Bullying escolar: este gran santo lo sufrió en su tiempo

El bullying escolar es una forma de acoso que podríamos creer que es reciente, sin embargo, el santo Cura de Ars lo experimentó en su época y así respondió

Un terrible mal entre niños, adolescentes y jóvenes es el llamado bullying escolar, una forma de acoso entre compañeros de escuela que se ha salido a la luz pública gracias al alcance de las redes sociales. Sin embargo, es una expresión de la debilidad humana tan antigua como el hombre mismo. Tenemos un ejemplo a la mano: el santo Cura de Ars lo sufrió en su época.

Santo desde bebé

El Cura de Ars, biografía de san Juan María Vianney escrita por el padre Francis Trochu relata cómo fue el niño Juan en su infancia y adolescencia:

«Juan María Vianney nació en Dardilly – el 8 de mayo de 1786 -, de padres que poseían bastantes bienes de fortuna eran cultivadores y gozaban de un honesto bienestar, trabajaban para aumentar sus medios de vida y se preocupaban de educar honradamente a su familia».

Su madre era una mujer católica ferviente y muy instruida en la fe. Ella sembró en su corazoncito el amor a Dios, a la oración y al altar. Desde muy pequeño le mostraba el crucifijo y las imágenes de la casa y comenzó a tomar su manita para trazarle la señal de la cruz de la frente al pecho y luego a los hombros.

Un día su mamá olvidó signarlo antes de darle la sopa. El bebé Juan María «se negó a abrir los labios e hizo varias veces que no con la cabeza. María Vianney entendió en seguida lo que aquello significaba». Le tomó la mano y solo así el niño abrió los labios. Tenía quince meses.

Una vocación tardía

El niño Vianney no era para nada un retrasado. Las cuestiones de la fe se le daban excelentemente. Y aún lo que había aprendido en la escuela lo sabía muy bien.

Antes de ingresar al seminario se dedicó a trabajar en el campo junto a su hermano Francisco. Todo el tiempo oraba. Y de regreso a casa, se les unían algunos compañeros que se burlaban de él y en muchas ocasiones le escondían sus utensilios de labranza. Pero él no se ofendía y sonreía con benevolencia mientras buscaba su herramienta entre las zarzas, para continuar con su trabajo.

Luego las cosas cambiaron. La de él era una «vocación tardía», pero no porque no anhelara el sacerdocio, simplemente Dios lo hizo esperar pacientemente.

El bullying escolar

Así es que con estudios primarios incompletos, a los veinte años ingresó en el seminario, pero su problema con el estudio de la gramática – primero francesa y luego latina – se hizo patente muy pronto.

Esto le valió las burlas de sus compañeros, más jóvenes que él, porque «no podía depositar nada en su torpe cabeza». Aún así, ellos intentaban ayudarle. Sin embargo, el más avanzado era un pequeño pero impaciente niño de doce años. Un día, perdiendo los estribos porque el mayor no entendía, lo golpeó delante de los otros.

Juan María, en vez de responderle, se arrodilló para pedirle perdón. El niño, arrepentido y bañado en lágrimas, abrazó al santo. El pequeño era Matías Loras, misionero en los Estados Unidos y después obispo de Dubuque, quien nunca olvidó el gesto y las palabras de su compañero.

Humildad, oración y amistad

La historia siguió cuando estudiaba filosofía. Fue objeto de burla continua de sus compañeros porque no lograba comprender las materias. «En Verriéres, dirá después, tuve algo que sufrir.»

Pero encontró consuelo en la oración, en María santísima y en un amigo que padecía también con el estudio y la edad avanzada: Marcelino Champagnat – de 23 años y él de 26 – , luego fundador de los maristas.

Así, con humildad y una vida apoyada en la fe, el amor a la Virgen María, la mortificación y luego con la amistad, pudo ordenarse sacerdote y ser el más grande párroco de la historia de la Iglesia.

Por Mónica Muñoz 
es.aleteia.org

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