Saber vivir la Navidad como un católico

Durante estos días santos de Adviento, los católicos nos acercamos al “misterio” del Hijo de Dios encarnado. Es un evento extraordinario que nos lleva al agradecimiento.

En estos días santos haces reflexiones espirituales, oras, y profundizas en el misterio, ante el acontecimiento maravilloso de ver a Dios nacer en la persona de Jesús.

Sin embargo, en estos días santos una nube oscura parece desencadenarse.  Hay una palpitación permanente en muchos corazones: el rencor.

Hago un alto en el camino y pienso que tenemos esperanza de sanar a tiempo. Jesús vino para dejarnos con un corazón vivificado por su divinidad y llenarnos de un “contentamiento sobrenatural” que sólo Dios es capaz de dar.

Pienso en todas esas personas que en este momento compran regalos para su familia, sus esposos y esposas, sus hijos y lo hacen con el corazón infeliz, con el corazón lleno de amargura y de cansancio o tristeza, y me pregunto: “¿Es qué su corazón se llenó hasta el tope de todo esto que no es la ternura de Cristo y se quedó tan apretado que ya no es capaz de hacer espacio para la Navidad del Corazón?”

Tú y yo somos católicos y es necesario acercarnos a la fe, despertar, vivirla. Esta es la oportunidad para fijar los ojos en ese niño recién nacido acostado en el pesebre, que vino para rehacerte como ser humano y curar tus heridas.  Pero para esto necesita que lo mires con el corazón desprendido y que creas lo que Él puede hacer por ti.

Jesús viene a nacer en tu corazón para que aprendas a vivir en paz y así regalarte la paz.

Él mismo nos dijo en Juan 14, 27: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.»

Hoy tienes la oportunidad de ir a un confesionario, pedir perdón por tus pecados que te consumen el alma y hablar ahí al sacerdote de cuando se te hizo piedra el corazón; contarle lo infeliz que eres; decirle que estas harto, que ya no puedes más que ninguno de tus sueños se hizo realidad.

Entonces tu sinceridad tocará el corazón compasivo de Jesús y tus lágrimas lo harán llorar a El de felicidad porque habrá comprobado que estás vivo. 

Esto hacemos los católicos. No hay navidad sin confesión, sin reflexión y sin apertura del corazón, sin perdonar y pedir perdón, sin amar como Jesús nos amó.

El Papa San Juan Pablo II en una ocasión preguntaba a los jóvenes: – ¿Cómo se preparan la Navidad? –

“Con la oración”, respondieron algunos.

“Bien con la oración, pero también con la confesión. Tenéis que confesaros para acudir a la comunión. Hay que hacerlo. El Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño Dios.”

Así es como se prepara el corazón para poder convertirse en la cuna de Jesús.

Yo te invito a comprar una cunita vacía, no importa que mañana sea Navidad, ésta continua hasta dos meses después. En esa cuna cada día imagina que depositas un resentimiento de todos esos que has acumulado a lo largo de los años. La cuna se va llenando de todos ellos y llegado el día hay que colocar ahí al niño: ¿con qué tipo de sentimientos quedaría envuelto ahí el niño?

Creo que hoy puede ser un gran día para ti, un día en que después de reflexionar mucho, de tener la valentía de mirarte en el espejo borroso y añejado quizá de tu corazón, quedes iluminado hasta el punto de poder ver lo que en verdad te cansa y no te deja ser feliz.

Anda, ve a confesarte y restaura tu amistad con Dios, la paz en tu corazón.

Yo deseo desde lo más profundo de mi alma, queridísimo lector católico, que esta Navidad el milagro del catolicismo se haga en ti.

Que San José, Nuestro Padre y Señor y la Virgen del Amor Hermoso estén contigo y te guarden siempre.

¡Feliz Navidad!

FIRMASHEILA

Sheila Morataya
Austin, TX
www.sheilamorataya.com
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