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La formación de los Apóstoles

Pbro. Dr. Enrique Cases
15 abril 2012
Sección: Los Apóstoles

Jesús es el Modelo y el Maestro de los apóstoles, hombres de carácter y oración que se convertirían en los conocedores conocedores de la verdad para predicar en todo el mundo

Jesús es Modelo y Maestro

La formación de los Apóstoles se dio en condiciones óptimas. Los discípulos estaban ávidos de aprender lo que Jesús les enseñase. Su buena voluntad era de tal calibre que dejan todo para escuchar a Jesús. Buenos discípulos, pero mejor Maestro.La coherencia de Jesús es total y sin fisuras, posee la Verdad de un modo pleno: Él mismo es la Verdad. Sin embargo, a pesar de que todo iba a favor, no era fácil esa educación. Veamos por qué.

Un modo posible para educar a los discípulos, y en especial a los Apóstoles, podía haber sido concederles una iluminación divina especial para conocer todo lo necesario con una claridad plena. Jesús no lo hizo así, sino que actuó lentamente: habla, persuade, corrige, insiste, anima, da ejemplo, convive con los discípulos. Son las características de un magisterio muy humano, completado por la acción de la gracia. ¿Por qué lo hizo así?. Indudablemente para enseñar algo: quiere que los hombres usen la libertad, de modo que ésta no sea un adorno más o menos superfluo. Otro motivo será mostrar a los Apóstoles el modo de enseñar a otros. Puesto que ellos deberán ser maestros de muchos hombres, es lógico que enseñasen recordando la manera en que Jesús les formó a ellos.

El consejo de Isaías: “aprended a hacer el bien” no es fácil por muchos motivos. Los Apóstoles tenían unos determinados esquemas mentales cuando se unen a Jesús. Lo que oyen o ven lo interpretan según sus conocimientos previos, tanto si eran muy cercanos a la verdad, como si estaban lejos de ella. Jesús deberá cambiar los esquemas incorrectos de un modo similar a como corregirá la conducta y doctrina de los fariseos y doctores de la Ley.

Otra dificultad la pone el pecado original. Todos ellos padecen las heridas de ese pecado que deforma la naturaleza humana: ignorancia en la inteligencia, desorden en los sentidos y en las pasiones, malicia en la voluntad. Si a eso unimos la actuación de satanás, podemos comprender la magnitud de las dificultades para su formación; de hecho uno de ellos -Judas Iscariote- no sólo no asimiló esa formación, sino que fue traidor.

Jesús es el Maestro perfecto y actuó con extremada prudencia: “instituyó Doce para que estuvieran con Él” . Les formará de un modo gradual conviviendo con ellos . Veamos esa gradualidad: primero llama a los discípulos haciéndoles ver quién es Él, luego les deja tiempo para reflexionar, y, cuando es el tiempo oportuno, les pide que le sigan dejándolo todo. Al cabo de un tiempo llama a doce de ellos para formarlos de un modo especial. Marcos lo narra así:

“subió al monte y llamó a los que quiso: y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios” .

A partir de entonces les va desvelando su doctrina en la medida en la que los ve más preparados y con capacidad de asimilar. Para una misión especial deben adquirir una formación específica.

¿Cómo fue esta formación?. Los apóstoles convivirán con Jesús, aprenderán directamente en las fuentes, escucharán, pero, sobre todo, verán y vivirán; no será la suya una educación exclusivamente teórica, sino que la doctrina debe hacerse vida poco a poco en sus conductas. Deben recibir la doctrina y asimilarla de un modo vital, y así, después podrán ser enviados a todo el mundo con la base suficiente para ser fieles transmisores de una misión divina. Jesús realiza en ellos una educación de filigrana, en todos y en cada uno.

Jesús es el Maestro perfecto puesto que es Dios y hombre verdadero. Además de Maestro es el Modelo, pues como perfecto hombre encarna la meta hacia la cual deben dirigirse. Es el Modelo y el modelador. En cuanto a la doctrina, Nuestro Señor conoce la Verdad que quiere transmitir de un modo perfecto, ya que Él mismo es la Verdad. Conoce la capacidad humana y sus limitaciones, y al mismo tiempo sabe mejor que nadie las secuelas del pecado original en la inteligencia, la voluntad, las pasiones y la sensibilidad humanas. Conoce también la influencia de las ideas y las costumbres de su tiempo. No se puede pedir más a ningún maestro humano.

Jesús es el formador perfecto. Sabe a dónde va y las posibilidades de cada uno de los llamados. No exigirá a ninguno por encima de sus fuerzas y los conducirá poco a poco hacia la cumbre. El ejemplo es una necesidad educativa: después de los hechos vendrán las palabras. “Empezó a a hacer y enseñar” . Los discípulos pueden oir a Jesús en sus discursos a grandes grupos, pueden preguntar lo que no entiendan, intervenir en conversaciones informales, hablar a solas con Él. No es difícil pensar que Jesús utiliza todos los medios para formarles. La formación la dirigirá tanto a que adquieran virtudes humanas, como a aprender a tener vida de oración y trato íntimo con Dios, y será la doctrina la que ocupe un lugar privilegiado, incluyendo también la preparación para el apostolado.

Veamos por separado diversos aspectos de la formación impartida por Jesús a los Apóstoles.

Hombres de carácter

Jesús forma hombres de carácter. Trabaja en cada uno de ellos como un escultor ante un bloque de mármol. Primero quita lo excesivo y alejado de la forma deseada: cuando ésta va apareciendo, comienza la labor fina del artista que da la estructura final a la dura piedra. Así, poco a poco, a golpe de cincel, aparece una obra de arte de lo que sólo era materia inexpresiva.

Es un error pensar que la formación impartida por Jesús se reduce a un espiritualismo alejado de lo humano de modo que formar a los discípulos consistiese en darles una clases teóricas sobre la verdad, y nada más. Cristo quiere a sus discípulos muy hombres, con el mayor parecido posible a Él mismo, que es perfecto Hombre.

Jesús sabe muy bien en que consiste un hombre perfecto. Él es el modelo. Esa formación humana será la base para construir después una obra de arte de espiritualidad. Pero sin base humana se trataría de algo deforme, no sería una auténtica formación.

¿Qué hubiera ocurrido si hubiesen comenzado a anunciar la buena nueva de Jesucristo sin poseer un mínimo de virtudes humanas? Pues que hubieran hecho el rídiculo y hubieran desprestigiado un elevado mensaje. No es creíble un bello mensaje en boca de un hombre insincero o hipócrita. El débil deja la labor cuando las dificultades llegan. El orgulloso e interesado hablará más de sí mismo que del mensaje y buscará provecho material o fama cuando predique, pues le falta rectitud de intención. Sin serenidad, paciencia, magnanimidad, sencillez, castidad y madurez afectiva no es posible realizar cualquier trabajo de un modo equilibrado, menos aún si el mandato es anunciar por todo el mundo la salvación. Es preciso que “los santos sean hombres cabales, siquiera para que no los desprecien y aborrezcan los paganos, y para que la perfección no mueva a risa a los cristianos” .

Jesús atrae también por lo humano. Cuando un hombre es muy hombre posee una fuerza imposible de ocultar, aunque no alardee de ella. Si es muy sabio no serán necesarias muchas palabras para percibir su sabiduría. Sus decisiones son prudentes y acertadas en las circunstancias más cambiantes. La humanidad de Jesús se manifestaba con una fuerza desconocida hasta entonces, haciendo fácil lo difícil.

