«Hombres de Dios, amigos de Cristo»

(Nota del Editor: El 1 de junio el Arzobispo Gómez ordenó a seis nuevos sacerdotes para la Arquidiócesis de Los Ángeles en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. Lo que viene a continuación es una adaptación de su homilía.)

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Toda ordenación es un momento en el cual le damos gracias a Dios por el don del sacerdocio.

Dios nos da sacerdotes para que nos acompañen y guíen en nuestro camino de seguimiento de Jesús. Como bien sabemos, nuestros sacerdotes nos acompañan en cada una de las etapas de nuestra vida, manifestándonos el amor que Dios nos tiene, tanto en los sacramentos como en nuestra misión de servicio y de evangelización.

Ellos están con nosotros cuando somos bautizados siendo bebés. Ellos nos ayudan a crecer, nos alimentan con la Eucaristía y nos sanan en el sacramento de la reconciliación. Ellos nos preparan para ser confirmados como discípulos ya maduros.

Nuestros sacerdotes están allí con nosotros cuando nos casamos. Y están presentes con nosotros para ungirnos, para que así podamos emprender nuestro viaje final de esta vida hacia la vida del mundo venidero.

Cada uno de nosotros tiene una vocación. No todos estamos llamados a ser sacerdotes, pero todos participamos del sacerdocio común de Jesús, que nos llama a cada quien a seguirlo y a desempeñar nuestro papel en su hermoso plan para la salvación del mundo.

Jesús le dio a su Iglesia una sola misión: la de proclamarlo, resucitado y vivo, y la de unir a los pueblos de este mundo en una sola y única familia de Dios. Esta es nuestra misión, la misión de cada uno de nosotros. Estamos llamados a ser discípulos misioneros y a llevar el amor de Jesús a todos los ámbitos de la vida y a cada situación de ella.

Y Dios nos da a sus sacerdotes para que nos acompañen en esta misión.

Mis queridos hermanos, es una noble vocación ésta a la que han sido ustedes llamados: la de ser padres espirituales de la familia de Dios aquí, en la Arquidiócesis de Los Ángeles.

El que los llama hoy es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Él los llama por su nombre: Emmanuel, Luther, Brian, Miguel Ángel, José María, Louis.

Como lo escuchamos en el Evangelio, Jesús es el Buen Pastor que entrega la vida por sus ovejas.

En esto consiste todo el evangelio. Jesús murió por nosotros, resucitó por nosotros y ahora camina con nosotros para guiarnos a través de los valles oscuros de este mundo hacia la luz del mundo por venir.

Hermanos míos, ustedes están llamados ahora a ser los pastores del pueblo de Dios.

Y Jesús los está llamando a realizar esto como Él lo hizo: sirviendo a sus hermanos y hermanas con humildad, a hacerlo de corazón y a costa de su sacrificio personal.

Nuestro Señor vino a nosotros revestido de debilidad, como un niño en el seno materno. Él se humilló a sí mismo para venir a nosotros y para ser nuestro siervo. Y se ofreció a sí mismo en sacrificio, entregando su propia vida para que nosotros pudiéramos encontrar la vida. Y en esto, hermanos míos, Él les ha puesto ejemplo para el sacerdocio que ustedes van a ejercer.

Queridos hermanos, tengo que decirles que es algo muy emocionante ser sacerdote. Yo no cambiaría mi vocación por nada en el mundo.

No hay nada más hermoso que el llevar a las personas a ese encuentro con Jesucristo para que puedan conocerlo, amarlo, imitarlo y trabajar por hacer de este mundo, su reino.

Cuando eres sacerdote, oras todos los días ante el altar y, cuando lo haces, estás de pie entre el cielo y la tierra. Y en ese altar, a través de tus manos, Dios viene a su pueblo. En su Cuerpo y en su Sangre, en su Alma y en su Divinidad.

Dios viene a ustedes para que ustedes puedan llevarlo a su pueblo. Esto es algo que va más allá de las palabras, de lo hermoso que es.

Esta vocación a la que han sido llamados es una vocación maravillosa y emocionante. Una vocación a ser sus sacerdotes, a ser hombres de Dios, amigos de Cristo.

Su amistad con Jesús es algo absolutamente esencial para su sacerdocio. Ser sacerdote significa específicamente eso: ser hombres de Dios y ser amigos de Jesucristo.

Estoy orando por ustedes, hermanos míos; todos nosotros lo estamos haciendo.

Que amen ustedes a Jesús y que imiten sus virtudes de Buen Pastor. Que puedan amar a su pueblo con un amor de padres, que puedan experimentar compasión y comprensión y que permitan siempre que el amor de Cristo sea la razón de todo lo que ustedes hagan.

Oremos, pues, todos, queridos hermanos y hermanas, por estos hombres, hermanos nuestros que en unos minutos, van a convertirse en sacerdotes.

Démosle gracias a Dios por sus familias, porque la familia es el fundamento de toda vocación. Y oremos para que Dios llame a muchos hombres más para que sean sus sacerdotes.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que esté cerca de nosotros y que nos enseñe a todos a seguir las huellas de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. VN

7 de Junio de 2019

Los escritos, homilías y discursos del arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com


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El obispo José H. Gomez es actualmente Arzobispo de Los Ángeles, California, la comunidad católica más grande en USA. Es también Vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y forma parte de la Comisión Pontificia para América Latina.

En su ministerio, el Arzobispo José Gómez anima a la gente a seguir a Jesucristo con alegría y sencillez de vida, buscando servir a Dios y a sus vecinos en sus actividades diarias ordinarias.

Ha desempeñado un papel decisivo en la promoción del liderazgo de los hispanos y las mujeres en la Iglesia y en la sociedad estadounidense. Es miembro fundador de la Asociación Católica de Líderes Latinos y de ENDOW (Educación sobre la Naturaleza y la Dignidad de las Mujeres).

Durante más de una década, el Arzobispo Gómez ha sido una voz clara sobre cuestiones morales y espirituales en la vida pública y la cultura estadounidense. Ha desempeñado un papel principal en los esfuerzos de la Iglesia Católica para promover la reforma migratoria y es autor, entre otros libros, del titulado: Inmigración y la próxima América: renovando el alma de nuestra nación.

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