“Navidad, tiempo de conversión y reconciliación”

“Navidad, tiempo de conversión y reconciliación”

«El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios está cerca; arrepiéntanse y crean en el Evangelio» (Marcos 1,15)

El Reino de Dios no es sólo un lugar futuro; es una realidad eterna que se manifiesta en la persona y en las obras de Jesús. Es un llamado a vivir bajo el gobierno de Dios, cumpliendo sus mandamientos y acogiendo sus sacramentos.

La Navidad es un tiempo de conversión, de un cambio radical de mente y corazón, de volver la mirada a Nuestro Señor, para dejar de ser simplemente buenos y comenzar a ser santos, como estamos llamados a ser según el plan de Dios.

«Sed santos, como vuestro Padre celestial es santo» (Mt 5,48)

La Navidad va más allá de los regalos, las luces, la cena, la música y la fiesta. Es un momento especial para disponer nuestras vidas y nuestros corazones, y permitir que Él ocupe el lugar que merece, y no que sea sólo una figura en un pesebre.

Jesús llega para ocupar el centro de nuestra vida y devolvernos la imagen y semejanza con la que fuimos creados. Viene con el propósito de transformar nuestra existencia, renovando nuestra fe y ayudándonos a enfocarnos en dar y amar, más allá del consumismo. Es un llamado a la gratitud, al perdón y a ser luz para los demás, recordando que Dios se hizo hombre para salvarnos.

Su presencia nos impulsa a cambiar, a amar más y a vivir con un propósito divino. Él mismo es el mayor regalo que se nos concede: su presencia viva y la oportunidad de una auténtica renovación espiritual.

Esta Navidad, redescubramos su verdadero significado dedicando tiempo a la lectura de su Palabra, reflexionando sobre el Adviento y, en lo posible, viviéndolo en familia. Oremos y busquemos la guía de Dios, agradeciendo que la Navidad es el Regalo Supremo que Él nos ofrece para estar cada día más cerca de Él.

La Navidad es un tiempo perfecto para renovar nuestra fe, perdonar, corregir nuestro camino, arrepentirnos de nuestros pecados y reparar el daño que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. Es tiempo de amar con un corazón agradecido y de levantar en alto el amor y la paz.

Por ello, es fundamental compartir con los hijos estos valores y enseñarles que la felicidad no está sólo en los regalos materiales, sino en vivir no según el mundo, sino según las enseñanzas de ese Niño que viene a nacer en nuestros corazones. Lo primordial es vivir la Navidad con alegría y espiritualidad, haciendo todo lo que sea bueno y agradable a Él.

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo tanto, el niño que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios» (Lucas 1,35)

Oración

Señor, danos un corazón dispuesto a escuchar a Jesús y a dejarnos guiar por el camino del bien, del amor y de la salvación.

Madre del Amor Hermoso, gracias por tu sí, que nos permite hoy estar reunidos alrededor del pesebre, esperando a tu Hijo amado.

Permítenos reconocerte como nuestro Salvador; te pedimos perdón por nuestros errores y te invitamos a nacer en nosotros.

Llena nuestra vida de tu amor, tu paz y tu luz, para que podamos compartir tu alegría con todos.
Amén.

Luce Bustillo Schott

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