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Conflictos conyugales: causas y efectos

Pasquale Ionata
31 julio 2008
Sección: Divorcio

Psicológicamente, los conflictos conyugales tienen con frecuencia razones relacionadas con la regresión a fases del desarrollo individual.

Psicológicamente, los conflictos conyugales tienen con frecuencia dos únicas razones, relacionadas con la regresión a dos fases del desarrollo individual: la simbiosis con la madre y el narcisismo. Por tanto, hay dos tipos de matrimonio particularmente condenados a la crisis: el matrimonio simbiótico y el matrimonio narcisista.

 

Por lo que se refiere al primer matrimonio, hay que subrayar que en la fase simbiótica el niño experimenta que él y la madre son una única realidad, y que es imposible para cada uno de ellos pasar sin el otro, en una relación de dependencia mutua. Quien, por un incidente psicológico infantil (frustraciones y carencia de gratificaciones), se quede en esta fase (que va de 0 a 2 años), al casarse, lo hará con una figura materna de la que pretenderá una dedicación absoluta e irreal. O sea, considerará a su pareja como una parte de sí mismo y sufrirá cada vez que esa disponibilidad excesiva no se dé. Hay mujeres que se ofenden por cada momento que el marido pasa con sus colegas, amigos, parientes o incluso hijos, o si el marido vuelve a casa y se pone a leer el periódico. Y también hay maridos que se quejan porque la cena no está nunca preparada cuando vuelven a casa, porque la mujer juega a las cartas con las amigas en vez de pasar la tarde con él, o porque hace su vida o se dedica demasiado al hijo, prefiriéndolo al cónyuge. Son ejemplos clásicos del modo equivocado de considerar al otro como a la madre cuando se era un bebé, ejemplos del llamado matrimonio simbiótico. En este matrimonio el simbolismo de «serán los dos una sola carne» se toma de forma literal y exagerada, y en el inconsciente de al menos uno de los dos no existe el «yo y el otro», sino una unión de los dos, o mejor, la pretendida sumisión completa del otro a uno mismo. En el matrimonio simbiótico se niega uno a reconocer que su pareja tiene un mecanismo operativo separado que funciona según un ritmo propio; es decir, existe la pretensión de que el reloj del otro coincida siempre y en cualquier situación con el de uno. El problema surge cada vez que un cónyuge dice: «Mi mujer (o mi marido) no me comprende». Esta expresión suena como un timbre de alarma: indica la pretensión de que el otro tenga que conocer los pensamientos de uno, evidentemente porque lo vive como parte de sí mismo, como alguien que debería comprender sin palabras.

 

Otro tipo de matrimonio condenado al fracaso es el contraído de resultas de persistentes exigencias narcisistas. El narcisismo es un momento del desarrollo individual (de 2 a 4 años) en el que el niño adquiere conciencia de que las necesidades se satisfacen desde fuera; por eso considera a los demás únicamente como personas que sirven para satisfacer sus necesidades. Todo ser humano experimenta personalmente el narcisismo durante la infancia. El niño goza con las frecuentes y habituales aprobaciones que recibe. El mismo goce vuelve a aparecer en la adolescencia, especialmente en los sujetos con dotes estéticas especiales.

 

Los que fanatizan este narcisismo, que a niveles medios es normal, necesitan ser amados más que amar, demostrando así una burda inmadurez. Se dan cuenta o creen tener un físico muy atractivo que les garantiza ser admirados y cortejados, haciendo aparentemente más fáciles y gratificantes todas las relaciones sociales. Entonces, pueden permanecer perezosamente en esta postura y escoger como estilo de vida la actitud de quien no tiene nada que conquistar sino que lo único que tiene que hacer es dejarse conquistar. Por algo la palabra se deriva del nombre de un personaje mitológico de la antigua Grecia, el joven Narciso, que, enamorado de sí mismo, quería admirar su imagen reflejada en una fuente.

 

Desgraciadamente, muchos adultos se han quedado estancados en esta fase evolutiva infantil que debería ser transitoria en el desarrollo de la capacidad de relación con los demás. Y cuando se casan, buscan un instrumento más que una persona; es decir, se busca al otro no por lo que «es», sino porque «tiene» algo que sirve para compensar lagunas más o menos graves de madurez personal. Quien ha experimentado variados arrebatos, ejemplos clásicos de narcisismo fatuo, puede reconocerse fácilmente en este tipo de inmadurez, que se puede identificar con el egocentrismo más exasperado. Muchas infidelidades conyugales hallan su verdadera motivación en el haber contraído un matrimonio narcisista. Quien se queda en la fase narcisista sigue dividiendo a las personas en dos clases: buenas y malas, y seguirá buscando personas buenas, que abandonará al primer desengaño, para buscar otras nuevas durante toda la vida.

 

En la infancia, la fase narcisista cesa cuando el niño se da cuenta de que tanto las experiencias agradables como las desagradables son producidas por la misma persona; o sea, cuando recibe una bofetada de su madre, va a llorar al regazo de la madre, y en este momento nos hacemos maduros para unirnos a una persona que humanamente podrá defraudarnos, pero sin justificar por ello evasiones ni infidelidades.

 

Entre los múltiples motivos que pueden provocar crisis en un matrimonio están:

 

Expectativas exageradas: a veces esperamos y pretendemos demasiado del otro, pidiendo cosas que bastarían para hacer huir a todos nuestros amigos si nos mostráramos con ellos tan exigentes.

 

Falta de diálogo: a veces el diálogo cesa por miedo, miedo a herir o a ser heridos. Antes o después todos los esposos se preguntan: «No sé si me querría igual si tuviera el valor de decirle abiertamente lo que pienso o siento dentro».

 

Deseo de cambiar al otro: al parecer, la mayor parte de los casados empiezan a hacerlo al poco de casarse y se empeñan en modelar a la pareja según sus categorías. Y se lucha y se pelea por culpa de las mismas cualidades que nos habían hecho escoger a la otra persona. Pero cuando nos percatamos de que él o ella tienen intención de hacernos cambiar, protestamos y nos rebelamos. Sentimos que no somos aceptados por lo que somos, y, por consiguiente, nos resultará imposible poder amar con ternura y autenticidad.

 

El primer niño: a menudo el primer peligro verdadero para la paz del matrimonio llega con el primer hijo, y el test, en tal ocasión, es si la mujer (y a veces también el marido) pone en el niño todo su interés, ignorando al otro cónyuge. ¿Podrán entender los padres que la paternidad y la maternidad se pueden transmitir mientras la unidad matrimonial continúe? ¿Llegarán los padres a darse cuenta de que sólo podrán garantizar a su niño amor, seguridad, aceptación y calor humano si siguen creciendo en su amor de marido y mujer? Con la llegada de los hijos el peligro lo corre sobre todo la mujer, con el riesgo de convertirse exclusivamente en madre. Por su parte, el padre podría pensar más en cómo aumentar los ingresos mensuales que en cultivar la relación de pareja.

 

Cuando faltan las pequeñas muestras de amor: descuidar las pequeñas atenciones cotidianas una vez casados, cosas que durante el noviazgo eran la regla: detalles, palabras dulces, muestras concretas de afecto, mimos, caricias, etc. No olvidemos que el amor erótico-sexual se basa exclusivamente en la ternura; en caso contrario llegan las neurosis sexuales.

 

Cuando no ve tiene tiempo para estar juntos: los matrimonios entran en crisis porque no tienen tiempo para estar juntos, para mirarse a la cara, para hablarse, para salir juntos ellos solos. Nada podrá sustituir nunca el tiempo de estar juntos. Ni el dinero, ni los nuevos electrodomésticos, ni las joyas, ni las pieles, ni una casa más bonita, ni una cuenta bancaria más abultada, etc. podrán sustituir el tiempo pasado juntos escuchándose, amándose, compartiéndolo, etc..

 

Pero aparte de las causas de crisis, de las causas psíquicas que crean conflictos conyugales, hay que preguntarse: ¿cuáles son los síntomas más frecuentes de la crisis conyugal, los signos que nos dicen que estamos en crisis?

 

- Dificultad creciente de comunicar o, peor, no hablar nada durante días enteros.

 

- Sensación de que el amor va y viene, con días en que uno siente que ama a su pareja y otros días en que uno está seguro de no haber amado al otro nunca.