Gran parte de la formación se da sin palabras: se forma actuando. No en vano las virtudes se aprenden y se hacen vivas por actos que llegan a ser sustancia del propio carácter. No bastan los discursos y las charlas para ser virtuoso, aunque éstos discursos sean perfectos.

Fijémonos en la formación práctica de algunas virtudes. Jesús, durante su vida pública, recorrió todo Israel y sus alrededores en varias ocasiones. Muchas veces podrían cobijarse y alimentarse de un modo normal, pero otras no. Los discípulos aprendieron en las caminatas a tener fortaleza, al menos física; con ella podrán superar cansancios, malcomer, ayunos, sed y demás asperezas. Sin necesidad de palabras les fortalece y prepara para cuando tuviesen que ir a regiones lejanas.

Jesús se levantaba a alba, y, en ocasiones, atendía a gente de noche. Otras veces no tenía tiempo para comer. El que vive así no puede ser perezoso. La laboriosidad excluye la pereza y se forma haciendo cosas una tras otra. Una vez más la convivencia con Jesús les enseñaba esta virtud humana tan necesaria.

Los discípulos aprenden la verdadera amistad conviviendo. El ambiente amistoso y fraternal será alegre, pues la alegría es condición de todas las virtudes, pero sobre todo es el fruto de querer y saberse queridos. Los lazos que se establecerán entre los Apóstoles van a ser más fuertes que los lazos de la sangre. Estos hombres tenían procedencias diversas y costumbres variadas. Sólo les unía tener la misma vocación. Su amistad debe contar con los defectos de los demás. Si los defectos hacen perder la amistad, poco sólida es. Cuando las personas llevan un tiempo viviendo juntas se dan cuenta mutuamente de sus defectos. ¿Qué hacer entonces? Jesús les enseña a ayudarse con la corrección fraterna: “si tu hermano pecare contra ti, repréndele a solas. Si te escucha habrás ganado a tu hermano (…) Entonces, acercándose Pedro, le dijo: “Señor, si mi hermano peca contra mí ¿cuántas veces he de perdonarle? ¿hasta siete veces? Dícele Jesús: “No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”" . Esto es caridad fina.

La paciencia es un aspecto indispensable de la virtud de la fortaleza. Jesús les dice: “mediante la paciencia vuestra, poseeréis vuestras almas” . Les prepara para las contrariedades futuras, que pueden sorprender aunque que se esté bien advertido. En la Cruz la paciencia será pasión. Las virtudes se custodian con la virtud de la paciencia, pues si ésta falta, cualquier tesoro se arroja a la calle cuando aparece la dificultad; saber soportar lo adverso es más difícil y necesario que la audacia ante el peligro.

Jesús les avisa sobre la abnegación necesaria en todo discípulo suyo: “quien no lleva su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo” Lo cual lleva directamente a la perseverancia “no sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda terminar, y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: Este hombre ha comenzado a construir y no pudo terminar” .

La serenidad permite conservar la calma en circunstancias difíciles. Jesús nunca pierde la serenidad, y cuando los discípulos se alteran ante un peligro grande y real, los calma, como sucedió cuando la tempestad en el lago, cuando al verle caminar sobre las aguas “se turbaron y decían: Es un fantasma, y por el miedo comenzaron a gritar. Pero Jesús les dijo en seguida: “confiad soy yo; no tengáis miedo” .

En sus muchas conversaciones aprenden la magnanimidad, virtud que lleva al “ánimo grande, alma amplia en la que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo de egoísta ni la trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. no se conforma con dar; se da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a Dios” .

Jesús reacciona con alegría ante las manifestaciones de agradecimiento y magnanimidad. Tenemos un claro ejemplo en las alabanzas que profiere ante el regalo de perfume de María en Betania, mientras rechaza las críticas de Judas, que era ladrón.

Pero no sólo aprenden virtudes interiores sino también las externas como la justicia en temas tan concretos como pagar los impuestos:

“Cuando entraron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores de la didracma, y dijeron: “Vuestro Maestro no paga la didracma?”. Responde: Sí. cuando entró en la casa, se acercó Jesús y le dijo: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los reyes de la tierra las tasas o tributos? ¿De sus hijos o de los extraños?” Al decir él que de los extraños, le respondió Jesús: “Por tanto, los hijos están exentos. Más para que no los encandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, toma el primer pez que caiga y ábrele su boca. Encontrarán un estáter. Tómale y se lo das a ellos por ti y por mí” .

Además del cumplimiento de la legalidad y de evitar el escándalo de los pusilánimes, Jesús les enseña a vivir la limosna como una forma de unir la caridad y la justicia con el necesitado. Muchas de las limosnas que recibían las daban a los pobres.

Las parábolas del rico epulón y del hijo pródigo muestran una justicia muy equilibrada. El rico debe ser sensible a las necesidades del pobre, estar atento a lo que pasa a su alrededor y hacer lo que esté en su mano para remediarlo; no debe derrochar el dinero como el hijo pródigo, ni enfadarse con el que labra su propia desgracia sino ser comprensivo como el padre .

Justicia también en los juicios. Pensar mal de los demás es falta de caridad y de justicia, por eso les enseña “no juzguéis y no seréis juzgados” ,y cuando se presenta un caso concreto y juzgan mal a un ciego diciendo:”¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” les corrige diciendo: “ni pecó éste ni sus padres, sino que ésto ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él” .

Cuando los discípulos descubren a otros que arrojaban demonios en nombre de Jesús “querían prohibírselo”. Jesús no se lo permite diciéndoles que “quien no está contra vosotros, está a vuestro favor” . Jesús delicadamente les previene ante la envidia o celotipia disfrazada de buen espíritu, que tan frecuentemente ataca a las personas que quieren ser buenas, pero que se molestan, con un cierto espíritu de monopolio, con lo bueno de otros.

La castidad estaba presente en la doctrina y en toda la conducta del Maestro. Buena muestra de ello es la sorpresa de los Apóstoles cuando, al volver de un pueblo a donde fueron a buscar comida, encuentran a Jesús hablando con una mujer. Porque una de las facetas de la conducta habitual de Jesús era de no estar a solas con ninguna; tanto para evitar habladurías, como para educar a los suyos en las medidas de prudencia en la guarda de esta virtud.

Una virtud muy destacada por Jesús en la formación humana de los suyos es la sinceridad, cosa que se advierte muy claramente cuando les previene sobre el defecto clave de los fariseos, que es la hipocresía: “mirad: guardaos del fermento de los fariseos y de los saduceos” . El deseo de quedar bien a los ojos de los hombres lleva a conductas llenas de falsedad como “limpiar la copa y el plato por fuera, pero mantener el interior lleno de rapiña y maldad” . Esa falsedad se manifiesta en abandonar el cuidado de los padres aduciendo que el dinero que usan es sagrado, o en hacer limosnas de un modo ostensible, o en engañar a las viudas simulando largas oraciones con el fin de devorar sus casas, o cumplir pequeños preceptos descuidando los grandes. Jesús descubre la necedad de la hipocresía al mostrar que ante Dios no hay nada oculto: “Nada hay oculto que no haya de descubrirse, y nada escondido que no llegue a saberse” .

El hombre sincero abomina la doblez de los hipócritas, primero porque ofende a Dios, pero también porque deshumaniza. Los insinceros son retorcidos, astutos, falsos, molestos a Dios y a los hombres. No es posible ser amigo de alguien de quién se sabe que nos engaña. La sinceridad que pide Jesús es diáfana: “sea, pues, vuestro modo de hablar: sí, sí, o no, no. lo que exceda de esto viene del Maligno” . La sinceridad enseñada por Jesús no es un mero no decir mentiras, es una auténtica virtud que entraña ser leales, nobles, veraces, enemigos de la doblez. Y si algo falla, se arregla hablando a las claras con Jesús.

