Santoral 4 de octubre | San Francisco de Asís, Santa Aurea y Beato Michel Callo

San Francisco de Asís, fundador (1182-1226)

Nació el año de 1182 en Asís.  Fue hijo de Pedro Bernardone y de Mona Pica.  Hasta los 24 años llevó una vida muy disipada.  Un día cayó enfermo y decidió cambiar, pero pronto lo olvidó.  Por designios eternos, a San Francisco le cupo la dicha de iniciar la reforma de la Iglesia.  Entró un día en la  Iglesia de San Damián, y oyó la voz de Cristo a través de un crucifijo,  diciéndole: «Francisco, repara mi Iglesia, que, como ves, amenaza ruina».  El  creía que se trataba de aquella Iglesia material y casi derruida y él se dispuso  de inmediato a la tarea.  Pero no era esa  tarea la que El le encomendaba, sino otra más difícil y mejor, de gran trascendencia: reparar la Iglesia Espiritual de Cristo que en aquel tiempo amenazaba ruina.  ¿Cómo lo hizo?  Con humildad y oración.  A partir de aquel entonces Francisco ya no sería el mismo.

Su padre, al ver su cambio,  lo recoge y lo encierra en casa.  Francisco tira por la ventana los paños de su padre, que lo arrastra ante el Obispo para castigarle.  Y Francisco dice: «en adelante sólo diré, `Padre Nuestro que estás en los Cielos’, no ‘padre bernardone’, pues le devuelvo dinero y vestidos».  Y se marchó.

Su vocación se le aclaró en la fiesta de San Matías.  Al oír en el Evangelio que los servidores de Cristo no debían poseer oro ni plata, ni alforja, ni calzado ni dos túnicas, exclamó:  «esto es lo que yo buscaba y lo que quiero cumplir».  Y se decidió a seguir en todo al pie de la letra el Evangelio y los pasos de Nuestro Señor.  Le siguieron discípulos y una noble doncella, Clara.

Este fue el mensaje de Francisco: reproducir en todo la vida de Jesús, vivir su pobreza, imitar sus pasos y doctrinas.  «el mismo dios me Reveló, -dice su Testamento- que debía vivir según la norma del santo Evangelio».  Según las «Florecillas», Cristo quiso renovar su Vida y Pasión en Francisco.  El eligió doce compañeros como Jesús, y al morir mandó traer unos panes, los bendijo y repartió.

Comenzó en Greccio la devoción del «Pesebre».   En 1224 un ángel seráfico le imprime con indescriptible hermosura las cinco llagas de las manos, pies y del costado de Cristo, viviendo sus últimos años una vida realmente crucificada.  Tuvo gran amor a la Virgen, amor que extendió a todos los hombres.  Mimaba a los enfermos y besaba a los leprosos.  Ampliaba también el amor a los animales y les hablaba con cariño.  Vivía y recomendaba la oración prolongada, la obediencia, la hospitalidad, la alegría -¡la perfecta alegría!-, la humildad, hasta el punto de no querer pasar de diácono.  Era enemigo de discutir y le rogaba a Dios: «¡SEÑOR, HAZME INSTRUMENTO DE TU PAZ!»  Amaba sobre todo a la santísima pobreza, la Dama Pobreza, tanto que pidió al Papa en Roma les concediera ese género de vida.

Casi ciego ya por la mucha penitencia y continuó llorar, vio que le llegaba la muerte.  «sea bienvenida mi hermana la muerte», exclamó.  Murió en la Porciúncula, el 4 de octubre de 1226, a los 44 años de edad.  Fue canonizado dos años después en Asís por Gregorio IX.  Dos años más tarde fueron trasladados sus restos a su Basílica, tan hermosamente decorada por los frescos de Giotto.

Santa Aurea u Oriana (+666)

Por sus muchas virtudes, San Eloy  puso a esta santa a la cabeza del gran monasterio fundado por él en París en el año 633,  que pronto contó con trescientas religiosas.  Murió Santa Aurea, con un centenar de sus monjas, a causa de una epidemia de peste que devastó París en el año 666.

Beato Michel Callo (1945)

Joven obrero francés, muerto en el campo de concentración de Mauthausen.  Fue beatificado el 4 de octubre de 1987.

* Pide a San Francisco que te ayude a imitarlo en su alegría y su sencillez.

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