Con sus heridas no reprende, sino confirma que su amor es más fuerte que cualquier infidelidad. Son la prueba de que, precisamente en el momento en que hemos fallado, Dios no se ha echado atrás. Su amor no humilla; es la paz de quien ha sufrido por amor y ahora finalmente puede afirmar que ha valido la pena.
2) Para pensar
Dice el texto evangélico que al ver a Jesús resucitado, los Apóstoles se llenaron de alegría; la alegría de sentirse salvados precisamente por esas llagas que ahora son gloriosas. En ellas contemplamos hasta qué extremo llegó el amor de Jesús por nosotros.
Eso lo experimentó hace años un joven que sentía un vacío interior y una falta de sentido. Probó varias cosas: el yoga, la meditación trascendental, incluso el islam, pero todo fue en vano. Luego leyó un libro sobre las distintas religiones. Cuando llegó a la sección dedicada al cristianismo, ahí leyó que en esta religión se cree que Jesús sufrió y murió por cada ser humano. Al leer esta frase se conmovió y empezó a llorar profundamente. Esas palabras le habían tocado directamente en el corazón y decidió ir a un templo evangélico. Luego encontró a un amigo vecino que también había decidido bautizarse, pero en la Iglesia católica. Intentó disuadir a su vecino, pero se mostró tan decidido, que mejor leyó sobre el catolicismo y poco a poco se fue convenciendo. Lo que terminó por hacerlo fue conocer la Eucaristía: Cristo sufrió y murió por cada uno y este misterio está presente en la Eucaristía. Así que le dio las gracias a sus amigos evangélicos y se bautizó en la Iglesia católica. Por las llagas de Cristo había sido salvado.
3) Para vivir
El acontecimiento de la Resurrección de Jesucristo constituye el centro de nuestra fe y el corazón de nuestra esperanza, afirmó el Papa León XIV. De suyo, es un suceso único en la historia de la humanidad. Al contemplar a Cristo resucitado, nos invita el Papa, pidámosle que nos ayude a redescubrir la alegría y la belleza de vivir para poder dar vida a los demás, y que nos enseñe a ser en el mundo, azotado por la muerte y la destrucción, instrumentos de misericordia y reconciliación. (articulosdog@gmail.com)
3 de abril de 2026
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Padre José Martínez Colín: Ingeniero en Sistemas por la UNAM, Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra.
Capellán del Colegio Chapultepec en Culiacán.
Lleva más de 20 años dando clases sobre todo de Lógica y Gnoseología en el Seminario de Culiacán.