La prudencia es una virtud difícil de formar porque la decisión final depende de circunstacias a veces imprevisibles, por eso les dirá: “mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, cautos como las serpientes y sencillos como las palomas” . Ser buenos no equivale a ser ingenuos, porque la bondad no excluye la inteligencia. Deben contar con que algunos querrán destrozarlos movidos por el pecado, la envidia o el Maligno. Deberán ser audaces para manifestar la buena nueva a todas las gentes, pero con la cautela de saber que no faltarán los que les escuchan para hacerles daño: “no déis las cosas santas a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y revolviéndose os despedacen” .

La sencillez no excluye la sagacidad y la oportunidad, pero la prudencia excluye el miedo a tener problemas. Si son prudentes adquirirán ese equilibrio que lleva a acertar. Para que aprendan a enfrentarse con los problemas Jesús les dará mandatos variados, como enviarles sin ningún apoyo material en la primera excursión apostólica para que aprendan a confiar en Dios: “no llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón” , en cambio más tarde les dirá que lleven diversas reservas.

La formación que Jesús da a los suyos se resume en hacerse como niños, pues “quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielo” , lo que lleva a que el que quiera ser el primero ha de ser el último de todos y el servidor de todos (Mc 9,35; Lc 9,46-48).

Los Apóstoles irán adquiriendo una mayor madurez humana.Ciertamente rezar lleva a ser un hombre mejor, puede ser falseado pero si no se tienen virtudes humanas y se es insincero, falso, débil, tímido, pusilánime, encogido, cobarde. En cambio un hombre noble e íntegro es fácil que pueda aceptar la fe que no la conoce, porque es honrado. “La naturalidad y la sencillez son dos maravillosas virtudes humanas, que hacen al hombre capaz de recibir el mensaje de Cristo. Y al contrario, todo lo enmarañado, lo complicado, las vueltas y revueltas en torno a uno mismo, construyen un muro que impide con frecuencia oir la voz del Señor” .

Juan Pablo II enseña a los sacerdotes algo que es común para todo hombre:”sin una adecuada formación humana toda la formación sacerdotal estaría privada de su fundamento necesario”. Jesús así lo vivió con los suyos, si no, aquellos hombres hubieran sido caricaturas de santo, algo deforme para los hombres íntegros que los observasen.

Es lógico pensar que unos avanzan más que otros en esa formación del carácter. Pero es indudable que la formación que Jesús les da tiene un fuerte contenido de perfeccionar lo humano. Así podían parecerse algo más al que era perfecto Hombre, además de perfecto Dios.

Hombres de oración

Rezar fue lo primero que hicieron los Apóstoles tras la Ascensión de Jesús a los Cielos: “perveraban unánimes en la oración” . Su reacción es como un rápido reflejo hondamente enraizado, natural, como el agua que mana de la fuente. Ya vendrá después la acción apóstolica, el ir y venir, pero lo primero es lo primero, y junto a María Santísima se colocan en la presencia de Dios, le adoran, piden cosas, reflexionan sobre lo que han aprendido con Jesús, dan gracias, piden perdón por sus insuficiencias; en una palabra rezan como les enseñó Cristo.

¿Cómo enseñó Jesús a rezar? Les enseñó a rezar rezando. Cuando los discípulos se incorporan a la convivencia con Jesús hacen lo que Él hace. No cuesta imaginar una cierta organización primera: duermen, se levantan, dedican un tiempo a rezar, se alimentan, van de un sitio para otro, hablan, se paran de nuevo para otro rato de oración. Bien, pero ¿cómo era su oración en los comienzos?. Es de suponer que era de lo más variado, una veces todos juntos se ponen en presencia de Dios y Jesús les habla en una meditación personal y sencilla; otros meditan a solas lo que han escuchado en las predicaciones del Señor; otros recitan algunas de las bellas oraciones que se recogen en la Biblia; otras de sus consideraciones seguirán el rumbo de los acontecimientos. Pero la oración era siempre un diálogo con Dios.

Sin embargo, algo nuevo los desconcierta: Jesús reza de una manera que les sorprende. El Maestro pasa muchas noches en oración: cuando reza en voz alta la profundidad de sus palabras refleja una vida íntima riquísima. Toda la vida de Jesús era oración; no se advierten en Él otros intereses que los divinos. Por eso un día se atreven a pedirle: “Señor, enseñanos a orar, como enseñó también Juan a sus discípulos. Y Jesús les respondió: Cuando os pongáis a orar, habéis de decir: Padre, sea santificado tu nombre” . Les revela así el secreto de su oración: tratar a Dios como hijos. Cierto que Dios es Todopoderoso, Sabio, Eterno, Bueno, Infinito, Creador y Perfecto, pero al mismo tiempo es Alguien que les escucha, un Padre amoroso que les conoce a cada uno como si sólo existiesen ellos dos en el mundo. Para hacer oración ya no se tratará de hacer pomposas lecturas como hacían los romanos, ni complicados ritos, sino que basta el diálogo de un hijo con su Padre; ése es el nervio de la oración cristiana. Sobre esta base firme -saberse hijos de Dios- podrán construir una vida religiosa auténtica.

Muchas veces volverá a la memoria de los Apóstoles el tono con que Jesús les enseñaba el Padrenuestro. La palabra Padre tiene un acento único en boca de Jesús. Las peticiones son las propias de los hijos, primero quieren la alegría del Padre: santificado sea tu nombre; luego pedirle que muchos puedan participar de la felicidad divina cuanto antes, pues también son hijos de Dios: venga tu Reino. Las peticiones personales quedan condensadas al suplicar nuestro pan de cada día dánosle hoy, petición en la que se unen las necesidades materiales y las del alma; después viene el clamor del hombre pecador: pérdonanos nuestras deudas; prometiendo actuar del mismo modo, y perdonar a los que nos ofenden; junto a todo esto la consideración de la ayuda necesaria ante las dificultades: no nos dejes caer en la tentación ; con el propósito decidido del hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo . Es muy posible que desde el principio rezasen juntos esta oración.

Ese diálogo con el Padre debe darse en el interior de cada uno:

“cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará, pues bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis” .

Cuando ayunen lo hacen para agradar a Dios, no por otros motivos, sólo así “tu Padre que está en lo oculto te recompensará”. En las necesidades de la vida no deben olvidar que “bien sabe vuestro Padre celestial que de todo esto tenéis necesidad” .

La oración enseñada por Jesús abarca toda la vida, no se reduce a unas prácticas piadosas: aunque todo hombre necesite esos tiempos silenciosos, toda la vida debe ser oración. Los Apóstoles adquieren poco a poco esa oración continua propia del que tiene, como Jesús, intimidad con Dios Padre.

Jesucristo les previene sobre deformaciones de la verdadera oración. Es el caso de “los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa” . Este defecto no es algo exclusivo de los fariseos y lo encontrarán con frecuencia en los modos religiosos de otras naciones manifestándose en supersticiones, vanidades, o ignorancias.

La parábola del fariseo y el publicano quedó grabada de un modo indeleble en su memoria; Jesús muestra en ella dos modos bien distintos de orar. El fariseo reza presentando sus méritos, lleno de orgullo, por eso se compara con aquel publicano, al cual juzga como pecador; mirando los defectos ajenos no reconoce sus debilidades, y, desde luego, habla más de sí mismo que con Dios. Así lo cuenta el mismo Jesús: “el fariseo quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros” . Todos recordarían las veces que habían vistos escenas similares, y quizá habían pensado que eran el modelo de un buen creyente; pero Jesús les descubre su falsedad. Para que les quede más claro les coloca un pecador como modelo de oración bien hecha: el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador” . Sin humildad no puede existir verdadera vida espiritual.