 

- Sensación de que es el otro quien pone en crisis el matrimonio, no nosotros, sino él o ella, sin duda.

 

- Nos limitamos a existir uno junto al otro, aplastado cada uno por una enorme soledad que nos lleva a la idea de la incompatibilidad y de que no vale la pena hacer nada para superar esa crisis: «¡Somos incompatibles, y basta!» Y cada cual empieza a ir por su cuenta, comunicando poco, nos vamos a nuestro rincón a cultivar nuestras aficiones, lecturas, juegos con amigos, etc.

 

- Tener dudas serias, en el sentido de que nos preguntamos si no valdrá la pena volver a empezar con otra persona, y entonces miramos alrededor y vemos gente feliz y sentimos poco a poco el deseo de otro campañero. Conocemos en el trabajo o en otro lugar a alguien que tiene nuestros problemas y nos sale espontáneo hablar con esa persona, y en un santiamén nos arrojamos uno en brazos del otro. He aquí la infidelidad, que hoy está tan de moda. He aquí la muerte del matrimonio, y el divorcio se convierte en la solución para todo. Ironías de la vida, a menudo la nueva pareja tiene las mismas características que la antigua, de la que nos hemos separado; y todo vuelve a empezar desde el principio. Muchas veces las segundas nupcias funcionan, pero puedo aseguraros que es porque nos hemos puesto a trabajar en nosotros mismos y hemos puesto en el nuevo matrimonio la comprensión que debíamos haber puesto en el primero.

 

- Luego están los problemas sexuales: el marido se lamenta de que la mujer es frígida; ésta replica que no se siente amada, etc.

 

- Por último, no olvidemos que un gran sufrimiento es buena señal en la pareja, porque mientras logremos «sufrir» significa que todavía queremos al otro, y hay un hilo de esperanza. El amor está muerto y sepultado cuando ya nada nos importa.

 

Aquí conviene decir que la esperanza es siempre lo último que muere, incluso en los conflictos conyugales.

 

Pero aparte de este detallado aunque sucinto análisis de las causas psíquicas de los matrimonios abocados al fracaso, sería útil ahora saber a qué fuentes hay que recurrir para lograr un matrimonio exitoso. Después de años de experiencia psicoterapéutica, puedo afirmar modestamente que lo que necesita una familia sana no es ni bienestar material, ni una excesiva sexualidad de los padres, ni unos hijos «majos», ni una casa amplia o apoyos externos: sólo se requiere un poco de buena voluntad para mirar con toda honradez a la cara a todas las diferencias que antes de casarse ni se soñaba que existieran. Y comprendemos que tenemos que vivir juntos y amarnos a pesar de todas las diferencias que encontramos. Durante el noviazgo se pone el acento en lo que nos une. En el matrimonio, en cambio, afloran las diferencias, a menudo de forma dramática. Hemos aprendido. es verdad, que el matrimonio no es siempre, o sólo, dos personas que avanzan cogidas de la mano; sino que es también un ir adelante juntos que requiere un gran esfuerzo para programar y compartir nuestra vida. Así se empieza a entender que es una unión que requiere mucho tesón si uno quiere que se mantenga en pie, que es necesario mirar adelante, reflexionar y dialogar. Y terminamos por concluir que el matrimonio funciona sólo si nos decidimos a hacer que funcione.

 

Un matrimonio no es nunca un bonito regalo que se entrega a los esposos al final de la ceremonia nupcial. Es algo que los cónyuges construyen con sus manos, día a día trabajando con dedicación y sacrificio. ¿De qué manera? Por experiencia puedo afirmar que dar amor sin esperar nada a cambio es el elemento esencial de un matrimonio logrado. En otros términos: se trata del amor incondicional, que a menudo se ve como algo costoso, difícil o borroso. Indicaré ahora algunos atributos del amor incondicional que merecen ser subrayados y sobre todo meditados por el lector:

 

1) «Renunciar a querer tener siempre razón». Es la única, inagotable fuente de problemas y de ruptura de relaciones: la necesidad de decirle al otro que se ha equivocado o, si se prefiere, la necesidad de tener siempre razón, de decir siempre la última palabra, de demostrar al otro que no sabe lo que dice, de imponerse como superior. Una pareja sana es una relación entre iguales: ninguno de los dos ha de sentirse equivocado. No existe un modo «acertado» o un argumento «vencedor»: cada uno tiene derecho a tener su punto de vista. Antes de negarle la razón al otro, hemos de poder detenernos a hablar con nosotros misms y decirnos simplemente: «Sé lo que pienso sobre este tema y sé que su opinión no coincide con la mía, pero no importa. Basta que yo lo sepa dentro de mí; no es necesario quitarle la razón».

