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San Nicolás, obispo 

Nació el año 280 en Patara de Licia.  Recibió una buena educación de sus padres a los que parece perdió de muy niño, por lo que  unos parientes suyos se encargaron de su educación.  Ya mayor se dió cuenta que los bienes de esta tierra no nos hacen felices, y se dedicó a ayudar a todos los necesitados.  Entonces empezó ya a obrar milagros de los que está llena su  vida.     

Al perder a sus padres, fue un tío suyo, que era Obispo de Mira, quien lo patrocinó y ayudó hasta que llegó a ordenarse sacerdote.  Pero aquella vida tampoco le llenaba y por lo mismo, decidió abandonar el mundo y se retiró a la Tebaida, aquellos yermos donde abundaban los monjes, que huyendo del mundo llevaban vida de oración y sacrificio, sólo entregados a Dios.

Se encontraba en este remanso de paz cuando murió su tío el Obispo de Mira y los ojos del clero y del pueblo se posaron en Nicolás, quien muy a pesar suyo hubo de abandonar su retiro para entregarse al apostolado de la Diócesis.  La gobernó con gran prudencia y sabiduría y, sobre todo, con enorme caridad.  No había pobre que acudiera a su casa que no encontrase remedio a sus necesidades.

La elección de Nicolás como Obispo de Mira (Turquía) fue rodeada de milagros.  También la de su consagración episcopal.  La leyenda dice que una mujer llevó a su hijito que se había abrasado en las llamas y lo puso a los pies del nuevo Obispo y Nicolás le devolvió la vida.

El año 325 se celebraba el primer Concilio de la Iglesia Universal en la ciudad de Nicea.  Parece ser que en él tomó parte nuestro Santo.  Durante este viaje colocan el famoso milagro en el que devolvió la vida a tres jóvenes, que un bárbaro hotelero había matado, para dar de comer a los que acudían a su mesón.

La devoción a San Nicolás es la más popular en muchos países, sobre todo por celebrarlo como «Santa Claus» y como abogado en peligros.  Tiene muchas iglesias dedicadas en todo el mundo, sobre todo en Grecia.  Se le llama «de Bari» porque desde el siglo XI reposan ahí, en Bari, Italia, sus reliquias.

Santa Dionisia y compañeros mártires 

En febrero del año 484, Hunerico, rey de los vándalos, publicó un decreto que imponía a sus súbditos que no fuesen arrianos, bajo pena de muerte, la obligación de abrazar el arrianismo antes del 1 de junio siguiente.   Unos cuantos católicos apostataron  y otros se ocultaron hasta la muerte del tirano acaecida ese mismo año.  No obstante “aún hubo alrededor de cinco mil que murieron por la fe” escribe Víctor, obispo de Vita, Túnez, por esa época.  Y sigue:  “Entre las víctimas de la persecución de mi grey, citaré a Dionisia, cuya belleza superaba, por mucho, la de otras mujeres; Mayorico, su hijo, un niño que se mostró tan valiente como su madre; un anciano médico de nombre Emilio, Leoncia, Bonifacio de Sibida, y muchos otros que Dionisia animaba al martirio y a los que ella fortalecía en los tormentos”.

Beata Carmen Sallés (1848-1911)

Nació en Vic, España, y de una familia culta y cristiana.  Ingresa en el convento de  las dominicas en Barcelona; unos años después inició la Congregación de Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, dedicada a la educación y la promoción de la mujer, para dotarla de la mayor formación humana y religiosa posible, “en todas las clases socia-les”. 

Carmen es una mujer fuerte y alegre, con mucho sentido del humor y una gran capaci-dad para perdonar. 

Tenía una  gran devoción a la Eucaristía y a María Inmaculada  y la supo inculcar a sus religiosas y alumnas.

Cuando murió dejó abiertas trece casas y encaminada su obra a la universalización con-gregacional.

Fue beatificada el 15 de marzo de 1998 por Juan Pablo II. 

*  San Nicolás- también llamado Santa Claus- trae regalos a los niños.  Pídele hoy que te ayude a ser como niño, pues sólo los que se hacen así entrarán en el Reino de los Cielos.

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