La oración que enseña Jesús es la oración de los hijos de Dios. En aquella época se daban en el mundo diversas formas de oración en las muchas religiones existentes. Rezan los paganos de muchas maneras: en las religiones mistéricas pretendían unirse con los dioses a través de ritos excitantes y con bebidas; los hindús y los budistas seguían vías de gran mortificación para dominar el cuerpo y elevar el espíritu con técnicas bastante complicadas, al igual que los órficos y los pitagóricos; los romanos seguían ritos externos llenos de largas y precisas lecturas; la gente sencilla de todos los lugares tenía muchas supersticiones. En este contexto contrasta más aún la sencillez de la oración de los hijos de Dios, llena de confianza y con una exigencia no pequeña, pero suave.

En la oración de los hijos de Dios, “la piedad que nace de la filiación divina es una actitud profunda del alma, que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos. ¿No habéis observado que, en las familias, los hijos aun sin darse cuenta, imitan a sus padres: repiten sus gestos, sus costumbres, coinciden en tantos modos de comportarse?

Pues lo mismo sucede en la conducta del buen hijo de Dios: se alcanza también -sin que se sepa cómo, ni porque camino- ese endiosamiento maravilloso, que nos ayuda a enfocar los acontecimientos con el relieve sobrenatural de la fe; se ama a todos los hombres como nuestro Padre del Cielo los ama y -esto es lo que más cuenta- se obtiene un brío nuevo en nuestro esfuerzo cotidiano por acercarnos al Señor. No importan las miserias, insisto, porque ahí están los brazos amorosos de Nuestro Padre para levantarnos”.

Confianza y sencillez es la característica de la oración enseñada por Jesús. Pero “siempre y sin desfallecer” , pues Dios “hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche”, no sólo porque la insistencia consiga que hasta un juez inicuo imparta justicia, sino porque Dios quiere realizar esa justicia, ya que es Bueno y es Padre: “os aseguro que les hará justicia sin tardanza” y a nosotros nos hace bien. La inconstancia y el desfallecimiento manifiestan falta de fe, pues dejar de rezar al retrasarse lo pedido es signo de desconfianza en la Sabiduría o el poder de Dios, que siempre sabe más.

La enseñanza de Jesús sobre la perseverancia en la oración se une a la severa advertencia de que es preciso mantenerse fieles a la fe:”Creamos para orar” -comenta san Agustín- “y para que no desfallezca la fe con que oramos, oremos. La fe hace brotar la oración, y ésta, cuando brota, alcanza la firmeza de la fe” . Fe y oración van siempre unidas.

La oración es señal de amor a Dios y su mejor manifestación. Jesús da su plena realización al primer mandamiento:

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento” .

El que reza alcanzará la comunión con Dios amándole.

La confianza en el poder de la oración la verán los discípulos en los muchos milagros que hace Jesús. Pero su extrañeza será grande cuando oigan decir al Señor: “el que cree en mí, también hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si le pidiéreis algo en mi nombre, yo lo haré” . Es comprensible que los Apóstoles hiciesen de la oración una columna imprescindible en la Iglesia.

Pero la máxima educación espiritual la recibirán los Apóstoles cuando vean a Jesús rezando en el huerto de los Olivos y escuchen su oración: “Abba, Padre, todas las cosas te son posibles. Aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres” . La mejor oración es cumplir la Voluntad de Dios, aunque sea difícil como en la Pasión. Jesucristo insiste “de nuevo por segunda vez se alejó y oró diciendo: “Padre mío, si esto no puede pasar sin que lo beba, que se haga tu voluntad”" . Esta entrega plena de Jesús contrastaba con la debilidad de los discípulos, pues se durmieron a pesar de sus buenos propósitos y no supieron estar a la altura de Jesús en su oración. Nunca olvidarán que en esos momentos Jesús les dio una de las últimas lecciones: “velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil” .

Una vez recibida la adecuada formación espiritual deben madurar en la oración. La vida del espíritu irá creciendo en la medida en que dejen entrar a Dios en sus almas y cumplan su voluntad. La meta la indica muy bien San Agustín: “El precepto de la caridad se reduce a estas pocas palabras: Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si reprendes, reprende por amor; si perdonas, perdona por amor”

La meta de la formación espiritual que Jesús imparte a los suyos es “sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” . Este el camino de oración enseñado por Jesús a los suyos.

Conocedores de la Verdad

La enseñanza intelectual ocupa una parte muy importante en la formación de los Apóstoles. La inteligencia busca la verdad de un modo inexcusable, y no podía prescindir el Señor de este aspecto de la formación. La ignorancia es uno de los peores enemigos de Dios en el mundo. La formación de los Apóstoles debe ser adecuada para que sean maestros de sabios y de ignorantes, para lo cual deben conocer muy bien la Verdad. Observemos el modo utilizado por el Maestro para educar intelectualmente a sus discípulos.

Jesús enseña con autoridad. Es lógico que sea así. Sería un engaño o falsa humildad enseñar de otro modo. Enseñar con autoridad ya es una revelación de Sí mismo, pues nadie puede enseñar con una autoridad y seguridad tan plena como Dios mismo. Los que le escuchan perciben con nitidez este aspecto tan distinto del de los maestros que enseñan en Israel . Los Apóstoles deberán seguir un método similar, conscientes de que no transmiten opiniones humanas, sino la palabra de Dios conocida a través de Jesús .

La fe no excluye la razón: indaga para entender. No puede prescindir de la razón ni del esfuerzo de “pensar” sus contenidos como testimoniaba la gran mente de Agustín: “He deseado ver con entendimiento aquello que he creído, y he discutido y trabajado mucho” . Jesús conoce bien estas posibilidades y aspiraciones de la inteligencia humana, y adapta su educación a la mente de los doctos, como Nicodemo, y de los sencillos, como son la mayoría.

Muchos son los medios utilizados por Jesús para enseñar su doctrina: habla a grupos grandes y pequeños; hace discursos largos y explica las cosas en tertulias informales o a personas concretas. Lo mismo ocurre con el lenguaje: “para salvar al hombre- escribe Clemente de Alejandría -emplea Cristo todos los acentos y varía sin cesar su lenguaje. Ya amenaza y advierte, ya se indigna, o expresa su compasión con lágrimas”. Podemos añadir: unas veces enseña de un modo solemne, otras conversa familiarmente, otras utiliza un lenguaje elevado. Ofrece todos los tipos de enseñanza: el sermón solemne, el catecismo, la homilía, el diálogo amistoso, el discurso polémico, la simple réplica. Su lenguaje se hace grave en las sinagogas y en el Templo, pero se torna sencillo con los discípulos y con los menos preparados intelectualmente. Hasta sus conversaciones de sobremesa poseen enseñanzas llenas de riqueza.

Su enseñanza se dirige a la inteligencia, al corazón y al sentimiento, partiendo con frecuencia de la experiencia de los que le escuchan. Expone los principios y deduce las consecuencia con vigor. La verdad y la sencillez de su magisterio permite que sea inteligible para los hombres de toda época y cultura. Sorprendente fenómeno si no supiesemos quien es el Maestro que enseña.

