Cursos

El 15 de noviembre en Baltimore, el Arzobispo José H. Gomez pronunció su último discurso ante los obispos de la nación como Presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos. Su mandato de tres años ha terminado. A continuación, se presenta una adaptación del discurso.

El desafío de desempeñar un ministerio en estos momentos es el de encontrar el modo de conservar cierta perspectiva. Vivimos en una cultura mediática, ruidosa y llena de distracciones. Y nuestra sociedad se ha movido de manera decisiva y rápida hacia un secularismo intransigente, de manera que las normas y los valores tradicionales están siendo puestos a prueba como nunca antes. Durante estos últimos tres años, he estado recordando algo que el Papa Francisco dijo: “Nuestra época no es una época de cambios, sino un cambio de época”.

Las pruebas que enfrentamos en esta época son pruebas espirituales. Hay una lucha por el corazón humano. Este cambio de época es un momento apostólico, una nueva puerta de entrada para el Evangelio. Todos los que formamos parte de la Iglesia estamos llamados a una conversión más profunda.

Todos nosotros estamos llamados a intensificar nuestro esfuerzo y a abrir todas las puertas para Jesucristo, de manera de hacer brillar su luz en todas las áreas de nuestra cultura y de nuestra sociedad, con el fin de conducir a todos los corazones a un nuevo encuentro con el Dios vivo.

No es inevitable que nuestro país caiga en el secularismo. La gran mayoría de nuestros prójimos creen todavía en Dios.

Decenas y decenas de millones de católicos sirven todavía a Dios cada día, y estamos logrando un cambio maravilloso en la vida de este país.

Nuestro pueblo católico consta de maestros y sanadores, de gente que busca la justicia y la paz.

A lo largo y ancho de todo este país, los católicos dan testimonio de esa promesa de Estados Unidos que dice que todos los hombres y mujeres fueron creados iguales, que todos somos hermanos y hermanas que vivimos bajo la protección de un Dios que nos ama.

En una de sus notas de retiro, Dorothy Day, fundadora del Movimiento Trabajador Católico, escribió: “Actualmente existe la oportunidad de que haya santos más notables que nunca antes. El mundo nunca ha estado tan organizado —en cuanto a la prensa, radio, educación, recreación— para apartar las mentes de Cristo. … Todos estamos llamados a ser santos”.

Ella escribió estas palabras a principios de la década de 1940, mucho antes de que existiera la “tecnología avanzada” y el internet. Así que entendemos que los desafíos que enfrentamos hoy en día no son nada nuevo.

Ahora, más que nunca, la Iglesia necesita de una estrategia pastoral audaz para comunicar el Evangelio, para utilizar todas las plataformas que los medios de comunicación ofrecen, para dirigir los corazones y las mentes hacia Cristo, para llamar a los integrantes de nuestro pueblo a que sean grandes santos.

Dorothy Day estaba convencida de que solo los santos pueden cambiar al mundo. Y ella tenía razón. La santidad siempre ha sido la fuerza oculta de la historia humana.

El reino crece a través de hombres y mujeres que aman apasionadamente al mundo, así como Dios lo amó. Hay una hermosa frase de la Iglesia primitiva que todos recordamos: “Los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo”.

Actualmente, necesitamos suscitar una nueva generación de santos, de hombres y mujeres en todas las áreas de la vida estadounidense.

Por ese motivo tengo puestas mis esperanzas en el ya próximo Sínodo de los Obispos, porque el Sínodo tiene que ver con nuestra vocación de amar a Jesús y de construir su reino en las circunstancias ordinarias de nuestra vida cotidiana.

En 1989, la Sierva de Dios, la Hermana religiosa Thea Bowman, les dijo a los obispos: “La Iglesia… es una familia de familias y la familia tiene que permanecer unida. Nosotros sabemos que si permanecemos unidos… venceremos… y edificaremos juntos una ciudad santa, una Nueva Jerusalén… en la que se sabrá que somos suyos, porque nos amamos los unos a los otros[i]”.

Eso es lo que debemos buscar en este momento.

Debemos recordar que estamos juntos en todo esto, que le pertenecemos a Dios y que todos estamos llamados a ser santos. Se trata de que cada uno de nosotros haga lo que Dios nos está pidiendo hacer para edificar su reino.

Lo que nos mantiene unidos, lo que nos hace uno, es la Eucaristía. A eso se debe el hecho de que nuestro Avivamiento Eucarístico sea tan importante. Abramos, pues, las puertas de todas nuestras iglesias e invitemos a nuestro pueblo a volver, a venir y ver cuánto los ama Jesús.

En la Basílica de la Inmaculada Concepción, situada en la capital de nuestra nación, están grabadas en una de las paredes de la capilla las palabras de uno de nuestros predecesores, el Venerable Frederic Baraga, primer obispo de la que ahora es la Diócesis de Marquette, Michigan. Él fue un misionero venido de Eslovenia, que amó y defendió a los pueblos nativos a los que vino a servir.

Sus palabras, escritas en esa pared, son una oración. Dicen: “Esto es todo lo que deseo: estar donde Dios quiere que esté”. Tengamos solamente ese deseo, el de estar donde Dios quiere que estemos y hacer lo que Dios nos está llamando a que hagamos.

Los pongo a todos bajo la protección del corazón de Santa María, la Inmaculada Concepción, y le pido a Dios que los bendiga a ustedes y a todas las personas a quienes ustedes sirven.

18 de noviembre de 2022

Los escritos, homilías y discursos del arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com


Archbishop José H. Gomez

El obispo José H. Gomez es actualmente Arzobispo de Los Ángeles, California, la comunidad católica más grande en USA. Es también Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y forma parte de la Comisión Pontificia para América Latina.

En su ministerio, el Arzobispo José Gómez anima a la gente a seguir a Jesucristo con alegría y sencillez de vida, buscando servir a Dios y a sus vecinos en sus actividades diarias ordinarias.

Ha desempeñado un papel decisivo en la promoción del liderazgo de los hispanos y las mujeres en la Iglesia y en la sociedad estadounidense. Es miembro fundador de la Asociación Católica de Líderes Latinos y de ENDOW (Educación sobre la Naturaleza y la Dignidad de las Mujeres).

Durante más de una década, el Arzobispo Gómez ha sido una voz clara sobre cuestiones morales y espirituales en la vida pública y la cultura estadounidense. Ha desempeñado un papel principal en los esfuerzos de la Iglesia Católica para promover la reforma migratoria y es autor, entre otros libros, del titulado: Inmigración y la próxima América: renovando el alma de nuestra nación.

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