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La clave de la felicidad


26 agosto 2008
Sección: Valores católicos

La felicidad verdadera y profunda es mucho más que solo aprender a disfrutar las cosas pequeñas y cotidianas, o aceptar nuestras cualidades y limitaciones.

La época que nos ha tocado vivir tiene una obsesión por el bienestar y el placer, que a veces son confundidos con la felicidad. Podemos caer fácilmente en la trampa de buscar la felicidad por medio de los bienes materiales, o por el reconocimiento social.

Si creemos que está en nosotros mismos la solución para la felicidad, por supuesto terminaremos solos en esta búsqueda.

La felicidad verdadera y profunda es mucho más que solo aprender a disfrutar las cosas pequeñas y cotidianas, o aceptar nuestras cualidades y limitaciones. Una actitud positiva ayuda, pero no es necesariamente la llave para la felicidad.

Cuando volvemos la mirada a Dios, encontramos la única felicidad verdadera. Desde el Antiguo Testamento las Sagradas Escrituras nos dicen que es feliz quien ama a Dios, quien le busca y espera en Él (Sal 2, 12; 34, 9; 40, 5; 84, 13; 112, 1; Prv 16,20;28, 14;Ec/34, 15;Is30, 18; Tob 13, 14.) La felicidad, en último término, reside en la comunión con Dios y en Dios como persona (Sal 73, 25).

Jesús es una auténtica puerta a la felicidad y a la esperanza. Recordemos sus palabras cuando nos explica que son felices “Quienes escuchan la palabra de Dios” (Lc 11, 28), “Quienes creen sin haber visto” (Jn 20, 29), “Quienes practican la caridad con los necesitados” (Lc 14, 14), “Los humildes y serviciales con sus hermanos” (Jn 13, 17)

San Juan Crisóstomo decía que las riquezas no proporcionan felicidad ninguna cuando el alma vive en la pobreza. La felicidad, la dicha, no se tiene por las riquezas, ni por el poder, la autoridad o la dignidad. Tampoco por la sabiduría. Estos atributos no contienen la felicidad.

El Beato Josemaría Escrivá escribió que “El abandono en la Voluntad de Dios es el secreto para ser feliz en la tierra.—Di, pues: «meas cibus est, ut faciam voluntatem ejus»—mi alimento es hacer su Voluntad.” (Camino 766)

Nunca debemos olvidar como cristianos, que la verdadera felicidad no se encuentra en esta tierra ni en esta vida, sino en la salvación del alma. Jesús nos ha mandado desear los bienes divinos más, querer el cielo.

No podemos aspirar a la felicidad “en solitario”. Jesús es el amigo que nunca olvida, el consuelo siempre presente. Él nos explicó cómo podemos reconciliarnos con Dios y llenar nuestra vida de alegría. Con Él podemos encontrar la auténtica felicidad.

Ligado al tema de la felicidad, siempre está el concepto del sufrimiento. Jesús, es bueno recordarlo, era verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Nuestro Señor Jesucristo conoció el hambre, la sed, el cansancio. A Dios no le es ajeno nuestro sufrimiento. Sin embargo no olvidemos que para los católicos, el sufrimiento y la prueba tienen un sentido.

Cada vez que experimentamos contradicciones, tristezas, traiciones, son momentos de gran valor en nuestras vidas en los que podemos recordar a Simón de Cirene, que le ayudó a Jesús con el peso de la cruz. Cuando experimentamos penas y dolor o enfermedad, tenemos la oportunidad de convertirnos en Cirineos que ayudan a Jesús con la cruz.

Si vemos el mundo con ojos humanos, terminaremos sin entender por qué del sufrimiento. Pero si impregnamos nuestra vida de Dios, comenzaremos a ver las cosas de un modo distinto. Por contradictorio que pudiera parecernos, el sufrimiento es uno de los caminos de la felicidad cristiana, porque el sufrimiento a la luz de la cruz nos acerca a Jesús.

Dios espera que seamos cristianamente felices, y eso lo podemos lograr en nuestra vida ordinaria. Acercarse a Dios es encontrar la felicidad, y a Él se le puede encontrar en todos los momentos de nuestras vidas: en el taller, en la oficina, en la escuela, en la casa. Si nos vamos haciendo conscientes de la intervención permanente de Dios en nuestras vidas, iremos conociéndolo. Conocer a Dios es amarlo, y no hay un medio más seguro para la felicidad que amar a Dios, que cumplir Su voluntad. ¿Cuántas veces hemos visto el sufrimiento de nuestra vida en el pasado para finalmente entender que era necesario para obtener un bien mayor?