Junto a las enseñanza orales se dan hechos que también son enseñanza. Los milagros confieren autoridad a las palabras de Jesús mostrando la divinidad de su magisterio; pero ellos mismos son signos elocuentes. La curación de los leprosos habla de la limpieza del alma. El paralítico caminando es motivo para mostrar el perdón de los pecados. Las resurrecciones muestran una vida nueva después de a muerte, el dominio sobre los elementos y su superioridad sobre las fuerzas de la naturaleza. Y otro tanto podría decirse en muchos más hechos elocuentes.

Pero vayamos ya a la predicación del Señor. Es posible resumirla en cuatro grandes apartados: el Sermón del Monte, las parábolas, las discusiones con fariseos y doctores de la ley, y las conversaciones con discípulos. Es un resumen necesariamente incompleto, pues toda la vida de Jesús es enseñanza viva, pero así podemos comprender mejor su catequésis doctrinal.

El Sermón del Monte lo suelen situar los expertos al comienzo del segundo año. Antes, Jesús había comenzado a predicar diciendo un escueto mensaje: “Arrepentíos, porque el Reino de los cielos ha llegado” . . No se limitó a decirlo una vez sino que, después de proclamar su mesianidad con claridad en Nazaret -donde había vivido casi toda su vida- predica por todo Israel: “Y recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas y predicando la buena nueva del reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo” , Lucas precisa que también “predicaba en las sinagogas de Judea” . La expectación que suscitan sus palabras y sus milagros es grande, eso reúne una multitud en aquel monte.”Su fama se extendió por toda la Siria… y le seguían turbas numerosas de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea y del otros lado del Jordán… así como del litoral de Tiro y Sidón” . Éste era el público que escuchaba a Jesús en el monte en que eligió a los Doce.

La predicación de Jesús no parte de cero puesto que los que acudían a escucharle ya conocían la Sagrada Escritura. La expectación

era para cerciorarse si efectivamente era el Mesías, además de desear conocer su doctrina. Los conocimientos básicos que poseían podemos resumirlos así: aceptan la existencia de un sólo Dios verdadero, espiritual y omnipotente; conocen la Ley para poder cumplir la Voluntad de Dios y ser justos; se sienten miembros de un pueblo elegido, comprometido en una Alianza con Dios que les promete un Mesías Rey que les salvará. Junto a esos conocimientos esenciales se encontraban algunos no correctos como el libelo de repudio- por la dureza de su corazón- , y otros no queridos ni permitidos por Dios pero añadidos por los hombres, que deformaban el sentido de los mandatos divinos. Éste es el marco en que se desarrolla la predicación de Jesús: luz y tinieblas.

Una de las primeras precisiones de Jesús será dejar bien claro su continuidad con la revelado anteriormente por Dios: “no penséis que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a perfecionar” . Más adelante precisará en que consiste la novedad y la perfección.

Una primera mirada parece indicar que se trata sólo de enseñanzas morales y ascéticas, pero la realidad es más profunda. Lo más esencial que Jesús enseña en aquel momento solemne es que Dios es Padre, y El es el Salvador. Ya conocían a Dios como Creador y muchas de sus características como su ser espiritual y transcendente al mundo. Jesús va a mostrar la intimidad de Dios con una riqueza de detalles desconocida hasta entonces. Dios es un Padre que “ve en lo secreto y que te premiará, al mismo tiempo conoce las necesidades (…), perdona (…), es superior a las riquezas (…), debe ser servido(…), cuida de los hombres, de los pajaros y de los lirios del campo (…), escucha las oraciones” . Más adelante, en la medida en que estén más preparados para aceptarlo, les revelará que Él mismo es Dios -consustancial con el Padre- y que existe una tercera persona en Dios llamada Espíritu Santo .

Sobre la base de la revelación de Dios como Padre explica la actitud de los hijos de Dios. Lo primero será cumplir los mandamientos sin las deformaciones que se habían introducido . Después les mostrará el camino de la perfección que son las bienaventuranzas . A lo largo de los evangelios van saliendo otras , además de las ocho que transmite Mateo, pero todas coinciden en ver a Dios Padre detrás de todos los acontecimientos, incluso los que se presentan como más desagradables. Sólo cuando ven la realidad con esa perspectiva pueden ser felices en la tierra y alcanzar la bienaventuranza eterna.

Las parábolas ocupan un lugar privilegiado en la enseñanza que Jesús quiere impartir. Tanto los griegos como los judíos usaban imágenes y narraciones sugestivas y atrayentes para ilustrar sus enseñanzas. Basta recordar el mito de la caverna para mostrar el modo de conocer, o el auriga con un caballo dócil y otro rebelde para indicar cómo es el hombre, como ejemplos que usó Platón. Los judíos las llamaban mashal que significa semejanza. Estas semejanzas iban desde el corto proverbio hasta la narración profética o la sentencia enigmática.

En el Evangelio se recogen al menos treinta, aunque se puede considerar como parábolas unas setenta en el sentido amplio de explicación con imágenes o proverbial. Mateo dice lo siguiente: “todas estas cosas habló Jesús al pueblo en parábolas y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo que había dicho el profeta: abriré en parábolas mi boca; declararé las cosas escondidas desde la creación del mundo”, luego la importancia dada por Jesús a este modo de enseñar es grande. El motivo radica en lo fácil que es entender algo en ellas. Las imágenes y narraciones son agradables para todos, incluso los hombres más inteligentes y preparados para el estudio. Para los más sencillos son especialmente necesarias ya que no les resulta fácil comprender conceptos abstractos. Han pasado los siglos y las parábolas siguen conservando el colorido y el interés primeros. A pesar de los cambios de costumbres, se graban fácilmente en la memoria, ofrecen sólido alimento de reflexión a sabios y a sencillos, a santos y a pecadores. La belleza de estas parábolas tiene el mérito de enseñar realidades altas con métodos fáciles. Se dice mucho y no sobra nada. Jesús manifiesta un penetrante sentido de observación, pero más admirable que la forma exterior son las lecciones que enseñan. San Bernardo dice bellamente:su superficie considerada, por decirlo así, desde fuera es graciosa; pero rota la almendra hállase en lo interior algo mucho más agradable y deleitoso . La validez de este modo de enseñanza en todos los tiempos y culturas es una muestra más de la sabiduría de Nuestro Señor.

Pero hay más, pues cuando los discípulos preguntan a Jesús: “¿Por qué les hablas en parábolas?”, les responde de un modo enigmático: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos y a ellos no” ., y concluye con una frase difícil tomada del profeta Isaías “oiréis, pero no entenderéis, miraréis, pero no veréis. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y han cerrado sus ojos, para no ver con los ojos ni oir con los oídos ni entender en su corazón, ni convertirse, ni que yo los sane” , es decir, entienden las palabras divinas sólo los que tienen buenas disposiciones, no basta simplemente con oirlas. Concluye su explicación con una nueva bienaventuranza: “Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oir lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron” .

Se podría pensar que el sentido oculto a las imágenes de las parábolas sólo se desvela a los hombres de buena voluntad, mientras que está cerrado a los que tienen el corazón pervertido; sin embargo los mismos Apóstoles no entienden siempre lo que significan las parábolas. Es muy frecuente que pregunten el sentido pleno que tienen en boca del Maestro. En ocasiones el mismo Jesús se queja de su falta de entendimiento: “¿También vosotros estáis aún sin inteligencia?” . Aquí se puede descubrir la importancia del papel activo del discípulo para entender al Maestro.

