Como la nieve que cae

Ver caer la nieve siempre me provoca un sentimiento de paz, en realidad también me provoca mucha alegría, y quizá también un poco de nostalgia porque cada año de mi niñez vivía expuesto a tan bello espectáculo en la sierra. Pero en medio de esta mezcla de sentimientos siempre sobresale la paz y la tranquilidad, y por supuesto el sentimiento es mayor en la primera nevada de la temporada.

En algún lugar leí que el color blanco se asocia con la pureza, con la bondad y la perfección, así que ver caer la nieve es como observar un proceso en el que la tierra se limpia o purifica al cubrirse de blanco. Y en realidad la nieve de alguna manera purifica la tierra por varias razones: por una parte remueve el polvo y humedece la tierra, además prepara en las montañas el “paquete” que en primavera regará a través del deshielo las zonas por donde pasan algunos ríos, y también ayuda a las plantas a librarse de plagas.

Creo que la nieve es también una metáfora poderosa de la acción suave pero constante de hombres y mujeres que trabajan todos los días en silencio, con actos que casi ni se sienten, pero que sumados van purificando y blanqueando nuestra sociedad, tareas que van reblandeciendo la tierra dura y seca de los corazones, esa costra que se vuelve impermeable e improductiva a fuerza de egoísmo e individualismo que mata el interior de las personas.

Las buenas obras empiezan a depositar la humedad que poco a poco penetra y llega a las raíz de lo que da vida a la tierra; en ocasiones una lluvia poderosa puede mojar el suelo, y sin embargo el agua puede correr por la superficie dura y perderse, e incluso arrastrar a su paso lo que encuentra sin dejar vida. Sin embargo la nieve cae suave, se deposita sobre la tierra y puede penetrar a través de la superficie lentamente, preparando la tierra para mayores lluvias o más nieve que llene de humedad el suelo para que haya abundante cosecha.

Cuando vemos a nuestro alrededor como se cometen injusticias, o como la violencia e impunidad dominan las relaciones entre hombres y mujeres en lugar de la solidaridad y la paz, a veces quisiéramos que sucedieran cosas rápidas que acabaran con esos males, y solo en raras ocasiones pensamos en que tendríamos que iniciar procesos que a veces tomaran más tiempo, pero que resolverán de raíz los problemas, ¿cuantas veces quisiéramos lluvia torrencial o diluvio que destruye en lugar de nieve ligera y persistente que humedece y purifica?

Formar nuevas generaciones empieza por la firme y perseverante decisión de un hombre y una mujer de entregarse mutuamente por amor y estar abiertos a dar vida o a adoptar a otras personas, y así construir una comunidad de amor, servicio, trabajo y formación día a día, con la persistencia de la nieve o de la lluvia ligera que enriquece y da nueva vida.

La construcción del tejido social inicia con buenas obras a veces anónimas y pequeñas que se van organizando y sumando, hasta que sus frutos se convierten en la raíz de la participación organizada que sanea y cambia instituciones en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo la economía y la política; como la nieve que poco a poco forma copos mayores y posteriormente cubre toda la superficie donde cae hasta volverla completamente blanca.

Se percibe a nuestro alrededor la frialdad de un invierno que nos corta la cara, volteamos y observamos la superficie estéril de la injusticia, la corrupción, la violencia y la impunidad, no dejemos que el frio nos entuma y marchite el corazón, mejor hagamos que nuestras acciones se conviertan en copos cada vez mayores de bondad, de pureza, de servicio a los demás que nos preparen para una nueva y abundante primavera.


Oscar Fidencio Ibáñez Hernández
@OFIbanez

Casado, padre de 3 hijos, profesor e investigador universitario, y bloguero. Ingeniero Civil, Maestro en Ingeniería Ambiental y Doctor en política y políticas ambientales.

Mexicano, católico, autor entre otros textos de «El Espíritu Santo en tiempos de Twitter: Documentos del Concilio Vaticano II para tuiteros. Celebrando el #AñoDeLaFe»

Admirador de la Creación en todas sus dimensiones. Nací en La Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte (Hoy, Ciudad Juárez, Chihuahua).

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2 comentarios en “Como la nieve que cae”

  1. En silencio y con paciencia, no nos damos cuenta de nuestro trabajo bueno o malo, esperemos que sea muy bueno y se reconozca en los frutos, que tal vez nosotros no disfrutemos en vida

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