Aquellos que dejan huellas en medio del silencio

Aquellos que dejan huellas en medio del silencio

Todos dejamos huella en la vida de los demás. A veces se hacen más notorias que otras, porque unos trabajan a la vista del mundo, mientras que otros lo hacen en silencio. Las obras más valiosas no buscan aplausos, sino la mirada de Dios, que ve lo que se hace en secreto.

“Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa.” (Mateo 6,1)

Las buenas obras deben hacerse con sinceridad y sin buscar la aprobación humana, a menudo en silencio. Jesús nos advirtió sobre la hipocresía de quienes realizan sus obras para ser vistos por los demás, y nos recomendó buscar la aprobación de Dios, quien ve lo que se hace en secreto.

Cada palabra que decimos, cada gesto y cada acción, aun en silencio, tienen un impacto en los demás, dejando una enseñanza, una lección o, sencillamente, un mensaje del cual aprendemos.

Algunas personas llegan a nuestra vida como faros de luz que iluminan; otras, como tormentas, que, a pesar de todo, nos enseñan que en la vida hay un poco de todo, y que cada uno elige con qué clase de personas quiere estar.

Dejar huella no necesariamente implica hacer algo grande o heroico; es haber estado presente en la vida de otros cuando lo han necesitado, sabiendo que cada uno carga con una historia invisible. Con una sonrisa, una palabra o un acto de fe, puedes dar a esas personas un motivo para seguir adelante en medio de la tristeza o la tribulación.

Es vivir con un propósito, escuchar con el alma, estar presente con valores, con comprensión y con el compromiso de servir como Dios espera que lo hagamos.

Dejar huellas también es hacerlo a través del perdón, para que otros aprendan a perdonar y sanen heridas que les impiden ser libres y amar.

No se trata de impresionar al mundo, sino de tocar almas.
No se trata de la fama, sino del legado.
No se trata del “yo”, sino del “nosotros”.

Seamos de esas personas que dejan huellas profundas en la vida, en las personas, en el corazón; en nuestro propio camino y en el de todos aquellos que, aunque hayan estado solo un momento, marcaron nuestra historia. Seamos también de los que hacen que la vida tenga sentido, con un amor que acompaña cada día y que celebra la alegría ajena.

La vida es un aprendizaje, y cada persona que llega nos enseña algo importante: los que se quedan, los que se van, los que critican, los que halagan… todos nos enseñan algo. Nos ayudan a crecer y a ser cada día mejores personas.

“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.” (Santiago 3,13)

Por Luce Bustillo Schott

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio