Encuentra.com
inicio
Contacto RSS

Untitled Document
Untitled Document

Los dos en Emaús recuperan la esperanza

Pbro. Dr. Enrique Cases
9 julio 2008
Sección: Sin categoría

La Pasión de Jesús conmocionó enormemente a sus discípulos. Ya les había avisado el Señor cuando les dijo todos os escandalizareis de Mí. Los Apóstoles habían prometido dar la vida, pero al ver a Jesús inerme e indefenso, huyen. No entienden que el Maestro no haga un milagro más o se defienda de alguna manera, en cambio se deja prender sin resistencia. No entienden a la Víctima indefensa. Y menos aún que Dios consienta que muera su Hijo. A pesar de haber sido avisados por lo menos tres veces sobre lo que iba a suceder, incluída la Muerte y la Resurrección, parece como si se diese un obstáculo en su mente para aceptar esta realidad. Oyen las palabras de Jesús, pero no acaban de creerselas. Su fe era poco sobrenatural.

Sólo María Santísima tendrá fe en todo momento. El Sábado Santo no ayuda a la mujeres para preparar los ungüentos para embalsar el Cuerpo de su Hijo; ni acude el primer día de la semana al Sepulcro para realizar aquel acto de piedad, sino que espera la Resurrección profetizada por su divino Hijo. Es la única que esperó con fe en lo que había anunciado su Hijo.

“Aquella tarde van de Jerusalén a Emaús, a pocas horas de camino de la Ciudad Santa, tristes, bajo el peso de la mayor de las decepciones: el Maestro acaba de ser crucificado como un malhechor, no había tenido ningún poder contra la muerte, y ahora todos los suyos se dispersaban sin saber donde ir. Si el único que tenía palabras de vida eterna había muerto, ¿qué iba a ser de ellos?”

“Andaban -eran dos, un tal Cleofás y otro- contándose entre sí una y otra vez todo aquel desastre, el fin de la gran esperanza. Sin duda se han equivocado, Jesús debió ser profeta, pero no el Mesías, habían entendido mal el mensaje, su muerte, un hecho tan seguro, soló podía interpretarse así”[832].

Los de Emaús son una muestra muy clara del estado de ánimo de la mayoría el día de la resurrección. Han perdido la esperanza y se vuelven a sus casas, porque su fe era insuficiente. Estan tristes, como desencantados. Cuando en aquel terrible Viernes, Jesús en vez de subir al trono de David, fue levantado sobre la cruz, sintieron sus discípulos el derrumbamiento de gran parte de sus esperanzas. Carecían entonces de la fe para pensar en las promesas de Jesús acerca de su resurrección.

Sin embargo su fe no se desmoronó por completo. Habían visto con claridad meridiana el dedo de Dios en la vida y en las obras de Jesús. En el fondo de su alma permanecían unidos a Jesús; su fe, aunque conmocionada, no había sido enteramente destruída.

Lo que verdaderamente quedó destruído y aniquilado fue la forma terrena y humana impuesta a su fe por su testarudez y miras egoístas. Esa idea de un Mesías poderoso y dominador que debía subir cuanto antes al trono de David se desvaneció a la vista de la cruz y del sepulcro sellado. Al mismo tiempo se esfumaron también las esperanzas, los ensueños egoístas que habían iluminado su presente y, más todavía, el porvenir próximo, es decir, el reino de las posibilidades humanas.

Lo que no consiguió Jesús en vida, lo obtuvo agonizante y muerto, curándoles definitivamente de su fe ingenua y pueril en un camino de Dios según la fantasía humana, alejado del camino de la cruz. En su alma se formó un vacío, quedando así espacio libre para la sabiduría divina que es locura para el mundo[833].

Los discípulos de Emaús cumplieron el descanso del sábado llenos de desaliento y desconsuelo. El domingo pudieron escuchar a las mujeres que decían haber visto a unos ángeles con anuncios de que Jesús vivía, también insistirían en el hecho de que el sepulcro estaba vacío. Pedro y Juan confirmaron que el sepulcro estaba vacío. La Magdalena, llena de emoción, comunicaría su encuentro con Jesús resucitado. ¿Qué pensar de todo esto?. No querían ser engañados y pensando que eran cosas de la imaginación de las mujeres, tan emotivas siempre, se volvieron a sus casas. No son capaces de creer en el testimonio de las mujeres. Es tan duro el fracaso de Jesús en la Cruz que no quieren volver a creer en cosas descabelladas.

