Biografía de Vasco de Quiroga

Encuentra.com
Pablo Arce Gargollo

Vasco de Quiroga (Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1488 – Pátzcuaro, México, 1565) Abogado, Oidor en la Nueva España y primer obispo de Michoacán.

Vasco de Quiroga, mejor conocido como Tata Vasco, nació en Madrigal de las Altas Torres, una de las villas más renombradas de Castilla la Vieja en la España del siglo XVI, lugar donde también nació Isabel la Católica. La estirpe de los Quiroga asienta sus raíces en Galicia. En su linaje, de origen noble, destaca su actuación entorno de la Orden de San Juan de Jerusalén, en la que varios familiares, incluido su padre, ostentaron cargos importantes a lo largo de los siglos.

Estudió la licenciatura en cánones en la Universidad de Salamanca, donde adquirió un profundo humanismo cristiano. Trabajó para la corte del rey Carlos I, en diferentes encomiendas, entre otras, fue juez de residencia en Orán, norte de África.

Por su gran prestigio profesional el rey Carlos le ofreció un puesto de relevancia en su reino. Después de meditarlo pidió ir a la Nueva España, siendo nombrado Oidor de la Segunda Audiencia, máxima autoridad en la Nueva España. Entró a México-Tenochtitlán el 9 de enero de 1531, como integrante de la Real Segunda Audiencia, donde sobresalió por su sapiente modo de hacer justicia y el gran amor que demostró a los naturales. Se opuso a la esclavitud y logró regular las encomiendas.

Hombre de vida ejemplar, abogado con gran pasión por el derecho, y gobernante prudente, quedó muy impresionado a su llegada por la situación de los indios. Pocos meses después de su arribo a la Nueva España le escribe al rey diciendo: «hay que ver que se han quedado así pobres, que andan por los tiánguez y calles a buscar de comer lo que dejan los puercos y los perros, cosa de gran piedad de ver y estos huérfanos y pobres son tantos, que no es cosa de se poder creer si no se ve». Buscando una solución de fondo y duradera fundó unos peculiares Pueblos-Hospital, a los que les dio el título de Santa Fe, uno cerca de la ciudad de México y otro en Michoacán, en la rivera del lago de Pátzcuaro. En esos pueblos quería que aprendieran de modo práctico las bondades de vivir como los primeros cristianos, en donde tenían todo en común y primaba el ejercicio de la caridad, en especial con los enfermos, los mas pobres, los discapacitados y las viudas. Todos debían contribuir el bien común, aprender al menos dos oficios, aprender las tareas del campo, trabajar con perfección, mantener la familia unida, y establecer una relación personal con Dios.

Gracias a este tipo de vida, lograda en sus pueblos-hospital, hizo de algún modo posible la Utopía del humanista Tomás Moro que fue Gran Canciller de Inglaterra y murió mártir. La creación de ese peculiar Pueblo-Hospital no tuvo necesariamente su primera fuente de inspiración con aquella república ideal e irrealizable que imaginara el santo Canciller en la isla Utopos; más bien se trataba de una feliz coincidencia con lo ingeniado por él, aunque el texto moreano le ayudó a redactar, pocos meses antes de morir, las Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe de México y de Michoacán.

Siendo oidor acudió a la Provincia de Michoacán, con los indios purépechas o tarascos quienes habían sufrido vejaciones de parte de los integrantes de la primera audiencia y en especial de Nuño Beltrán de Guzmán, de infeliz memoria, quien había matado a su rey, Sinzicha Tanganxuan. Logró pacificarlos, sin necesidad de las armas, sino con afecto y propuestas de mejoras en su organización. Los purépechas lo llamaron Tata, es decir, padre o papá.

Intuición genial también de Vasco de Quiroga fue la de conservar parte de la organización política de los tarascos pero integrando elementos de los Ayuntamientos españoles de la época. Se atribuye a Vasco de Quiroga el desarrollo de muchas empresas familiares, ya que supo entusiasmar a los habitantes de cada pueblo para que se especializaran en algo, proporcionándoles los maestros que les enseñaron los primeros pasos en la técnica artesanal. A la vuelta de los años, cada pueblo sobresalía por una actividad que hacía cada vez mejor, le daba prestigio y le permitía comercializar productos con sus vecinos.

En la actualidad, al preguntar a muchos artesanos de dónde provienen sus técnicas de trabajo, contestan que fueron enseñadas por Don Vasco, e incluso hoy se pueden apreciar los vestigios de sus enseñanzas todo Michoacán: Uruapan y Quiroga destacan por las lacas realizadas con las maderas regionales; Paracho, por las guitarras y otros instrumentos musicales además de muebles; Santa Clara por los utensilios —hoces, azadones, hachas, candelabros— de cobre; Erongarícuaro y Jarácuaro, por los sombreros de palma y los chinchorros de mallas para pescar; San Felipe, por la herrería y cerrajería; Nurio, Capacuaro y Aranza, por los tejidos de lana; San Juan Parangaricutiro, por el tejido bordado de las colchas. La alfarería se encuentra en Tzintzuntzan, Patambán, Santa Fe de la Laguna, Capula, Piñícuaro y Guango. Pátzcuaro, sobresale por sus artesanías, el uso de la pintura con colores naturales diluidos en aceite y la pintura de mosaicos de plumas de ave —colibrí— y en madera. En Quiroga hacen bateas; Oponguio y Yotátiro elabora metates y molcajetes. Las islas del lago de Pátzcuaro y sus pueblos ribereños obtuvieron como legado del que fuera obispo de Michoacán, el perfeccionamiento de sus embarcaciones y la técnica de la malla y el chinchorro para explotar el filón, hoy casi extinguido, de la pesca del pez blanco.