Las enseñanzas contenidas en las parábolas se pueden agruparl en varios apartados. En primer lugar las parábolas del Reino de los cielos en las que va mostrando progresivamente la Iglesia y su realización en la historia ; otras parábolas hacen referencia a la libertad, los diferentes dones que cada uno recibe con el premio y castigo en el cielo o en el infierno . Otro grupo lo forman las parábolas de la misericordia en que muestra del modo más expresivo la maravilla del perdón de Dios . Más tarde aparece un conjunto de parábolas para muy variadas cuestiones como son la del buen pastor, la vid y los sarmientos, el juez injusto y otras comparaciones que forman un mosaico pleno de matices y de luces. Los apóstoles utilizarán muchas imágenes similares en su predicación como consta en las epístolas de Pedro, Santiago y Judas Tadeo.

Otro método utilizado por Jesús es la polémica, pero sólo la realiza cuando los enemigos de la Buena Nueva quieren discutir. No es la manera más frecuente utilizada por el Señor, pero no rechaza la discusión cuando lo exige la caridad y la justicia. Los Apóstoles tendrán que usar muchas veces ese sistema tan diferente a la exposición tranquila ante los bien dispuestos que atienden con gusto y atención, pues muchas veces escuchan gentes discutidoras y mal dispuestas. En las discusiones, la agilidad mental y la atención deben ser muy grandes pues la doctrina se expone ante personas inteligentes, pero dispuestos a retorcer las palabras, malinterpretar los gestos más inocentes o buscar errores o contradicciones e intenciones perversas. Cabría callar y evadir la discusión y la polémica, pero eso no sería caridad, sino traición a la verdad y cobardía. La respuesta en una polémica debe ser muy medida pues es peligroso acorralar al que discute y es mejor no herir ni humillar al que polemiza. Si es posible, hay que ganarlo para la verdad, y esto no es fácil pues algunos se ofenden se haga lo que se haga. En caso de duda, es mejor optar por defender a los que están en la verdad que a los que buscan el enfrentamiento con intenciones torcidas.

Son varios los casos de las respuestas polémicas de Jesús, aunque a veces calle ante muchos insultos. Uno de ellos es cuando le acusan de hacer los milagros con el poder de satanás. Jesús nunca quiere consentir nada en este terreno y usa un argumento ad hominem : “todo reino dividido contra sí mismo queda desolado y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir. si satanás expulsa a satanás, está dividido contra sí mismo. ¿Cómo puede entonces subsistir su reino? Y si yo expulso los demonios por Beelzebúl, vuestros hijos ¿por quién los expulsan?. Por eso, ellos serán vuestros jueces. Por tanto, si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros” . Lo mismo ocurre cuando le preguntan con mala intención sobre el poder con que hace las cosas, y les responde indirectamente con una pregunta a la que no son capaces de contestar, sobre si el bautismo de Juan es de Dios o de los hombres ,, lo hace así porque no preguntaban para conocer la verdad, sino para poner en un aprieto a Jesús.

Son muy significativas las polémicas con diversos grupos de judíos que no quieren creer en Jesús. Una de ellas se produce cuando se unen los fariseos y los herodianos contra Jesús a pesar de ser enemigos entre sí; la cuestión planteada les parece de imposible solución: el tributo al Cesar. Si responde que paguen se enemista con los judíos nacionalistas, si contesta que no paguen encontrará la oposición de los romanos y los colaboracionistas. Jesús contesta de modo que todos enmudecen, se maravillan y se marchan: “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” . En esta breve frase se condensa la difícil relación entre la Iglesia y el poder civil, o la autonomía, no la independencia, de las cuestiones temporales. En la misma línea discurre la pregunta sobre el libelo de repudio o divorcio .

El grupo de los saduceos, que eran más materialistas, le plantea una rebuscada objección sobre la resurrección frente a la ley del levirato. La mala intención de la pregunta es clara. Jesús responde con fortaleza: “no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios” y, después de reiterar la verdad de la resurrección de los cuerpos, revela una nueva perla de doctrina sobre la condición de los cuerpos resucitados, modelos para los que vivan el celibato por amor de Dios en esta tierra: “En la resurrección no hay mujer ni marido sino que son como ángeles de Dios en el cielo” .

Jesús utiliza en las polémicas argumentos aceptados por los que le escuchan. Ante los saduceos cita a Moisés, para los fariseos usa otros textos de la Sagrada Escritura, para los herodianos la fuerza de la razón. Para los que abiertamente mienten o e insultan, desvela las malas intenciones disfrazadas de interés y los argumentos “ad hominem”. Los Apóstoles y sus sucesores tendrán que utilizar estos métodos, como pastores que defienden las ovejas de los lobos que intentan matarlas o dispersarlas. Hombres versados en la polémica, como San Atanasio o San Juan Crisóstomo, serán tan necesarios en la Iglesia como los que se dedican a enseñar a los fieles bien dispuestos.

Jesús utiliza otro modo de enseñanza en la convivencia con amigos y discípulos. Unas veces es en las comidas, otras caminando, otras en los descansos, otras a raíz de comentarios tan sencillos como admirarse de la belleza de la construcción del templo. Son como perlas no buscadas que adquieren más valor por su naturalidad y sencillez.

Muchas son estas enseñanzas. ¿Quién no recuerda aquella sobre la primacía de la oración ante las dos hermanas Marta y María? . La exhortación a la humildad es mucho más expresiva ante el espectáculo un tanto ridículo de la búsqueda de los primeros puestos en los banquetes . La marcha del joven rico que no fue generoso, es ocasión para hablarles de la verdadera pobreza y de la dificultad para los ricos para alcanzar el Reino de los cielos . Bendice a los niños que acuden a Él y propone su inocencia y sencillez como modelo para el cristiano. . Alaba la limosna de la viuda pobre . Durante una comida le preguntan si son muchos los que salvan y les previene contra la presunción animándoles a la lucha . Ante el que hace milagros en nombre de Jesús les dice que no se lo prohíban, superando una tentación de envidia . La unción realizada en Betania por María con un perfume valioso es ocasión de que les enseñe la difícil virtud de la magnanimidad .

A pesar de todo, los Apóstoles entendían con dificultad, de modo que, cuando en la Última Cena Felipe dice a Jesús: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, Jesús se queja un poco de su escasa inteligencia de los misterios de la fe: “Felipe, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre” .

La formación que Jesús imparte la completará después de la Resurrección abriéndoles la inteligencia. Volverá a explicarles el significado de las cosas -repitiendo con insistencia y amor, y con muchos argumentos- durante los cuarenta días que transcurrieron hasta la Ascensión a los Cielos de Nuestro Señor. Pero aún así les promete el Espíritu Santo como un nuevo maestro para siempre: “todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad” . El Espíritu Santo no les enseñará cosas nuevas, pues la Revelación queda completa con Jesucristo, pero les hará comprender lo revelado por Jesús.

La conversación personal es otro método usado por Nuestro Señor para educarles. Preguntas como la de Felipe se darían con frecuencia. Un caso entre muchos es la corrección a Juan y a Santiago cuando piden que baje fuego del cielo sobre la aldea de samaritanos que no han querido acogerles; Jesús les muestra su espíritu de mansedumbre e incluso bromea un poco con ellos llamándoles “hijos del trueno” . El diálogo con Pedro, después de elegirle como roca sobre la que construirá su Iglesia, es una lección imponente de fe unida a la caridad, de modo que el cariño será compatible con el necesario sacrificio .. Los casos se multiplicarían con la convivencia y éste era uno de los motivos para convivir con ellos: formarlos de un modo integral en la mente, en el corazón, como hombres y como apóstoles.

Los Apóstoles disfrutaron de muchos medios educativos para poder utilizarlos en su futuro magisterio. Están informados de la Verdad y formados para impartirla con eficacia. No en vano el mandato que recibirán antes de la Ascensión de Jesús a los cielos es bautizar y enseñar.

