Amor de Mamá, Reflejo de la Misericordia Divina

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Mamá, hace mucho tiempo que había querido escribirte, una y otra vez miles de ideas se agolpaban en mi mente y pasaban por mi corazón buscando la manera de expresar lo que has sido y eres para mí. Siendo honesta, nada fácil ha sido, me he tardado mucho más de lo que hubiera imaginado, cómo manifestar en palabras lo que es una madre, una, como lo eres tú, y es, hasta ahora, que dos palabras me han permitido esbozar el significado que comprende tu ser, tu entrega, tu don: Amor Misericordioso.

La primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, me ha ayudado para ponerle nombre al divino don de tu maternidad ejercida y actualizada día a día, en el silencio de lo cotidiano, en la misteriosa rutina del Amor en la que mis hermanos y yo crecimos sumergidos en esa casa que tú con papá convirtieron en hogar:

“… Y aún os voy a mostrar un camino excepcional… El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.

Y es que tu escogiste ese camino excepcional, único, al responder a diario a la vocación a la que fuiste llamada: Ser Madre. Nos acogiste a mis hermanos y a mí, desde el fondo de tu alma en la bendición de tu cuerpo para que desde el primer momento existiera cada uno de nosotros por la voluntad de Dios, llenos de tu amor y del de papá.

Este amor ha sido un amor especial, único, es un amor incondicional que busca lo mejor para sus hijos, extrayendo lo mejor de nuestras personas, con la dedicación de tu vida a nuestro servicio, a pesar de nuestras miserias, porque cabe aclarar, que, aunque tendemos a la perfección, hemos sido creados imperfectos y desde que nacemos, traemos la naturaleza caída y eso nos hace miserables en toda la extensión de la palabra, hasta el final de nuestra vida y esa miseria es la raíz de nuestra grandeza ante Dios y ante los hombres, porque somos amables por el simple hecho de existir, dada nuestra altísima dignidad, pero miserables por nuestra condición humana imperfecta, es decir, dignos de compasión como veremos en párrafos posteriores.

La Misericordia

Y es que la palabra misericordia tiene su origen en dos palabras del latín: “miserere”, que significa tener compasión, y “cor”, que significa corazón. Ser misericordioso es tener un corazón compasivo.

Misericordia significa sentir con el otro sus miserias y necesidades, y –como consecuencia de esa compasión (sentir con) – ayudarlo, auxiliarlo… y ¿No es eso lo que hace una madre durante la vida de su criatura? ¿Compadecerse de la existencia humana de ese ser creado por amor y para el amor?

Piénsalo, Jesús nos invita a realizar obras de misericordia para ganar el Cielo y fíjate, en total son 14 las obras de misericordia: 7 corporales y 7 espirituales, las corporales son: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al necesitado, vestir al desnudo, visitar al enfermo, socorrer a los presos, enterrar a los muertos. Y las obras espirituales, son: Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que está en error, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por vivos y difuntos.

¿No es eso lo que hace una madre a diario, las 24 horas del día, los 365 días del año, todos los años en su vida…? Nos alimentan, dan posada y nos visten física, emocional y espiritualmente desde el vientre y por siempre, nos cuidan y velan cuando estamos enfermos, nos socorren cuando estamos presos de egoísmo y miseria, entierran a los muertos y nos consuelan cuando alguien cercano se nos adelanta… Además cuántas cosas nos enseñan, nada más y nada menos que la asignatura de la vida, del amor, la libertad y más, mucho, muchísimo más, sus consejos, los mejores sin duda pues ven por el bien mayor de nuestra existencia y nuestra felicidad. Nos corrigen una y otra vez buscando nuestra perfección, en el buen sentido de la palabra, nos perdonan todo ¡Más de 70 veces 7!, sufren por nuestra causa y su vida es una continua oración por nosotros, por los vivos y difuntos… ¡Cuántas madres no habrán alcanzado la conversión de sus hijos y su salvación porque viven de rodillas ante Jesús pidiendo por cada uno de sus hijos!

Más que ganar un salario

Hace poco leía que el trabajo de una madre representa el esfuerzo y cansancio de 2 trabajos y medio en el ámbito laboral… no hice las cuentas del salario que correspondería, porque ninguno alcanzaría. Honestamente nuestras madres, se ganan el cielo cada día, olvidándose de sí, siendo un don para los demás, dando la vida en toda la extensión de la palabra, siendo el Amor Misericordioso encarnado, lo más parecido al Amor de Dios. Mamá en casa con tu esposo y tus hijos vas ganando el cielo y, además, sientas las bases para que, los que viven a tu alrededor y quienes dependen de ti, lo puedan ganar.

Madre solo hay una

Nuestra madre lo es todo, dicen algunos, es nuestro referente para casi todo en la vida, de manera consciente e inconsciente nos alimenta de todo lo que ella es, desde el primer momento de nuestra existencia …

Gracias ma, mami, mamita: Por tu Amor, por hacerte semejante a Dios en tu ser y proceder, gracias por darme y enseñarme el amor traducido en generosidad, consuelo, ternura, tiempo, perdón, corrección fraterna, tu saber soportar el sufrimiento, atender mis necesidades una y otra vez, tu sonrisa, tu presencia, tus abrazos, tus miradas, tu escucha, tu guía, tu vida llena de incontables sacrificios…

Amor de Madre, Amor de Dios

Y un amor así, solo es posible cuando tu amor mamá viene a nosotros del fruto de tu Amor a Dios. Un amor incondicional que encuentra valiosa a cada una de las personas con las que vive por el solo hecho de existir, es por tener en tu alma primero a Dios, así, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, al estar cerca de Él, al buscar hacer Su Voluntad, tú te conviertes con tu amor en el reflejo del Amor de Dios y le conocemos primero a Él a través de tu rostro.

¡Gracias Ma! ¡Te amo! ¡Reza siempre por nosotros! ¡Mua!

Por Rosario Prieto

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