Lo que realizó Vasco en aquella región puede analizarse hoy en función de las mejores teorías económicas actuales sobre desarrollo sustentable. Basta señalar cuatro aspectos. Primero: el modelo de Quiroga no era solamente económico. La viabilidad económica está al servicio de una vida más digna, más interesante y más creadora. Segundo: no limitó el desarrollo de los pueblos a la agricultura. Las especialidades que asignaba a los pueblos no eran las agropecuarias, sino las de la industria ligera: artesanías de alta densidad económica (valor agregado por kilo) que, por lo mismo, son fácilmente exportables a los pueblos vecinos o remotos. En el modelo Vasco de Quiroga, los alimentos se producen para el consumo propio o local, no para exportar. Tercero: el plan de desarrollo de Vasco favorece la especialización y el intercambio entre distintas comunidades, según el principio de la ventaja comparativa. Tiene, además, ventajas semejantes a lo que supone hoy la marca. También favorece la difusión tecnológica pues el ejemplo de los innovadores está a la vista de sus vecinos. Fomenta, además, el desarrollo de nuevos artesanos; la búsqueda de mejores mercados, así como compartir información sobre materias primas y herramientas. Un modelo así logró transformar la comunidad y la región. La especialidad actúa como un polo de desarrollo, que fue lo que sucedió con los pueblos michoacanos en el siglo XVI. Cuarto: Vasco de Quiroga es un gran generador de empleo y consigue el aumento de la productividad con poca inversión. Su impulso logra mucho trabajo y amor al oficio en múltiples unidades pequeñas de producción. Su gran capacidad para descubrir los talentos de las personas y de los pueblos, lo convirtió en un modelo de promotor social al entusiasmar e impulsar iniciativas que siguen dando buenos frutos hasta el día de hoy. El modelo humanista de Vasco de Quiroga puede ser, en el siglo XXI, la solución práctica a los problemas sociales que no hemos podido remediar.

Nunca perteneció a una orden religiosa. La afirmación es oportuna para dejar claro que fue un laico -cristiano corriente de su tiempo-, que desde esa condición fue luego nombrado, por sus virtudes, siendo laico, primer obispo de Michoacán. Mantuvo una mentalidad secular a lo largo de toda su vida y sobresalió por su mentalidad laical en el ejercicio de su profesión de abogado, juez, oidor e incluso como obispo. Desarrolló una amplísima labor pastoral, distinguiéndose por su rara habilidad para atraer a la fe a muchos miles de personas. Desarrolló una intensa labor pastoral, impartió una amplia catequesis práctica y amable.

Visionario y precursor, fundó en 1540 su seminario en Pátzcuaro, en el que convivían indios y españoles, bajo el nombre de Real y Primitivo Colegio de San Nicolás, adelantándose dieciséis años a lo que la Iglesia determinó, en el Concilio de Trento en 1556, de que en cada diócesis se instituyera un seminario. Exigió que los futuros sacerdotes estuvieran muy bien preparados en teología y fueran expertos en alguna de las lenguas que se hablaban en el territorio de su obispado, es decir purépecha, náhuatl, cuitlateca, pirinda, pame, otomí y mazahua. Ordenó a más de doscientos sacerdotes.

Parte de su labor pastoral comprendió también un Catecismo, dirigido a los indígenas, con sugerencias prácticas para su vida cristiana, en medio de su familia y trabajo, así como en su participación social. El nombre de Vasco de Quiroga está asociado a muchas obras de carácter social, pues impulsó muchas de esas instituciones. Entre las más notables se pueden señalar los hospitales de la Concepción, y las Guataperas.

Luego de una vida ejemplar, de intenso trabajo en favor de muchos, falleció en olor de santidad el 14 de marzo de 1565.

Sus restos reposan en la Basílica de María Inmaculada de la Salud, en Pátzcuaro. Ahí acuden los fieles a venerar la imagen de María Inmaculada que el Obispo mandó hacer y a pedir favores por intercesión del Siervo de Dios. Son muchos los que, luego de dar tres golpes en el mausoleo con los nudillos de su mano, le dicen: Tata Vasco, Tata Vasco, Tata Vasco, te pido…

El Papa Francisco, el 21 de diciembre de 2020, lo declaró Venerable, paso previo que podría llevarlo a ser declarado beato y luego canonizado. Algunos lo consideran como «el primer mexicano», pues logró el peculiar mestizaje, esa mezcla única que une lo mejor de los valores, usos y costumbres de las diversas etnias indígenas con el humanismo cristiano del renacimiento español. Esa mezcla perfecta es lo mexicano.

Pablo Arce Gargollo[1].
14 de marzo de 2021
456 aniversario de su fallecimiento

[1] Cfr. ARCE GARGOLLO, La vida santa de Vasco de Quiroga, Imdosoc, México, 2015; Primeros pasos del Obispado de Michoacán (1538-1545), Eca, México, 2014; Vasco de Quiroga: emprendedor y visionario social, Eca, México, 2014; Vasco de Quiroga: Jurista con mentalidad secular, Porrúa, México 2007.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *