Dos sacerdotes presidieron la entrada de su cuerpo a la Iglesia, seguidos por ocho pequeñines, sus nietos, que portaban flores blancas y el candor de su inocencia. Después, su féretro empujado por su marido, seguido de sus hijas y cerrando el cortejo, sus dos hijos y nueras. Quienes conocen el templo de San Felipe en Chihuahua, saben que es uno de los más grandes, a pesar de la premura con que se convocó y siendo un horario entre misas, la Iglesia estaba completamente llena. El coro, al que ella perteneció, la recibió con el canto de entrada que ella misma pidió antes de morir, «Cara a cara«.

Cuando se habla de la muerte de una santa, en realidad lo que debemos considerar es su vida. Ésta es una vida llena de servicio, sacrificio callado, larga enfermedad y frutos de amor y ternura por todos lados. En sus hijos y nietos, en su hija consagrada, en sus coros, en su catequesis, que empezó cuando ella era una niña, en los grupos de oración y biblia, en las misiones y en la pastoral de la salud de la diócesis. Por supuesto, en amigos y familiares que la conocimos. 

Una de las anécdotas que recuerdo con más viveza fueron los frutos de su primera enfermedad de cáncer, a sus 42 años. Entonces alguien le pidió apoyo para la obra salesiana que iniciaba en Juárez y ella lo que tuvo para ofrecer fue su enfermedad. Como un signo palpable, le pidió a Nuestro Señor que por cada cabello que estaba perdiendo por el tratamiento Dios ayudará a un niño de la calle. Tiempo después, en una charla con el sacerdote que había iniciado los oratorios y sin conocerse previamente, se contaron cómo cuando ella perdía su cabello los niños llegaban a montones al oratorio. El padre Gorzegno le dijo «¡Eras tú la que los estaba enviando!». 

Ésta y otras anécdotas me hacen pensar en la parábola del grano de trigo que muere para poder dar fruto. Muchas veces las enfermedades, particularmente el cáncer, son un morir poco a poco. Esta guerrera de Dios padeció 7 períodos de penoso tratamiento durante 25 años. Estoy convencido de que esa larga y lenta muerte, poco a poco, ha significado vida para muchos, más aún ahora que murió. 

Por una bendición especial, pude estar presente, junto con su esposo, todos sus hijos y nueras, en el momento en el que partió a la casa del Padre, durante la celebración de la Palabra, que presidió su primo, el padre Roberto entre cantos y oraciones. Al morir, sus bellas manos adquirieron un impresionante tono blanco que capturó nuestras miradas. El amor de Dios y de su familia la acompañaron hasta ese último momento. 

Ella fue una mujer alegre, tierna, firme, lo que le permitió evangelizar cantando, con su trato, y mantenerse fiel durante toda su vida. En su testamento espiritual, expresó su ansia por llegar al encuentro con el Maestro, una fe en la resurrección que es la columna vertebral de su vida y de su muerte. 

Siendo ella maestra, se especializó en tanatología y durante la pandemia no cesó su servicio a los demás, confortó, acompañó y enseñó a muchísimos dolientes, su trabajo tuvo impacto en toda la diócesis. Fiel a su deseo constante de alabar a Dios, meses antes de su muerte, todavía participó en el concierto Navideño, con el coro «Xiare María» (Χαῖρε Μαρία κεχαριτωμένη).

La celebración Eucarística de su partida tuvo signos especiales: en el domingo del Buen Pastor esta maestra fue al encuentro de su querido maestro; prácticamente todos los que fuimos convocados por su ejemplo, en ese templo lleno, nos acercamos a la comunión; y el coro realzó la liturgia, manteniendo un ambiente de oración y alabanza, con un clímax espectacular con la interpretación de Ave Verum Corpus.

Una vida que mostró el camino cristiano del amor, la ternura y el dolor soportado con paciencia ofreciéndolo para beneficio de los demás, ese fue el preludio para llegar a la gloria y la paz que encontraste querida comadre Martha, tu vida y tu muerte nos edifican. Ahora mi hijo tiene una madrina que aboga por él desde el cielo.

Dr. Oscar Fidencio Ibáñez Hernández

9 de mayo de 2022


Oscar Fidencio Ibáñez Hernández
@OFIbanez

Casado, padre de 3 hijos, profesor e investigador universitario, y bloguero. Ingeniero Civil, Maestro en Ingeniería Ambiental y Doctor en política y políticas ambientales.

Mexicano, católico, autor entre otros textos de “El Espíritu Santo en tiempos de Twitter: Documentos del Concilio Vaticano II para tuiteros. Celebrando el #AñoDeLaFe”

Admirador de la Creación en todas sus dimensiones. Nací en La Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte (Hoy, Ciudad Juárez, Chihuahua).

>> ver más artículos de Oscar Ibáñez

6 pensamientos sobre “La muerte de una santa

  1. Me pareció hermosisisma la manera de describir una vida llena de Dios al servicio de los demás: su vida plena, entregada a los suyos y a cuantos la llegaron a conocer, está llena de frutos. Pido que siga intercediendo por tantas personas que necesitan de Dios. Además, es un testimonio de identificación con Jesús a través del dolor llevado con tanto amor.

  2. Hola, convivi con Martita. algún tiempo como tanatologa en Pastoral de la Salud. La vida de Martita mi querida amiga, siempre me impactó y me inspiró a ser mejor persona y a profundizar en la fe, a enfrentar las adversidades y enfermedades a travez del amor en Dios. Una vez, preguntándole como hacia para no temer y sufrir el dolor de la enfermedad. me dio éste consejo: «Cuando voy a la quimioterapia le digo a Dios, nuevamente voy a ayudarte a cargar la cruz.» Esto me pareció lo más hermoso que he escuchado y trato de hacerlo cuando siento angustia o dolor. Para mí Martita, es una Laica Santa, le visité en su casa y le pedí su bendición y ahora, pido a ella su intercesión porque estoy convencida que me escucha y mis ruegos llegaran al Señor.

  3. Esos ejemplos de vida, primero nos hacen sentir pena con uno mismo y luego reflexionar de lo que estamos haciendo por luchar por nuestra salvación. Estimado Doctor Ibañez, que tu comadre Martha me ayude seguir con todo el corazón y sin miedo a Dios.
    Como siempre, excelente lo que escribes.

  4. Que hermoso escribes Oscar. Que bellisimo testimonio de vida, de fe, de esperanza y de oblación de tu comadre Martha. Edificante e inspira.dor. muchas gracias por compartirlo. Dios nos conceda la gracia de perseverar en el intento de seguir pasos como estos. Un abrazo fraterno para ti y tu familia doc

  5. Tuve el gusto de conocerla en la reunión de la tarde de San Felipe y escucharla y ella irradiaba una paz muy especial. Hermosa mujer por dentro y por fuera que es un ejemplo de vida a seguir. Estoy segura que Dios nuestro Señor y la Virgen María la recibieron con mucha alegría.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.