Así lo cuenta Lucas[834]: el mismo día, dos de ellos iban a una aldea que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Y conversaban entre sí de todo lo que había acontecido. Eran varias horas de camino las que se tardaba desde Jerusalén hasta Emaús. Su caminar sería lento y fatigado. El cansancio unido al desánimo quita fuerzas también al cuerpo. Su conversación versaba sobre los sucesos que habían sucedido. No conocerían todos los detalles, pero sí los más importantes. ¿De nada servía quejarse de la malicia de los sanedritas, de la traición de Judas, ni de su incapacidad para defender a Jesús, o la debilidad de Pilato? El hecho es que Jesús estaba muerto. Ahora se entienden mejor aquellas lágrimas de Jesús el Domingo anterior en que había sido aclamado por el pueblo. ¿Por qué el Maestro no aprovechó aquel entusiasmo del pueblo para proclamar su realeza y restablecer el Reino de Dios que tanto había predicado? Era un misterio para ellos.

Y sucedió que, mientras comentaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos; pero sus ojos estaban incapacitados para reconocerle. Los evangelios narran muchas de las apariciones de Jesús, pero la que ahora consideramos tiene una fuerza psicológica especial. Jesús se manifiesta como un desconocido caminante que entabla conversación con aquellos hombres desanimados. Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en El [835].

Jesús actúa con gran sabiduría. No se manifiesta deslumbrante con su cuerpo glorioso, sino que quiere conseguir su recuperación poco a poco. Para ello comienza por hacerles hablar. Quiere que manifiesten su versión de los hechos sucedidos.Y les dijo:¿Qué conversación lleváis entre los dos mientras váis caminado?. Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, de nombre Cleofás, le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? El les dijo: ¿Qué ha pasado?. El tono de la conversación es amable. Están tristes y desanimados, pero no son hoscos ni se encierran en el mutismo, o en las malas maneras.

Pero una cosa son los hechos objetivos y otra como ellos los han visto. Y le contestaron: lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo. No llaman Mesías a Jesús, sino simplemente profeta, ciertamente poderoso, pero desde luego no le llaman Hijo de David, y menos aún Dios y Hombre verdadero. Estan decepcionados de Jesús. Luego cuentan cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron.

Hasta que llegan a la raíz de su decepción: Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Este es el tema. ¿Qué salvación esperaban? parece una salvación humana. Quizá se contentan con la redención de los romanos, o de los jefes políticos y religiosos corruptos, desde luego no esperaban la redención del pecado, del diablo y de la muerte, como en realidad era la redención. Por eso hablan en pasado no en presente, ya no esperan. No en vano la esperanza tiene su contenido en la fe. Si falla la fe, se pierde la esperanza. Su fe tenía elementos importantes de verdad, pero no era la fe sobrenatural íntegra en Jesús. Ahí radican sus problemas.

Alguna duda se les ha planteado con los testimonios de la Magdalena y las mujeres, pero el desánimo es tan grande que les ha producido una incapacidad para creer nada más; parece como si tuviesen miedo de volver a caer en una ilusión, y que se demuestre falsa. Por eso dicen: Pero, con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, al no encontrar el cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, los cuales les dijeron que está vivo. Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron.

Parece que un velo se ha puesto en la mente de aquellos hombres, pues si no está el cuerpo de Jesús en el sepulcro sólo caben tres posibilidades: o lo tienen los judíos, cosa impensable ya que buscan todo lo contrario; o lo tienen los discípulos, cosa que bien saben no es así; o realmente ha resucitado. Pero se aferran a que no lo han visto, como si Jesús tuviese que hacer las cosas al modo de ellos, y no al suyo.

La reacción del forastero a estas explicaciones es rotunda y debió desconcertarles, pues dijo: ¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas. Cleofás y su compañero se debieron detener al oir estas palabras. Aquel desconocido les llamaba ignorantes y testarudos. Podían enfadarse con el desconocido, pero prestan atención a aquel hombre que de una manera no agresiva,sin humillarles, pero con autoridad les increpaba de un modo fuerte.

Entonces escuchan las doctas palabras de aquel peregrino ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por todos los Profetas les interpretaba en todas las Escrituras lo que se refería a él.

La exposición debió ser larga, pero hay algo que no es fácil captar por la letra escrita, y es el tono de la conversación. Algo se puede captar cuando los de Emaús se dicen entre ellos cuando Jesús desaparece: ¿No es verdad que ardía muestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?. No habla Jesús con reproches sino con el gozo íntimo de la victoria consumada. Jesús los entusiasma, aunque al principio estuviesen fríos y reticentes; poco a poco se iría elevando la temperatura espiritual y la luz se iría haciendo en sus mentes mientras volvía el fuego a sus corazones. Jesús empezaría por los libros atribuídos a Moisés, después les haría ver la cantidad de veces que los salmos hablaban del Mesías, rey, pero también paciente, se detendría en Ezequiel y los demás; pero sobre todo el tono de sus palabras se haría intenso al recordar a Isaías cuyas descipciones del Siervo de Yavé daban la impresión de ser las de un espectador de la Pasión.

