Orando como hijos de Dios

Jesús dijo que sabía de dónde venía y para dónde iba.

Esto es lo que todos queremos saber. No sólo sobre Jesús, sino sobre nuestras propias vidas. Queremos saber quiénes somos, por qué estamos aquí y cuál es el propósito de nuestras vidas.

Nosotros encontramos las respuestas acerca de nuestras vidas observando la vida de Jesús. Por esta razón, en esta Cuaresma he estado reflexionando sobre el ejemplo de Jesús en el Evangelio.

Ya estamos llegando al final de nuestro camino de Cuaresma. Este domingo comienza la Semana Santa. Analizando mis columnas pasadas sobre las reflexiones del tiempo de Cuaresma, descubro que he estado trazando las líneas más sobresalientes de la humanidad de Jesús. En estas columnas, vemos que Él es humilde y misericordioso, con un celo por salvar las almas; Él tiene el corazón de un servidor y el amor de un amigo.

Esta semana quiero reflexionar sobre Jesús como un hombre de oración.

En los Evangelios, vemos que Jesús a menudo se va a un lugar solitario a orar.

Vemos que Él oró antes de tomar decisiones y oró en momentos importantes de su ministerio. Oró toda la noche antes de elegir a sus apóstoles. Jesús oró en acción de gracias cuando se reveló su identidad como el Mesías.

Al acercarnos a la Semana Santa, recordamos que Jesús oró en Getsemaní para obtener la fuerza para combatir la tentación y ser obediente a la voluntad de Dios. Oró en la Última Cena para que Dios protegiera del mal a sus seguidores y ellos no perdieran su fe. Y el Viernes Santo murió con una oración en sus labios.

En cada parte del Evangelio donde podemos «escuchar» a Jesús orando, Él se dirige a Dios como su Padre. Y nos enseña a orar de la misma manera: «Cuando ores, di: Padre …».

Jesús enseña a sus seguidores a orar, porque solamente orando podemos llegar a conocernos a nosotros mismos y a saber lo que Dios desea para nuestras vidas.

Fue cuando Jesús estaba orando, en su bautismo y transfiguración, que los cielos se abrieron y escuchó la voz divina anunciando que él era el Hijo amado del Padre.

Esto es lo que la oración nos revela. Cuando oramos, el Cielo se abre para nosotros y podemos experimentar el amor personal que nuestro Padre nos tiene como sus amados hijos e hijas.

Jesús les enseña a sus seguidores a orar como hijos de Dios, y nos enseña por qué debemos hacerlo.

Él nos enseña a orar por las cosas de Dios, para que su santo nombre sea glorificado, por la venida de su Reino y por el cumplimiento de su voluntad en la Tierra.

Él nos enseña a orar por nuestro pan de cada día, nuestras necesidades materiales. Oramos también por nuestras necesidades espirituales: para conocer la misericordia y el perdón de Dios; rezamos por la reconciliación con los demás, por la fuerza para vencer las tentaciones en nuestras vidas y para resistir el mal del mundo.

Jesús nos enseñó a orar siempre.

La oración tiene que ser más que un deber que hacemos en ciertos momentos del día. La oración debería moldear nuestra actitud hacia la vida, guiándonos a ver el mundo con los ojos del Padre.

Y Jesús quiere que oremos con humildad y con la confianza de un niño en la bondad de nuestro Padre. Él nos dice que si tocamos a la puerta, Dios la abrirá y que si pedimos, Dios nos dará todos los buenos regalos.

Hay una hermosa parábola sobre la oración, en la cual Jesús cuenta la historia de un amigo que llama a la puerta de su amigo, a la medianoche, y le pide pan. El mensaje es que nosotros podemos hablar con Dios como un amigo en cualquier circunstancia. Nosotros podemos recurrir a Él en cada “medianoche” de nuestras vidas.

Nuestro Padre no siempre nos da las respuestas que queremos escuchar. Pero confiamos en que Él se hace presente incluso en su silencio, con lo cual Él sí responde a cada una de nuestras oraciones.

En esta vida, nosotros tal vez nunca entendamos algunas de sus respuestas. Pero,de todas formas, rezamos para decirle lo que hay en nuestros corazones y para decirle que confiamos en que con Él todo es posible. No rezamos esperando cambiar a Dios, rezamos esperando cambiar nosotros mismos.

Es por eso que la esencia de la oración es orar, no por lo que queremos, sino por lo que Dios quiere. Que se haga Su voluntad, no la mía.

En la oración, como en todas las cosas, Jesús es nuestro modelo y guía. Él hizo de su vida una oración, un sacrificio de alabanza que ofreció a Dios en obediencia a su voluntad y para la salvación de los demás.

Esto es lo que Él nos está pidiendo.

A través de nuestra oración, Él nos invita a confiar nuestras vidas a Dios, a decir lo que pronunció en la cruz: “Padre, en tus manos, encomiendo mi espíritu”.

Les pido que oren por mí esta semana, y yo oraré por ustedes.

Y que nuestra Santísima Madre María nos enseñe a orar como Ella lo hizo; a ser siervos fieles, para que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas. VN

12 de Abril de 2019

Los escritos, homilías y discursos del arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com


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El obispo José H. Gomez es actualmente Arzobispo de Los Ángeles, California, la comunidad católica más grande en USA. Es también Vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y forma parte de la Comisión Pontificia para América Latina.

En su ministerio, el Arzobispo José Gómez anima a la gente a seguir a Jesucristo con alegría y sencillez de vida, buscando servir a Dios y a sus vecinos en sus actividades diarias ordinarias.

Ha desempeñado un papel decisivo en la promoción del liderazgo de los hispanos y las mujeres en la Iglesia y en la sociedad estadounidense. Es miembro fundador de la Asociación Católica de Líderes Latinos y de ENDOW (Educación sobre la Naturaleza y la Dignidad de las Mujeres).

Durante más de una década, el Arzobispo Gómez ha sido una voz clara sobre cuestiones morales y espirituales en la vida pública y la cultura estadounidense. Ha desempeñado un papel principal en los esfuerzos de la Iglesia Católica para promover la reforma migratoria y es autor, entre otros libros, del titulado: Inmigración y la próxima América: renovando el alma de nuestra nación.

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