Id a todo el mundo

Jesús dió un mandato imperativo a los Apóstoles:

“Id al mundo entero y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará” .

Este mandato va acompañado con unos poderes extraordinarios:

“a los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes y, si bebieren algún veneno, no les dañará; impondrán las manos a los enfermos y quedarán curados” .

Mateo es más explícito en el contenido de la misión apóstolica:

“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado” .

¿Qué formación proporcionó Jesús a los discípulos para una misión tan grande? Vale la pena meditarlo.

Las dimensiones de la misión apóstolica son grandiosas, casi excesivas. Dirigirse a todos los pueblos de la tierra, enseñar una doctrina nueva, bautizar a los que crean, enseñarles un comportamiento moral. Sobrecoge pensar lo que lleva consigo esta misión: deben aprender lenguas, adaptarse a muchas culturas, superar fronteras, conseguir que cambien de religión y abandonen muchas tradiciones, predicar unas costumbres de vida rigurosas, y estar dispuestos a morir para desarrollar esa misión. Parece una tarea desproporcionada desde el punto de vista humano. Cierto que la fuerza más importante de que dispondrán es la gracia divina, pero la formación con la que Jesús prepara a los discípulos también cuenta, pues no conviene dejarles sin esa preparación humana, y Jesús no lo hace. Es más, la formación que les proporciona servirá a todos los apóstoles de todos los tiempos.

La formación apostólica va precedida de las anteriores. Difícil sería ir a todo el mundo si careciesen de virtudes humanas, o si no fuesen suficientemente rezadores y santos, o si su educación doctrinal fuese insuficiente. Nadie da lo que no tiene. En una ocasión, Jesús les dió una importante lección “al ver las muchedumbres: se llenó de compasión hacia ellos porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor”. Entonces les muestra cómo la oración debe preceder al apostolado: “la mies es mucha pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a la mies” . No les dice que actúen con más eficacia, o que se organizen mejor, sino que rezen pidiendo apóstoles. Lo primero para un apostolado eficaz será siempre la oración pues los frutos dependen de la gracia de Dios.

La constancia, la generosidad, la afabilidad, la perseverancia, la valentía, la audacia y todo el cortejo de virtudes guiado por la prudencia y regidos por la caridad, serán el acompañamiento necesario para cualquier trabajo apostólico. La falta de cualquier virtud repercute en malos ejemplos, retrasos, dificultad para conectar con los mejor dispuestos o para enfrentarse con las dificultades. Las virtudes humanas son un apoyo básico para el apostolado.

La doctrina bien asimilada será otra de las condiciones de un apostolado que debe comenzar por enseñar verdades. Si la verdad se asimila plenamente podrá adoptar formas muy variadas sin deformarse con la influencia de las culturas y religiones que encontrarán a lo largo del ancho mundo. No se puede hablar igual a los romanos que a los judíos o a los etíopes. No puede ser el mismo discurso para los sabios que para los ignorantes. La asimilación de la doctrina es fundamental para el apostolado, pues las conversiones deben ir precedidas siempre por la exposición de la doctrina.

Una vez adquiridas estas condiciones previas comienza la formación apostólica propiamente dicha. Unas veces serán consejos y mandatos, otras prácticas apostólicas.

Veamos primero la práctica. Acompañar a Jesús es lo primero, y así lo hacen cuando “recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia” . Jesús comienza a enseñar haciendo las cosas Él; después vendrá la teoría. Los apóstoles podían aprender en vivo los diversos modos de explicar la doctrina y las virtudes que ejercitaba Jesucristo. La diligencia para moverse de pueblo en pueblo, la afabilidad, generosidad y claridad de las predicaciones a los que acudían a ellos hasta no dejarles tiempo ni para comer , o la fortaleza y caridad para aceptar las conversaciones durante la noche robando tiempo al descanso, era el pan de cada día. La actividad era intensa y sin concesiones, aunque, en ocasiones, hiciese un alto para descansar, formar a los apóstoles o rezar con calma. Ven cómo Jesús hace un apostolado abierto a todos sin excluir a nadie, trata a ricos y pobres, sabios e ignorantes, judíos y gentiles, jóvenes y ancianos. Todo esto forma parte de la formación de los discípulos.

Después del Sermón del Monte y de la elección de los Doce les envió a predicar delante de Él: “comenzó a enviarlos de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos” . Es fácil suponer el nerviosismo y la inquietud de todos ante aquella primera misión; la timidez y una cierta inseguridad se apodera de ellos, pero ahí reside una lección importante para el apostolado: aprenden a predicar predicando. Patos al agua es el método utilizado por Jesús. Los lanza a la acción; pero con prudencia; por eso indica que vayan de dos en dos, así pueden apoyarse mutuamente y comunicarse seguridad en situaciones inesperadas. Marcos cuenta que “ellos se fueron predicando penitencia; y expulsaban a muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los curaban” . La sorpresa ante los milagros que realizaban y su poder sobre los demonios debió ser extraordinaria: casi no podrían creerselo. Al mismo tiempo predicaban el arrepentimiento y muchos se convertían al oir sus palabras llenas de entusiasmo.

La vuelta de la primera salida apóstolica debió ser exultante. Contaban sin parar sus aventuras, y al escuchar a los demás su gozo crece. ¡Es formidable lo que hemos sido capaces de hacer! Es cierto que Jesús les habla de dificultades y de persecuciones, pero les parecen nonadas después de lo que han experimentado haciendo milagros. El miedo suele agrandar los peligros ensanchándolos en la imaginación. El gozo y el entusiasmo unidos a los milagros y las conversiones les llenan de una confianza que si se convierte en excesiva podría traerles problemas no pequeños. Por eso Jesús, sin quitarles el entusiasmo, les previene ante el peligro de la presunción o de atribuirse a sí mismos los éxitos apóstolicos o los milagros afirmando después de la predicación algo muy importante para sus vidas:

“volvieron los setenta y dos con alegría diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. El les dijo: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el Cielo” .

De hecho, en otra ocasión les previene con palabras fuertes para que no se confíen: “muchos me dirán aquel día: Señor, Señor, ¿pues no hemos profetizado en tu nombre, y arrojado los demonios en tu nombre, y hecho prodigios en tu nombre? Entonces yo les diré publicamente: jamás os he conocido: apartaos de mí, los que habéis obrado la iniquidad” . El apóstol tiene ante sí la tarea de aplicarse a sí mismo lo que enseña a otros y no envanecerse con las cosas buenas que Dios realiza a través de él. El apóstol es un instrumento libre en manos de Dios.

Las advertencias para un apostolado cristiano las recoge Mateo ampliamente. Se puede dividir en dos partes esos consejos y advertencias. Los primeros hacen referencia más directa a lo que deben realizar en aquel momento. Los segundos tienen un alcance más amplio, válido para todo tiempo y circunstancia.

Veamos los primeros consejos: “no vayáis a los gentiles, no entréis en ninguna ciudad de samaritanos: sino id más bien a las ovejas perdidas de Israel” . Este mandato contrasta con el que les dará antes de ascender a los cielos, mandándoles que vayan a todos los pueblos de la tierra. Aquí podemos percibir la prudencia para formar a los suyos. Primero les manda lo más fácil, y cuando ya estén más experimentados podrán acudir a misiones más difíciles. El Señor sigue, a su vez, un orden, llamando primero a los judíos y después a los demás. En esta misma línea de pedir primero lo más sencillo está otro consejo: “al entrar en una ciudad o en una aldea informaos quién es digno; y quedaos allí hasta que partáis” . Es natural que los más dignos sean los más preparados para aceptar la Buena nueva. Sería imprudente empezar de entrada por lo más difícil. Es cierto que el apostolado debe llegar a todos los hombres, pero empezar por los indignos o pecadores hostiles puede llevar a muchos esfuerzos y pocos frutos, mientras que, si se empieza por los bien dispuestos se crea un núcleo que puede extender su influencia en círculos concéntricos y llegar, a través de los convertidos a aquellos que tenían malas disposiciones al principio de la predicación.