 

2) «Dejar espacio a los demás». Cuando amamos a alguien por lo que es y no por cómo pensamos que debería ser, o porque nos satisface, surge espontáneo dejarle espacio. La actitud afectiva adecuada es permitir a cada uno ser él mismo. Y si eso comporta algún tiempo de alejamiento entre nosotros, entonces no sólo hay que aceptar la separación, sino facilitarla afectuosamente. Las relaciones demasiado estrechas (me refiero especialmente a los matrimonios simbióticos), destrozadas por los celos o la aprensión, son típicas de quien piensa tener derecho a imponer a los demás cómo deberían comportarse.

 

3) «Borrar la idea de posesión». Tratemos de gozar el uno del otro, no de poseernos mutuamente. Nadie quiere ser dominado. A nadie le gusta sentirse propiedad privada de otro, ni sujeto ni controlado. Todos nosotros tenemos en la vida una misión que cumplir, que resulta obstaculizada cada vez que otro ser humano intenta entrometerse. Querer poseer a los demás es, sin duda, el obstáculo mayor en la toma de conciencia de la propia misión.

 

4) «Saber que no es necesario comprender». No tenernos obligación de comprender por qué otro actúa o piensa de una manera determinada. Estar dispuestos a decir: «No entiendo, pero es igual» es la máxima comprensión que podemos ofrecer. Cada una de mis tres hijas tiene una personalidad y unos intereses propios. Además, muy a menudo lo que les interesa a ellas no tiene interés para mí, o viceversa. No siempre es fácil superar la convicción de que todos deberían pensar y comportarse como yo, pero intento frenarme y, cuando lo consigo, pienso: «Es su vida, han venido al mundo a través de mí, no para mí. Protégelos, presérvalos de actitudes autolesivas y destructivas, pero deja que vayan por su camino». Rara vez entiendo por qué ciertas cosas les apasionan, pero a menudo he conseguido pasar por alto la necesidad de entenderlo. En la pareja hay que superar la necesidad de entender por qué al otro le gustan determinados programas de televisión, por qué se acuesta a cierta hora, por qué come lo que come, lee lo que lee, se divierte con ciertas personas, le gustan determinadas películas o cualquier otra cosa.

 

Recordemos que dos están juntos no para entenderse, sino para ofrecerse ayuda mutua y realizar su misión de mejorar. Y una grandísima aportación a todo esto es el llamado «arte de la conversación», un arte que tiene cinco reglas: sintonizar el canal del otro; mostrar que estamos escuchando; no interrumpir; preguntar con perspicacia; tener diplomacia y tacto.

 

De estas reglas me parece importante detenernos en la escucha porque, parecerá raro, pero las parejas en crisis no saben escuchar; y en mi actividad profesional tengo que trabajar a menudo sobre cómo reactivar la atención y poner el acento en el proceso de escucha, pidiendo a cada uno que se concentre no en las palabras que se dicen sino en otra cosa. ¿Qué oye. por ejemplo. en la voz del que habla? ¿Está bien calibrada y suave. o es dura y agresiva? Lo mismo con el tono y la inflexión: ¿llana, metálica, monótona o excitada y contagiosa? A veces nos sorprendemos de mensajes totalmente nuevos o diferentes con respecto a las acostumbradas comunicaciones familiares, que se captan cuando uno deja de escuchar las palabras y presta atención a otros aspectos. Una actitud típica de la falta de escucha se tiene cuando se usan las siguientes palabras: «Sí,… pero». «si al menos…».