Al hilo de la conversación llegaron a Emaús por la bien preparada calzada romana, es entonces cuando Jesús tiene un detalle pequeño, pero muy revelador de como Nuestro Dios respeta la libertad del hombre. Llegaron cerca de la aldea a donde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Jesús no impone ni su compañía ni su doctrina. Si hubiesen estado disconformes o irritados con aquel forastero nada más fácil que una despedida, y nunca más sus vidas volverían a encontrarse, pero las palabras de Jesús han sembrado la inquietud y la luz en aquellos hombres, la esperanza comenzaba a aflorar de nuevo. Pero todos son conscientes de que falta algo. Ellos están a gusto con el desconocido y quieren más, se lamentarían de que hubiesen llegado tan pronto a la meta de su caminar. Y saben estar a la altura de las circunstancias, pues le dicen a Jesús: Quédate con nosotros, y dan una excusa que no descubre la verdad plena de querer estar con quien les devolvía la fe y la esperanza, por ello dicen: porque ya está anocheciendo y va a caer el día. “Una de las súplicas más conmovedoras del Evangelio, oscurece (¿quién tiene miedo a la oscuridad, los de Emaús o su compañero misterioso?), y después de aquel coloquio ambulante ahora que todo son sombras lo necesitan.”[836].

Jesús en el camino. ¡Señor, que grande eres siempre! Pero me conmueves cuando te allanas a seguirnos, a buscarnos, en nuestro ajetreo diario. Señor, concédenos la ingenuidad de espíritu, la mirada limpia, la cabeza clara, que permiten entenderte cuando vienes sin ningún signo exterior de tu gloria.

Se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos dos que -sin darse cuenta- han sido heridos en lo hondo de su corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, sienten que se vaya. Porque Jesús les saluda con un ademán de continuar adelante. No se impone nunca, este Señor Nuestro. Quiere que le llamen libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma. Hemos de detenerlo por fuerza y rogarle: continua con nosotros porque ya es tarde, y ya va el día de caída, se hace de noche.

Así somos: siempre poco atrevidos, quizá por insinceridad, o quizá por pudor. En el fondo, pensamos: quédate con nosotros porque nos rodean las tinieblas, y sólo Tú eres luz, sólo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume. Porque "entre las cosas hermosas, honestas, no ignoramos cual es la primera: poseer siempre a Dios (San Gregorio Nacianzeno, Epístulae, 212).

Y Jesús se queda. Se abren nuestros ojos como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque El vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos también capaces de emprender de nuevo la marcha -anochece-, para hablar a los demás de El, porque tanta alegría no cabe en un pecho solo.

Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre. Y Emaús es el mundo entero, porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra [837].

Este comentario espiritual es suficiente. Pero podemos añadir el texto evangélico en el cual se advierte como Jesús se va de su vista de nuevo, pero permaneciendo de una manera real y más accesible que antes, se queda en la Eucaristía. Y estando juntos en la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y se lo dió. entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. (…) Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban lo que les había pasado por el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan.

Vale la pena recordar a los discípulos de Emaús si alguna vez nos ataca el fantasma del desaliento o la desperanza; Jesús nunca nos dejará solos de una manera o de otra nos acompañará en el camino y nos hablará, pero conviene pedirle que se quede con nosotros para que su presencia se haga continua en nuestra vida.

Muchas veces Jesús utilizará nuestras vidas para que otros encuentren el consuelo y la luz en sus vidas en tinieblas. No se trata sólo de ser Apóstoles, sino el mismo Cristo que pasa por sus vidas como ha pasado por la nuestra para orientar al perdido, consolar al triste y animar al deseperanzado.


[832] Carlos Pujol. Gente de la Biblia. Los discípulos de Emaús.

[833] Cfr. Karl Adam. Jesucristo. pp165-168

[834] Lc 22,35-44

[835] Beato Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa. n. 105

[836] Carlos Pujol. Gente de la Biblia, Los discípulos de Emaús.

[837] Beato Josemaría Escrivá. Amigos de Dios. nn313-314

Comentarios
13 Comentarios en “Los dos en Emaús recuperan la esperanza”
  1. hania Dijo:

    esta lectura lleno de gozo mi corazon, y que bueno es saber que jesucrito a resucitado, y que despues de haber sufrido por culpa nuestra tadavia nos ama, pero mucho mejor es saber que resucito en nuestros corazones, es necesario reconocer a jesus, como nuestro consolador, nuestro salvador, los discipulos de emaus, que al reconocerlo les volvio la fe, la esperanza, asi debemos reconocerlo. gracias JESUCRITO por su infinita misericordia, por tu amor , y bondad. como ya lo dije me emosiono mucho esta lectura ya que en el pais donde vivo, formo parte de una pastoral llamada Emaùs.