La llave de la felicidad está sintetizada en los dos mandamientos fundamentales: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Cuando toda nuestra atención está volcada hacia nosotros mismos, encontraremos abundantes motivos de tristeza y contradicción. Quien es egoísta y solo piensa en si mismo, va haciendo su vida solitaria y deja de encontrar sentido en las contradicciones que le aquejan. En cambio, quien vuelca su vida a los demás estará pendiente de auxiliar, de solidarizarse con el dolor ajeno. Y, extraordinariamente, al dejar de vernos a nosotros mismos sino de amar hacia fuera y volcarnos a los demás, nuestros propios problemas y sufrimientos se vuelven menos importantes. El gran antídoto contra el egoísmo es la caridad. Y la caridad es un camino a la felicidad en la que vamos de la mano como hermanos con quienes nos rodean.

Si queremos felicidad “instantánea” terminaremos llenos de frustración. La felicidad “de aspirina” no existe. Solo Dios, Trino y Uno es la felicidad verdadera. Conocerle y enamorarse de Él es un proceso que no ocurre de la noche a la mañana. Pero si nos acercamos a Jesús, Él nos abrirá las puertas del cielo. Conozcamos a Jesucristo leyendo el Evangelio, reconozcamos cómo impregna nuestras vidas y llevemos vidas rectas y apegadas a la voluntad de nuestro Padre.

Pidámosle a la Santísima Virgen, fiel intercesora nuestra, que nos enseñe el camino de la cruz de esta vida para convertirlo en camino de felicidad. Ella nos mostrará cómo un camino lleno de espinas puede convertirse en un camino cubierto de pétalos cuando lo empecemos a recorrer con Jesús.

Comentarios
6 Comentarios en “La clave de la felicidad”
  1. alejandro Dijo:

    vivir en la volutad de DIOS, es tener que vivir con humildad siempre y resignacion enseñando lo que el señor nos enseño,hacer el bien sin fijarte a quien. todos somos hermanos del mismo DIOS, hasta las flores, los arboles, los pajaros, toda su creacion es para reconocer su voluntad cualquier señal natural es un mensaje de AMOR, de parte del creador, el sol las estrellas, la luna todo lo creo por EL y para EL.

  2. alejandro Dijo:

    vivir en la volutad de DIOS, es tener que vivir con humildad siempre y resignacion enseñando lo que el señor nos enseño,hacer el bien sin fijarte a quien. todos somos hermanos del mismo DIOS, hasta las flores, los arboles, los pajaros, toda su creacion es para reconocer su voluntad cualquier señal natural es un mensaje de AMOR, de parte del creador, el sol las estrellas, la luna todo lo creo por EL y para EL.

  3. alejandro Dijo:

    vivir en la volutad de DIOS, es tener que vivir con humildad siempre y resignacion enseñando lo que el señor nos enseño,hacer el bien sin fijarte a quien. todos somos hermanos del mismo DIOS, hasta las flores, los arboles, los pajaros, toda su creacion es para reconocer su voluntad cualquier señal natural es un mensaje de AMOR, de parte del creador, el sol las estrellas, la luna todo lo creo por EL y para EL.

  4. laura castellanos Dijo:

    hola estoy muy entuciasmada con tu pagina por q e leido algunao aportes muy importantes para nuestra vida te felicito y espero q sigas haciendo esto tan maravilloso pues ayudas a mucha gente q no sabe q le falta para ser feliz; tienen dinero y otras cosas pero no tienen lo importante como es el conoser a ese ser tan maravilloso como yo consibo mi guia mi proteccion es como sabia del arbol que la da la vida asi lo ciento yo en mi corazon un saludo y abrazo de fraternidad muy grande laura

  5. Diego Ajcalon Chumil Dijo:

    animo por evangelizar por este medio que Dios les de la sabiduria necesaria para seguir adelante
    Yo quiera resivir una vez por semano los valores cristianos
    bendiciones

  6. Hernan Arevalo Dijo:

    Encontrar temas como estos en la red.es sinónimo de encontrarse con el mensaje de Dios. adelante no decaigan que hacen el bien a mas de una persona que lo necesitamos.




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