 

Me gustaría abrir un pequeño paréntesis sobre otras actitudes equivocadas en la pareja, que son las pretensiones. Por ejemplo, pretender que el otro tenga que amar a los padres y a la familia de uno. Digamos que me podría agradar que el otro trate a mi familia con respeto, pero no tiene que amarla obligatoriamente. O bien pensar que si uno te ama de verdad, tendría que saber lo que necesitas. Es lo que yo llamo «pretensiones de telepatía». por lo que quizá es útil declarar nuestros deseos de manera abierta y clara. Quien te ama de veras tiene derecho a que le pongas al corriente. Otra idea: es un error pensar que pedir disculpas lo borra todo. porque las disculpa son palabras. mientras que son mas importantes las acciones correctivas.

 

Pero volvamos a lo de saber escuchar. Todos hemos hecho la experiencia bonita y liberadora de estar en presencia de una persona tranquila que nos deja ser lo que somos, que no juzga, que no echa sermones, que se ensimisma en nuestras experiencias, que está con nosotros, totalmente presente; en una palabra, que se hace «uno» con nosotros. Pues bien, ésta es una persona que nos escucha. Si en cambio alguien empieza a juzgarnos, a darnos consejos, hay menos espacio para que surja algo verdadero e importante, quizá nuevo. En la pareja, que cada uno recuerde que la escucha debe ser pura, limpia, sin estar pensando qué va a decir después.

 

Para concluir, los signos del verdadero amor matrimonial son: aceptarse mutuamente como somos; el deseo de hacer lo que al otro le agrada; el estar dispuestos a allanar las diferencias conforme afloran; la conciencia de que se ha de construir la unidad matrimonial y no el orgullo personal y las propias razones; el esfuerzo de pensar en términos de «nosotros» y no de «yo»; la sensación de ser dos compañeros que trabajan juntos por la misma causa; la constante tensión hacia un estilo de vida que ya no es mi estilo o el tuyo, sino el de ambos, y que tiene sus raíces en un amor sobrenatural.

 

Para casarse bien, hay que ser tres: él, ella y el Amor.

Comentarios
24 Comentarios en “Conflictos conyugales: causas y efectos”
  1. RAIZA Dijo:

    me gusto el articulo muy completo en su exposicion y me ha hecho reflexionar.

  2. OSCAR BECERRA Dijo:

    ME PONE A PENSEAR Y A REFLEXIONAR LO HE IMPRESO Y PUES LO PEGARE EN LA CASA Y QUE MI ESPOSA LO LEA ELLA QUIERE DIVORSIO ESTA HARTA DE MI COMENTA MUY COMPLETO SU ARTICULO GRACIAS!!

  3. OSCAR BECERRA Dijo:

    ME PONE A PENSEAR Y A REFLEXIONAR LO HE IMPRESO Y PUES LO PEGARE EN LA CASA Y QUE MI ESPOSA LO LEA ELLA QUIERE DIVORSIO ESTA HARTA DE MI COMENTA MUY COMPLETO SU ARTICULO GRACIAS!!

  4. OSCAR BECERRA Dijo:

    ME PONE A PENSEAR Y A REFLEXIONAR LO HE IMPRESO Y PUES LO PEGARE EN LA CASA Y QUE MI ESPOSA LO LEA ELLA QUIERE DIVORSIO ESTA HARTA DE MI COMENTA MUY COMPLETO SU ARTICULO GRACIAS!!

  5. Carlos Dijo:

    Articulo muy interesante y orientador.

  6. jacquie Dijo:

    Es un articulo muy completo y me ayuda a reflexionar sobre mi reciente divorcio, extraño tanto a mi pareja, aun lo amo.

  7. alma aguilar Dijo:

    bueno para enseñar

  8. jeny Dijo:

    si todos los matrimonios nos detuvieramos a encontrar resoyestas como estas que nos orientaran mejor sobre las crisis normales del matrimonio habria menos divorcios y menos crisis. EL amor de DIos es lo escencial, porque si no tenemos amor divino como podemos expresar amor conyugal.

  9. aris Dijo:

    el articulo es muy bueno, pero no ayuda en nada si la unica que reflexiona soy yo

  10. silvia muñoz Dijo:

    Muy bueno el artículo, estoy hace 28 años en un matrimonio simbiótico, y quisiera apoyo para desarrollar las aptitudes necesarias para mejorar mi relación. Agradecería me indiquen bibliogafía.