  2. Adelino Dijo:

    Un commento molto bello e interessante per la nostra vita di fede……ti lo mando perch´in qualche momento tu possa dedicare qualche minuto per meditare le cose di Dio, saluti cari Ceci

  3. Miryam Torres Dijo:

    se llena de gozo mi corazón al comprender que por duro que sea nuestro corazón y escaso nuestro entendimiento, siempre podemos contar con la compañia amorosa de Jesucristo,de verdad que es reconfortante saber que tu siempre nos amas,nos perdonas y nos buscas.

  4. Daniel Dijo:

    emaus

  5. Arturo Dijo:

    Alabado seas mi Dios. Porque nos has enviado a tu hijo Jesucristo, que es la Luz del universo. Con su llegada, ha roto las tinieblas de nuestros corazones y en este valle de lagrimas, Tu nos has enviado el consuelo, para nuestras penas. Todos los dias, nuestras vidas transcurren en un largo peregrinar, por los Emaús de la vida, y la inseguridad, el temor, el desconsuelo en nuestras almas, amenazan con perdernos, y nos sentimos frágiles e indefensos ante las tinieblas de lo desconocido; sin embargo, cuando abrimos lo suficiente, los ojos de nuestros corazones, nos damos cuenta que ahì estas Señor, rey del Universo, Dios único y Verdadero, lleno de Amor para consolarnos, para protegernos y guiar nuestro destinos. La alegría en nuestros corazones, cuando nos sabemos cerca de tí mi Dios, ha de ser inmensa e indescriptible, porque sólo Tu llenas el desasosiego de nuestras almas, y nos haces sentir como los caminantes de Emaús: no quisieramos separarnos nunca más de Tí, mi Dios. ¡¡ Enamóranos de tí mi Dios, y haz que nuestros corazones, sólo encuentran la paz y la felicidad, cerca de Tí por siempre Señor ¡¡

  6. jairo arbe Dijo:

    excelente reflexión

  7. Rita Carmen Dijo:

    Esta lectura, me lleno de animos en los momento que mas lo necesite, gracias por recordarmela es una hermosa lectura, que llena de fortaleza ami corazon, y asi como a los apostoles me hace verlo otra vez.

  8. MARISELA Dijo:

    ALABADO SEA MI DIOS, QUE RECONFORTA NUESTRO ESPIRITU Y NO NOS DEJA SOLOS EN NUESTRO CAMINO DE EMAUS, BENDICIONES A ESTA REFLEXION PEDIMOS EN NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO LA LUZ DEL ESPIRITU PARA TODA LA HUMANIDAD.
    BENDITO POR SIEMPRE, NUESTRO COMPAÑERO EN EL CAMINO DE EMAUS …..Y TE VOLVEMOS A SUPLICAR ” QUEDATE CON NOSOTROS , PORQUE YA ESTA ANOCHECIENDO Y VA A CAER EL DIA, ” Y ENTONCES ENTRO CON ELLOS Y AHORA CON NOSOTROS…… Y ESTARA CON NOSOTROS HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS!!!!

  9. JUAN JOSÉ Dijo:

    ¡¡¡GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR!!!
    NO CABE DUDA QUE EL AMOR QUE DIOS NOS PROFESA REBASA CUALQUIER BARRERA, AL GRADO DE OFRENDAR SU VIDA PARA LA REDENCIÓN NUESTRA.

    BENDITO SEAS POR SIEMPRE JESUS.

  10. alexandra quispe Dijo:

    gracias por la lectura, me llena de esperanza y fortaleza para mirar adelante y ser feliz, haciendo feliz a mi prójimo.

  11. Pablo Vega Dijo:

    que interesante es esta historia que nos enseña que así como en los caminantes de Emaús , nosotros también en nuestro duro caminar por la vida , muchas veces decepcionados , abatidos y sin esperanza , debemos de pensar que Jesús siempre esta con nosotros , aunque no lo veamos y tal vez confundidos con el diario vivir el siempre esta con nosotros acompañándonos , gracias Señor por tus enseñanzas y por llenar mi corazón de Fe y Esperanza

  12. Juan carlos García Monsalve Dijo:

    Jesucristo ha resucitado………..En verdad resucito

  13. Beatriz Johnson Dijo:

    Unos de mis favoritos pasajes debido a la riqueza del mismo pasaje, ver primero la perdida de la esperanza,luego al Señor que llega a hacernos notar que El cumple sus prmesas, dio que resucitaria y lo hizo. !Gloria a su Nombre !!.
    En el pasaje ver como el Señor restaura nuestra relacion con El llenandonos nuevamente de fuerza para continuar adelante en nuestro camino a Emaus, caminando a nuestro lado para asegurarnos un final feliz y hacer que siempre recordemos que no caminamos solos el camina a nuestro lado en una relacion personal e intima para que ya no estemos mas solos.
    TODA LA GLORIA TODA LA HONRA Y LA ALBANZA SEAN DADAS A EL…JESUS VIVE




css.php