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Santa Prisca o Priscila 

Posiblemente sea la mártir más antigua de la Iglesia, pues murió bajo el imperio del Emperador Tiberio (45-54 A.D.)

La passio -que data a lo más del siglo X- carece de verdadero valor histórico, pero es interesante leer, nos dice que Prisca era una niña de 13 años –para la ley romana, una adulta ya- que fue detenida entre un numeroso grupo de cristianos durante la persecución del emperador Claudio II (año 269). El emperador, al verla de tan corta edad, creyó fácil vencerla y la llevó al templo de Apolo para que le quemara incienso en ofrenda. Pero aunque fue abofeteada hasta que le sangró la boca, no tomó el incienso que debía ofrendar. Fue luego encarcelada en una celda rodeada de criminales que la molestaron todo el tiempo, pero eso tampoco logró abatirla. Posteriormente la torturaron quemándola con antorchas y aceite hirviendo, pero ante las protestas de la gente, el emperador mandó encerrarla de nuevo. Durante la noche recibió visitas de sus padres y parientes, que en vano le suplicaron que se salvara. Fue torturada de nuevo, quemada con grasa derretida, desgarrada con uñas de acero, azotada con cuerdas emplomadas y descoyuntada en el potro. La echaron a los leones y éstos no la tocaron, la colgaron por encima de una hoguera y no se quemó. Finalmente la llevaron a las afueras de Roma, en la Vía Ostia, y allí fue decapitada. Fue enterrada en las catacumbas de esa zona, que pasaron a llamarse catacumbas de Santa Priscila.

Las evidencias históricas

Dejando aparte el relato del martirio, que diferencia claramente a una niña mártir romana de nombre Prisca, los documentos más antiguos crean confusiones con una tal Priscila, hasta el punto de hacer creer que hay tres personas distintas llamadas Prisca: una, titular de una iglesia en el Aventino, como dice un epígrafe funerario del siglo V: “Adeodatus presb. Tit. Priscae” (Adeodato, presbítero del título de Prisca). A esta se la llama “fundadora” según los sínodos romanos de 499 y 595. ¿Sería una matrona romana?

En el siglo VIII, esta Prisca pasa a ser confundida con la mujer de Aquila, a quien San Pablo menciona en varias de sus epístolas. Este matrimonio también tenía una iglesia dedicada en Roma.

Y una tercera Prisca es recordada en los Itinerarios del siglo VIII, situada en las catacumbas de Santa Priscila –es muy probable que el lío Prisca-Priscila venga de aquí, cuando en origen son nombres totalmente distintos que simplemente se parecen-. Lo mismo hace el Sacramentario Gregoriano, recordándola el 18 de enero. ¿Sería ésta la mártir?

En cuanto a ella, ya hemos dicho que tiene una iglesia en el Aventino –en cuya “confesión” del altar mayor está ubicada la urna de madera con sus restos- y que debajo apareció una casa romana. La leyenda dice que en ella se hospedó San Pedro y se conserva una antigua pila bautismal donde bautizaba –de hecho allá hay una pintura donde aparece bautizando a Santa Prisca, la matrona romana, tenida por la mártir- pero sin ningún fundamento histórico.

A Priscila, esposa de Aquila, la inscribió Baronio en el Martirologio Romano a 16 de enero, basándose en el Martirologio Jeronimiano. Pero esta Priscila es confundida constantemente entre la mujer de Aquila y la matrona romana y “fundadora” de las catacumbas que llevan su nombre en Roma. A día de hoy, eso es un problema sin resolver.

Lo que si es evidente es que a pesar de lo infundado de su passio, Prisca la mártir, tiene su iglesia y tiene sus reliquias, así como un culto muy temprano.

¡Felicidades a las que lleven este nombre!

“No hay soledad más triste y afligida que la de un hombre sin amigos, sin los cuales el mundo es desierto; el que es incapaz de amistad, más tiene de bestia que de hombre” ( Francis Bacon).

San Liberto 

Nació en Auvernia, Francia, de familia pudiente y sin problemas económicos, Liberto vivía tranquilo a la espera de conocer su vocación.  Cultivaba la literatura.  No pensaba casarse, y por eso se quedó mudo de estupor cuando su padre le comunicó que había arreglado su matrimonio con una “joven conveniente en todos los aspectos”.  Como no quería oponerse al designio paterno, procuró retrasar la celebración lo más posible, aprovechando para pedir a Dios que acudiese en su ayuda.  Mientras tanto su padre murió.  Liberto cedió la prometida a su hermano menor, y se fue en peregrinación a la tumba de San Martín de Tours.

Conoció allí a su paisano San Gregorio de Tours, con quien trabó una amistad duradera.  Allí comprendió también que no estaba hecho para el mundo y que encontraría la felicidad viviendo en soledad.  Compró una gruta cerca de Marmoutiers, colocó dos antorchas y se consideró instalado definitivamente.  Pasó veintidós años en la caverna, rezando estudiando las Escrituras, fabricando pergaminos para ganarse el pan, recibiendo, escuchando y reconfortando a cuantos lo visitaban con el alma atribulada.  Se proveía de los libros que necesitaba a través de su amigo Gregorio.

San Gregorio nos ha dejado el relato de su muerte. Ocurrió así: el décimo mes de aquel año, Liberto enfermó.  A petición suya le llevé la Eucaristía. Sufrió una fuerte recaída a comienzos del año siguiente.  Era domingo.  En un momento dado, pidió al hermano que lo asistía que saliese de la cueva porque quería morir solo.  Y murió con la única compañía de los ángeles.

* Pidamos por que los sacerdotes y obispos sean santos, y así vayan por delante de sus fieles, arrastrándolos con su ejemplo y su entrega.  

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