  11. ivan vargas Dijo:

    Excelente artículo, me agrada mucho la claridad y contundencia con que se abordan los temas. Me agradaría mucho también si pueden ayudarme con recomendaciones de libros que traten el tema de conflictos en el matrimonio y como abordarlos. Gracias.

  12. Ferran Dijo:

    La comunicación es fundamental, impresionante el artículo. Gracias

  13. nayelli neville Dijo:

    muy completo el articulo, pero me gustaria si ya estoy en una crisis si todavia es posible ir tomando estos consejos y como perdonar y ser perdonados y empezar de 0

  14. Lorena Dijo:

    que buen articulo!!! de gran ayudapara las parejas hoy mas que nunca cuando es tan escaso el compromio de una donacion real en el matrimonio

  15. isolda Dijo:

    Muy interesante y completo, lo felicito, pondre en practica lo de saber escuchar y que no necesariamente tengo que aceptar y comprender lo que la otra persona opina.

  16. JAIME ALONSO PARADA Dijo:

    MUY INTERESANTE ARTÍCULO, LASTIMA QUE NO SE CONOZCA POR MUCHAS PAREJAS PARA QUE ENCUENTREN SU "ERROR" Y SE PUEDAN PONER EN CONTACTO MUTUO NUEVAMENTE Y SE RESCATE EL MATRIMONIO, SINO ES MEJO LA DISOLUCION PORQUE LA ISNTITUCION DEL MAYTRIMONIO ES PARA SER FELIY Y NO PARA GUANTAR Y VIVIR TORTURADOS Y TORTURAR CON ESTOS COMPORTAMIENTOS AL OTRO O A LOS OTROS

  17. Norma Dijo:

    EXCELENTE ARTICULO! ME ENCANTO LO VOY A COPIAR PARA MI ESPOSO PARA QUE LO LEA PUES ESTA MUY INTERESANTE. GRACIAS!!

  18. Adriana Rodriguez Dijo:

    Creo que no es sólo para matrimonios sino para novios, porque desde esa etapa hay problemas porque no somos iguales y creemos por eternas costumbres que tenemos que encontrar alguien que nos quiera como somos y casi sea idéntico a uno y sino nos frustramos o no lo aceptamos y se tardan mucho en darnos esa información. El problema es con uno mismo y no con el otro la mayor parte del tiempo.

  19. Cris Dijo:

    Excelente articulo muy interesante y real lo cual tomare en concideracion. Felicitaciones por tan acertado articulo, que tratare de poner en practica.

  20. MARYTERE Dijo:

    MUY INTERESANTE…ME HA AYUDADO Y ESPERO PODER SEGUIR PREPARANDOME EN ESTOS MOMENTOS DE CRISIS MATRIMONIAL DONDE LA INFIDELIDAD YA ES PARTE DE MI VIDA CONYUGAL Y CUESTA MUCHISIMO EL ASIMILAR QUE LE ESTE PASANDO A UNO…CUANDO UNO LO PROMETIO ANTE DIOS EL DIA DE LA BODA..:”PROMETO SERTE FIEL EN LO PROSPERO Y EN LO ADVERSO, EN LA SALUD Y EN LA ENFERMEDAD Y AMARTE Y RESPETARTE TODOS LOS DIAS DE MI VIDA..” CUALQUIER CONSEJO ME SERVIRA…GRACIAS POR ESTAR AHI…DIOS ELS BENDIGA!!

  21. Nelson Quintero Dijo:

    Tienen muy buen material para trabajar con las parejas matrimoniales

  22. Nancy Ocon Dijo:

    Gracias por estos articulos, a mi me han ayudado a entender que no debo cambiar al otro , si no mejorar yo y el saber comunicarse y no pretender que el otro tenga la bola de cristal del adivino. EL entregarse sin esperar recompensa y sobre todo tener aDios enmedio para que ayude a superar las crisis

  23. maria de fátima monteiro ruzene Dijo:

    Parabens!!! excelente! Vou utilizar tanto profissionalmente como em minha vida privada. Agradeço de coração!

  24. mario gonzalez Dijo:

    gracias por este articulo,me lo encontre sin querer en este momento de crisis que estoy viviendo se que he metido la pata pero me ha hecho reflexionar e intentare reconsiliarme muchas gracias bendiciones




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