Viuda y paralítica

Viuda y paralítica, Kristina se recupera por amor a su hija

En 2016, a los 26 años, Kristina Djordjević lo perdió todo: a su marido y, después, la movilidad de sus piernas. Impulsada por el amor hacia su hija, se negó a dejarse vencer y hoy comparte su día a día y su esperanza con miles de seguidores.

Fue hace diez años. Con solo 26 años, la vida de Kristina Djordjević dio un vuelco en cuestión de dos meses: la pérdida repentina de su marido y, a continuación, un accidente de tráfico que la dejó paralítica. Apoyada por el amor de su hija pequeña, la joven serbia decidió no dejarse vencer por la tristeza. Hoy en día, inspira a miles de personas con su testimonio de esperanza, especialmente en Instagram, donde comparte su día a día con más de 17 000 seguidores.

Una vida trastornada

La primavera de 2016 podría haber sido la estación de la felicidad para Kristina: esta joven madre serbia compartía su vida con su marido, con quien ha tenido una niña, Magdalena. Pero el destino decidió lo contrario. Tras largos meses de incertidumbre, llegó el diagnóstico para su esposo: cáncer de próstata. Con solo 28 años, la esperanza de un tratamiento se desvaneció rápidamente, y Kristina se quedó viuda, sola con su bebé de apenas unos meses.

Dos meses después, siguiendo el consejo de unos amigos, aceptó salir a tomar algo, pensando que el aire fresco le vendría bien. Esa noche, varias señales intentaron retenerla en casa. Pero salió de todos modos, sin sospechar que su vida daría un vuelco por segunda vez: de regreso a casa, sufrió un grave accidente de coche. Kristina solo recuerda vagamente lo sucedido. Se despiertó en el hospital, con las piernas paralizadas, una fractura en la columna torácica y una lesión en la médula espinal.

Reaprender a vivir

El diagnóstico fue definitivo: no volvería a caminar. Para Kristina, el dolor más intenso no fue la pérdida del uso de sus piernas, sino el miedo a dejar huérfana a su hija. «No me permití derrumbarme. Habría sido egoísta. Ella había perdido a su padre, no debía perder también a su madre». Es por Magdalena por quien se levanta, por quien se aferra, por quien decide vivir. Desde entonces, su maternidad se convirtió en su misión.

La rehabilitación fue un auténtico calvario. «No se va allí para volver a caminar. Se va para aprender a vivir en silla de ruedas», explica. Cada gesto cotidiano se convierte en un reto: pasar de la cama a la silla, vestirse, ducharse, cuidar de su hija… Hay que volver a aprenderlo todo. Pero Kristina rechazó las quejas y las excusas y quzó recuperar su autonomía, por ella y por Magdalena. ¿Qué es lo que más le cuesta? No haber visto los primeros pasos de su hija. «Es algo que todavía me duele hoy en día».

Dar sentido a la prueba

De vuelta a casa, Kristina se ocupó sola de su hija: cambio de pañales, baños, comidas. En poco tiempo, se compró un coche adaptado, con lo que recuperó una libertad muy valiosa. «No sé cómo viviría sin él».

Ahora viaja con Magdalena al mar, a Dubái. Su hija la considera una mamá «normal» y está orgullosa de sus «hazañas cotidianas».

Si bien Kristina ha aceptado su discapacidad, no es el caso de sus padres: «Sé que es más difícil para ellos que para mí. Aunque yo sea fuerte, un padre nunca acepta algo así».

Hoy en día, Kristina es mucho más que una influencer serbia que comparte su vida con más de 17 000 seguidores en Instagram. Pone su fama al servicio de una causa: como activista por los derechos de las personas con discapacidad, también imparte charlas sobre seguridad vial y da testimonio ante los jóvenes para prevenir las consecuencias de la imprudencia al volante.

Quiere demostrar que, a pesar de las dificultades, la vida puede seguir siendo hermosa y llena de sentido. «Lo que más reprocho a la gente es que se rinda. Cada uno de nosotros puede encontrar un sentido a su vida».

Cuando le preguntan qué es lo que más echa de menos, Kristina responde sin dudarlo: «Absolutamente nada». Con una sola excepción: la sensación de poder abrazar a su hija y dar unos pasos con ella. En todo lo demás, se ha adaptado con una sencillez desarmante.

Por Dušan Poslek
es.aleteia.org

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