Otro consejo hace referencia a los medios humanos: “no llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento” . La confianza en Dios debe ser plena y se manifiesta en el abandono a la Providencia divina. Y si faltan los medios, Dios proveerá. En la vida de la Iglesia son tantas las iniciativas de almas realizadas sin medios adecuados, que la confianza queda reforzada por la experiencia. De hecho en la Última Cena recordando Jesús ese período de su vida les dijo: “Cuando os envié sin bolsa ni alforjas, ni calzado, ¿acaso os faltó algo?. Nada, le respondieron. Entonces les dijo: Ahora, en cambio, el que tenga bolsa, que la lleve; y del mismo modo alforja; y el que no tenga, que venda su túnica y compre espada” , es decir, una vez adquirida la confianza en Dios, ya podéis aplicar la prudencia humana para usar los medios humanos que estiméis más convenientes para vuestro apostolado.

En cuanto al modo de hacer apostolado les dice dos cosas. Primero dar la paz: “al entrar en una casa dadle vuestro saludo. Si la casa fuera digna, vuestra paz revierta a vosotros. Si alguien no os acoge ni escucha vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad os digo que en el día del Juicio habá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad” . El apostolado debe ser amable: paz para todos, y si responden mal, no usar venganza, pues para eso ya está el Juicio de Dios. Es cierto que la expresión sacudirse el polvo de los pies indica pena y tristeza, pero nunca venganza o represalia. Es más, supone que si rectifican estén muy contentos de volver a mancharse las sandalias del polvo de aquella población.

El segundo consejo muestra la esencia del apostolado: “en vuestra misión predicad y decid: El Reino de los cielos se acerca” . Ellos “partieron y predicaron que se arrepintiesen” .

El arrepentimiento y el Reino son el contenido básico de la predicación de entonces y de todos los tiempos. ¿De que servirían grandes teorías o verdades si uno no se convierte de sus pecados y se reconcilia con Dios? Por otra parte la reconciliación se realizará a través de la Iglesia que forma el Reino de Dios en la tierra.

Después vienen los poderes extraordinarios que les concede: “curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios, gratis lo recibisteis, dadlo gratis” . Ya vimos la sorpresa y emoción de los Apóstoles ante la realización de este poder. En el mandato apostólico final el Señor reiterará poderes similares , y de hecho sucedió así muchas veces en la Iglesia primitiva y han sido frecuentes los milagros a lo largo de la historia a través de muchos santos .

Sin embargo, ésto no quiere decir que todos los cristianos puedan siempre realizar estos milagros al hacer apostolado, sino que vencerán al diablo y al pecado, causa de todos los males, y, si conviene, llegarán los milagros externos. La advertencia de hacer prodigios gratis fue importante al principio, como se hizo patente con el caso de Simón el Mago, que quería pagar para hacer milagros, pero hay que tenerlo siempre en cuenta para no negociar con los servicios espirituales.

El último grupo de advertencias previene ante las persecuciones. Muy pronto podrán experimentar los efectos del odio a Jesús en la Pasión, a pesar de que todo lo hizo bien. Pero ese aviso es importante en un momento en que la euforia podría engañarles con una falsa seguridad y un desconocimiento de la potencia del mal permitida por Dios para no aniquilar la libertad. Así habló el Señor:

“mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. sed, pues, cautos como las serpientes y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en sus sinagogas, y seréis llevados ante los gobernadores y reyes por causa mía, para que déis testimonio ante ellos y los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar; porque en aquel momento os será dado lo que habéis de decir. Pues no sóis vosotros los que váis a hablar, sino el Espíritu de vuestro Padre quien hablará en vosotros. Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerlos morir. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ése será salvo. cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; en verdad os digo que no acabaréis las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre” .

Es significativa la fidelidad de los discípulos a esta enseñanza del Maestro, invitándoles a la acción de conseguir nuevos prosélitos para el redil de Cristo. Es un ejemplo a seguir por todos los que nos llamamos cristianos. Basta recordar la antigua tradición que muestra a los Once con Matías distribuyéndose por el mundo para evangelizarlo en todas las direcciones.

Reproducido con permiso del Autor,

Enrique Cases, Los 12 apóstoles. 2ª ed Eunsa pedidos a eunsa@cin.es

Comentarios
18 Comentarios en “La formación de los Apóstoles”
  1. diego Dijo:

    por fin lo encotreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

  2. diego Dijo:

    por fin lo encotreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

  3. diego Dijo:

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  4. tresita Dijo:

    mil gracias….por puro DON del Padre encontre esta enseñanza que abre la mente y el corazon capacitandonos, con la Gracia de Dios, a ser discipulos y trabajar para El Reino. Que el Señor los bendiga

  5. Francisco Dijo:

    Con esta enseñanza y este relato podemos comprender que todos si queremos podemos ser apostoles solo basta con dejarnos moldear por Cristo,si realmente estamos dispuestos a ser sus discipulo.Trabajemos por una humanidad mas amorosa y responsable,que el Señor nos acompañe y bendiga hoy y siempre.

  6. melanie Dijo:

    por fiiiiiiiiiiiin lo encontreeeeeeeeeeeeeeee grax

  7. Maribere Dijo:

    Es un gran tema y explicado de tal manera que aclaro algunas interrogantes que tenia sobre la formacion de un discipulo. Muchas gracias

  8. lina Dijo:

    muy completo graacias,

  9. claudia Dijo:

    gracias

  10. pedro Dijo:

    JESUS NO REZABA, LOS DISCIPULOS NO REZABAN

    ELLOS ORABAN

    ES DECIR CONVERSABAN CON DIOS Y REPETIAN VANAS PALABRAS

    BENDICIONES

  11. maria mora Dijo:

    Gracias. Es bien instructivo este aporte. Bendiciones!

  12. El Apóstol de Jesús por María Dijo:

    Saludos en Cristo.

    El Apóstol a de aplicarse asi mismo lo que ensena a los demas…. Clarisimo.

    Oh María sin pecado cncevida rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

  13. Gerardo Montiel V. Dijo:

    Que Dios le bendiga por dar este recurso sobre la formación de los apóstoles que Jesús hizo..es sorprendente cómo lo hizo Cristo…y en lo personal, es lo que Jesús me ha dado poco a poco el entendimiento divino y especial para poder comprender la maravillosa profundidad de lo que significa La Palabra de Dios (Evangelio).

  14. shirley Dijo:

    no no era lo q queria quiro la vida de cada uno como fue desde sus inicio

  15. Rosa ma. Miguet Dijo:

    Muchas gracias por este artículo, lo leí cuando salió en el 2012 y nuevamente lo vuelvo a consultar. Bendiciones para usted Padre Dr Enrique Cases

  16. hachi Dijo:

    mmmm muchas gracias sirvio de algo, logre realizar la activdad completa en este sitio gracias

  17. Mauro Dijo:

    Es muy importante para formar apostoles y lideres dentro de una comunidad y en la fa,ilia como nos enseño jesus el maestro

  1. La formación de los Apóstoles | CatInfor.com



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