Hace algunos años en un foro académico sobre Laudato Si, la llamada “encíclica ecológica”, una distinguida académica expresó que el Papa Francisco había rebasado a la comunidad científica “por arriba” con este documento. Esa expresión me invita a reflexionar en la semana que celebramos el día mundial del medio ambiente y pentecostés a casi 4 años de publicación del texto papal.

El capítulo primero del documento es uno de los mejores resúmenes que existen sobre la cuestión ambiental, y puede ser usado como un texto introductorio de primer nivel en instituciones universitarias, fue preparado con ayuda de eminentes científicos que forman parte de la Pontificia Academia de las Ciencias.

El capítulo segundo nos permite reflexionar desde nuestra fe sobre aspectos que le dan pleno sentido a nuestra preocupación por el medio ambiente; como darnos cuenta de que somos creaturas, igual que toda la creación, con características que nos confieren una responsabilidad de cuidar el resto de lo creado.

La creación en realidad es un evangelio, una buena noticia que nos habla de Dios, de su ternura, de su misericordia y de su delicado amor por cada creatura, por cada uno de nosotros, nos manifiesta la necesidad que tenemos de los demás, de cada elemento del universo para tener armonía y paz.

La intrínseca vinculación entre el hombre, la creación y el Espíritu se expresa así: «la creación está aguardando en anhelante espera la manifestación de los hijos de Dios, (…) la creación será librada de la esclavitud de la destrucción para ser admitida a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime y está en dolores de parto hasta el momento presente.» Romanos 8, 19-22.

La degradación ambiental es una manifestación de nuestra propia degradación y de las relaciones de poder y explotación que establecemos entre nosotros, en lugar de vernos como hermanos donde la solidaridad, el servicio, y el cuidado por los demás sea lo más importante, nuestro egoísmo y desprecio por los otros se manifiesta en el poco respeto que tenemos por el resto de la creación, así contaminamos, explotamos y destruimos.

¿Cómo no dejar de señalar las contradicciones de grandes proyectos de refinación de hidrocarburos, o producción eléctrica con carbón que además de contaminar desperdician dinero, mientras se cancelan opciones de energía limpia? ¿Cómo no criticar proyectos que atentan contra la biodiversidad y los ecosistemas, y que además enfatizan la falta de respeto a la creación con un gran derroche de recursos?

El Espíritu Santo en pentecostés es el amor de Dios que se manifestó en la creación, y que se sigue manifestando en el cuidado que los humanos podemos tener por el medio ambiente, es una fuerza vital y divina que constantemente nos llama a reestablecer nuestra relación con nosotros, con las demás creaturas y con Dios mismo.

Mi experiencia académica se vio muy enriquecida por este documento hace cuatro años, sin embargo, la lectura y la reflexión desde la fe “rebasa por arriba” la dimensión profesional y me invita a la conversión, a visualizar la creación y los graves problemas que la aquejan con una perspectiva que va más allá de mis capacidades profesionales.

¡Ven, oh Santo Espíritu!

Ilumina los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

¡Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra!


DrOscarFidencioFACE2

Oscar Fidencio Ibáñez Hernández
@OFIbanez

Casado, padre de 3 hijos, profesor e investigador universitario, y bloguero. Ingeniero Civil, Maestro en Ingeniería Ambiental y Doctor en política y políticas ambientales.

Mexicano, católico, autor entre otros textos de “El Espíritu Santo en tiempos de Twitter: Documentos del Concilio Vaticano II para tuiteros. Celebrando el #AñoDeLaFe”

Admirador de la Creación en todas sus dimensiones. Nací en La Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte (Hoy, Ciudad Juárez, Chihuahua).

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