Te digo que a Dios le importa todo lo que haces… ¡todo! Dios no nos abandona nunca y, aunque no nos mira como un juez que nos juzga, sí nos mira con un inmenso amor.

Cuando pienso en esto y reflexiono sobre el temor de Dios, me doy cuenta de que lo que me da miedo no es Dios en sí mismo, sino perder esa mirada de amor. Hacerlo entristecer.

Vale la pena que pensemos en las veces en que damos la espalda al amor dulce y tierno que Dios nos tiene, en cuántas veces lo olvidamos, así sea un instante.

Muchas veces nos hemos dejado vencer por esa idea de que no lo necesitamos.

Hoy tómate el tiempo de estar consciente de su presencia. Cógele la mano en la oración y pídele que te ayude a sentir siempre su presencia a tu lado.